Un artista de alto rendimiento

Juventud Rebelde conversa con Jesús Lara Sotelo, autor de la obra Lebensraum

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«La obra de Lara es un perenne descubrirse a sí mismo. Él ha hecho cierto ese sentimiento martiano de que lo que ve, sus visiones, es lo que lleva su obra y esa obra ha sido tan particular, es tan sensible, es tan próxima a esa extraña espiritualidad de los cubanos, que hace de él uno de los artistas de la vanguardia y de los hombres de la contemporaneidad de Cuba».

Lo anterior lo asegura Eusebio Leal Spengler, el reconocido Historiador de La Habana, y muchos pensarán que de seguro alaba las magníficas realizaciones en el campo de las artes visuales de Jesús Lara Sotelo. Sin embargo, se refiere a sus dotes líricas, a su capacidad para escribir, sorprender y emocionar, motivo por el cual la Uneac lo acaba de abrazar en su doble militancia, ahora que la Asociación de Escritores también lo acoge en su seno.

«A pesar de pertenecer a una generación distinta, continúa Leal, es siempre el más joven, es siempre el más atrevido. Me alegro mucho de poder situar su obra en el contexto de este mundo del arte cubano contemporáneo que es tan sorprendente para los que quieren o tratan de encontrar una verdad en Cuba. En ese contexto, Lara tiene mucho que decir y para él expresamente mi saludo y mi deseo de que tenga el mayor éxito, de que su obra sea como lo hago yo, reconocida por todos los cubanos, que su vida y su obra sirva de ejemplo y estímulo a una nueva generación de artistas, sobre todo muchachos jóvenes que ven siempre en el creador una especie de misterio, creo que, en el caso de Lara, está resuelto».

Pero después de leer uno de sus libros, Lebensraum, de próxima salida, una escritora y periodista con todas las de la ley como María Elena Llana llega a afirmar que «Lara, el hombre, desvinculado del artista, si es que eso puede darse, es fundamentalmente un cubano de nuestros días, no digo de nuestro tiempo, digo de nuestros días, lo más actual, lo más inmediato, la mayor inmediatez en el tiempo que podamos suponer, y esto no es nada simple. Porque es vivir como en medio de la historia, de un vórtice, querer escaparse y no querer al mismo tiempo, soñar la Isla y padecerla».

Y luego viene alguien tan reconocido en el mundo literario como Francisco López Sacha y lo califica como «una fuerza de la naturaleza. Es muy raro encontrar a alguien que pueda combinar con inteligencia y con sensibilidad, dos campos tan aparentemente cercanos en términos de imágenes y tan opuestos en términos de código. Lara puede ser pintor, puede hacer una instalación, puede hacer una escultura y al mismo tiempo puede traspasar o intentar traspasar los códigos de esas maneras artísticas a lo que puede significar la literatura, es decir, el tipo de literatura que él hace».

Es entonces, después de escuchar estos y muchos otros criterios, que comprendo las razones por las cuales Lara Sotelo ha permanecido tan «callado» en los últimos tiempos. No obstante, Juventud Rebelde quiere saber y él no se hace de rogar. «Cierto que ha habido un año de silencio, pero no de inactividad, porque he trabajado con la misma intensidad de siempre. Después de Irlas, una exposición muy abarcadora y con magníficos resultados en lo espiritual y material, que organicé en el Salón de los Espejos del Museo de la Revolución, paralelo a la Bienal de La Habana, retomé un antiguo proyecto que se inició con el libro ¿Quién eres tú, God de Magod? Ya desde entonces mi querido amigo Rufo Caballero, el extraordinario intelectual, me aconsejó que atendiera mejor mi obra literaria, a partir de que, me insistía, la consideraba importante, trascendente.

«Pero esperé hasta el 2015 para sentarme a pensar y a analizar con detenimiento lo que hasta esa fecha había escrito. Sobre todo, porque por lo general permanezco centrado en el presente, más que en aquello que ya se convirtió en un hecho pasado. Sin embargo, esta vez comencé a transcribir y a digitalizar mis libros, e iniciamos un profundo proceso de edición, gracias a la entrega de Alberto Marrero, premio nacional de Poesía Nicolás Guillén. Estamos hablando de una obra literaria extensa porque abarca desde 1991 hasta 2016, es decir, recorre 25 años de escritura, que iba marchando de manera silenciosa, que no secreta, de conjunto con las artes visuales, y forjándose durante todo este tiempo.

«Entonces, como puedes ver, esa supuesta “desaparición” es una especie de eufemismo, porque mi quehacer creativo ha continuado con su ritmo habitual. Simplemente cambié a otro canal: la literatura, que constituye otra manera de expresarme, y que desde 1991, en que contaba con 19 años, no he dejado de cultivar».

Vuelta a la luz

Un momento significativo en esta vuelta a la luz pública del multifacético Jesús Lara Sotelo será la presentación, el venidero 19 de agosto, del texto que concibiera con la complicidad de la notable poeta Lina de Feria, justo cuando estén al alcance de todos en la sala Villena de la Uneac los más recientes Premios David, el mismo certamen que ella ganara en su primera edición, en 1967, con Casa que no existía, compartiendo los honores con Luis Rogelio Nogueras, por su Cabeza de zanahoria.

«Hace aproximadamente dos años se nos ocurrió unir nuestras voces y realizar este proyecto. Comenzamos a escribir un libro que tenía como tema el suicidio, con título provisional La puerta falsa, pero nuestras experiencias de vida guiaron finalmente los versos. Tengo la satisfacción de que en ningún momento Lina actuó como si estuviera dándole un empujón a mi carrera. Desde el principio se trataba de compartir, de dejar a un lado ese ego que arrastran consigo los creadores para que las ideas avanzaran hacia propósitos más lejanos de lo que imaginábamos. Por supuesto que me siento honrado por haber podido materializar este sueño con una maestra de tanta calidad literaria y humana, con una poeta paradigmática de nuestra cultura».

