Un caballero que entrevista a caballeros - Cultura

Un caballero que entrevista a caballeros

Presente en la Feria Internacional del Libro el título Caballeros andantes, del periodista Luis Hernández Serrano

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

Un caballero que entrevista a caballeros. Esa podría ser la idea que une Caballeros andantes con su autor. Luis Hernández Serrano es un Quijote extraño en el periodismo cubano de la Revolución.

En medio de la chatura y los aburrimientos de que se pueda acusar al periodismo de estos años, su ejercicio nos devela que puede apostarse también en el oficio periodístico a la espectacularidad y el entretenimiento, si sabemos decidir cuándo ponernos o quitarnos la corbata.

Personaje curioso él mismo —periodista, poeta, músico, loco— y en tiempos de renovado ecumenismo, Luis debería ser honrado con algún «San»; algo así como un San Salvador de lo curioso. Los «milagros» que lo fundamentarían se recogen en libros anteriores como Penicilina para bailar el son, donde aparecen desde el primer cubano que se pinchó con el famoso antibiótico, la pionera operación de cambio de sexo en Cuba, hasta la secreta forma en que la Isla participó en la tragedia atómica de Hiroshima y Nagasaki.

Mientras nosotros nos deshacemos en quejas de la muerte de la noticia y de la entronización del llamado periodismo institucional, este caballero sigue persiguiendo, enfebrecido, palos y palitos, palabras de una «sexualidad» aterradora para el recatado periodismo de ahora.

A quienes le han acusado de no «tener estilo», ante la certeza de un periodismo construido sobre la urgencia, Luis ha respondido con altura y gracia: «tengo el estilo de no tener estilo».

Que Luis Hernández no obvia las honduras, pese a su fama de buscador de hechos entretenidos, y de que la hondura puede ser sencilla e igualmente reveladora, da fe este libro, que debe su nombre a la forma en que calificó a los de nuestro oficio el genio de Guillermo Cabrera, entre sus entrevistados.

En el texto no solo se reúne el testimonio de parte de las más encumbradas firmas del periodismo revolucionario, sino que a través de estos personajes se descubre la filosofía, la fibra humana, sentimental, política y profesional, de lo que uno de sus entrevistados —Ernesto Vera—, califica como los primeros periodistas independientes en esta mitad del planeta, y también de la Isla no menos políticamente incómoda y del mundo en que navega.

En este libro de la editora Pablo de la Torriente, Luis compila entrevistas publicadas en Juventud Rebelde a periodistas, caricaturistas, fotógrafos, diseñadores, dibujantes, camarógrafos, entre otros, para dejarnos una estampa de la historia periodística nacional y de la ideología profesional después de 1959. Algunos, la mayoría son consagrados, paradigmas diríamos en nuestro lenguaje altisonante de hoy; otros incluso estrellas fugaces —como el fotógrafo Franklin Reyes— cuyo talento sigue fulgurando desde algún espacio muy especial de nuestra constelación.

No se acerquen a estas páginas a la búsqueda de la perfección literaria o estilística, aunque por momentos no falten el vuelo y la más hermosa poesía narrativa. Aquí lo prominente son las historias humanas y profesionales, contadas con la sencillez clásica y honorable de su autor, humanidad —que vale por sí sola— y maneras de entregarse al oficio develadas sin rebuscamientos ni altisonancias.

En este libro se dice que el poeta, como el periodista, no tiene tiempo. Es de siempre y no lo es. Se dice que el periodista es el que tiene que oír y ver lo que muchos generalmente ni ven ni oyen, e informarlo con veracidad y ética en bien de los semejantes. Se dice que un periodista es ético y sincero, no se jacta nunca de un gran palo periodístico, que algún autor llama «polvo»; y que una gran noticia le cae al lado al periodista como un rayo. Si es un mal reportero ni se entera. Si es del montón, solo hace algo intrascendente. Y si es bueno, da el polvo, el palo.

Se dice que la libertad de prensa no debe ni puede ser otra cosa que el derecho del pueblo a conocer la verdad. Se dice que con el periodismo uno lo que tiene es lo mismo que cuando nos enamoramos de una mujer; no se piensa si ella nos acepta o no, el hecho es que se ama. Se dice que el humor es un arma, porque critica y desnuda al mismo tiempo, y lo hace con una sonrisa en los labios y un gran alivio en el corazón. Se dice que el periodista debe escribir desde la ética y la cultura. Que lo más importante es sobreponer el interés y el valor humano. Se dice que el periodista no aprende ni en un día, ni en un mes, ni en un año, ni en 20. Este es un oficio que lleva una vida entera. Se dice que el periodismo es sacrifico permanente y compromiso con el pueblo que nos lee y con la causa que se defiende. Se dice que para ser buen fotógrafo hay que observarlo todo especialmente, ser muy sensible ante lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, lo pintoresco y lo grotesco. Se dice que los reporteros también lloran, ante crudas imágenes que nos dan la medida de que la vida, por muy rica que sea —y lo es— puede perder toda su magnitud y su inmenso valor en fracciones de segundo.

Se dicen muchas ideas en las líneas de este libro. Y sobre todo, se grita desde sus páginas que sabemos y sentimos todo lo necesario para acabar de honrar caballerescamente al periodismo revolucionario cubano.

*Resumen de la presentación del texto en el Pabellón Cuba

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