Pero, ¿qué valoraciones tiene Lina de esa experiencia que culminó con Jesús Lara y Lina de Feria a dos manos? «Siempre he creído, asegura, que las circunstancias del escritor transitan enormemente por la posibilidad de descubrirlo. Eso es inherente a la historia de la literatura.

«En el caso de Jesús Lara tenemos una impresionante posibilidad de descubrimiento. Diríamos que el almirante Cristóbal Colón se sentiría orgulloso de descubrir nuevamente a Bariay. Yo he descubierto un enorme Bariay en el caso de Jesús Lara. Su obra está energizada, está constituida por libros que ya mantienen un nivel superior».

Y aquí llega otra noticia. Porque Jesús Lara y Lina de Feria a dos manos no será la única presentación que protagonizará el autor de Domos Magicvs y Mitología del extremo. Y es que concluyendo agosto se dará a conocer la multimedia interactiva que ha titulado Lebensraum, cuya banda sonora lleva la firma del maestro Frank Fernández, premio nacional de Música.

En lo adelante, las bibliotecas públicas y otras instituciones culturales recibirán una multimedia bilingüe, muy completa, con 13 títulos inéditos en Cuba, en los géneros de poesía y aforismos; los prólogos escritos por críticos de arte, filólogos e investigadores de la talla de Cira Romero, Virgilio López Lemus, Francisco López Sacha, Jesús David Curbelo...; poemas leídos por Omar Pérez, Alberto Marrero o el mismo Lara; entrevistas a figuras relevantes como Alicia Alonso, Lina de Feria, Eusebio Leal, Pablo Armando Fernández, Marilyn Bobes…; una galería de imágenes. Aparecen audiovisuales y otras piezas musicales compuestas a partir de la obra poética...

Acompañando la multimedia se presentará una colección de libros nombrada también Lebensraum, al partir del poemario homónimo que ahora llega, al igual que el de Lina, bajo el sello de Colección Sur Editores. Por este último tendrán que aguardar hasta diciembre. Ya luego se sumará a las propuestas de la Feria Internacional del Libro 2017.

Interrogantes

La gran interrogante es: ¿cómo puede trabajar tanto? «Sencillo: soy un artista de alto rendimiento, por decirlo de alguna manera. Me concentro en mi trabajo. Todo lo que comienzo lo concluyo. Nada se queda a medias. Siempre con una premisa: los esfuerzos son míos; los resultados, de Dios. Nunca pienso en lo que voy a obtener, ni mido mis acciones por ganancias o pérdidas, solo me entrego a la creacion. Así es como lo logro hacer. Planifico las partes fundamentales y me dejo llevar por ese proceso que es tan misterioso, tan envolvente.

«Lo fundamental es que la constancia en el trabajo no ha estado a favor del detrimento de la calidad. Velo por ella de un modo obsesivo. Cada proyecto ha sido presentado con el debido rigor artístico. Creo que se podrá constatar, por ejemplo, cuando la colección se halle en manos de los lectores. Entonces apreciarán la seria labor realizada por el editor, los correctores, los prologuistas (me siento un ser privilegiado al leer esos prólogos que me sonrojan, a partir de un análisis crítico profundo de mi obra), los críticos y lingüistas (ya veremos hasta qué punto son certeras sus               opiniones).

«En resumen, que considero que lo esencial radica en la entrega, el compromiso, la responsabilidad con que te enfrentas a tus proyectos; la honestidad, aunque sea incómoda y difícil de manejar a veces, porque todo ello significa que te apasiona lo que haces. No soy un artista que crea desde la depresión, ni desde la angustia, sino que carga con sus enormes ganas de vivir y que crea a partir de lo que le dicta su conciencia, de sus niveles de compromiso con su tiempo y con su historia personal y universal. Por tal razón siempre tengo la esperanza de que mi obra cale en aquel que la lea o la observe, que lo provoque, que lo incite a reflexionar, a preguntarse cuál es su misión en esta tierra».

—¿Se ponen de acuerdo el pintor y el escritor a la hora de crear, o se complementan? ¿Funciona del mismo modo en ti el proceso creativo frente a una tela que a un papel o una pantalla en blanco?

—Una tela, un papel, una pantalla en blanco, no ejerce ninguna presión sobre el creador si en su mente está lo necesario, lo justo que quiere decir. En mi caso es una cuestión de organización, más bien de disciplina de trabajo. No soy de ese tipo de artista que se pregunta qué hará llegado el gran momento. Cuando aparece ese instante ya he llevado mucho tiempo madurando una serie de ideas, y cuando empiezo a escribir o a pintar lo que sale de mí es el torrente completo. Es decir, no empiezo a improvisar. Mi obra, como el jazz, se permite la improvisación, pero no en el sentido de que la primera idea que se me ocurre es la que se desarrolla. Nada de eso.

Sí sucede que en ocasiones ambas líneas de trabajo se van retroalimentado una de la otra. Un ejemplo lo encontramos en la exposición de Irla, que provocó que salieran los libros Irla I e Irla II. Todo depende de la capacidad y del desarrollo intelectual que haya logrado el individuo para poder gestar y articular sus propios discursos. Aquí lo que sucede conmigo es que los medios, los soportes, cambian. A los que me preguntan no les puedo responder si me siento más cómodo con la literatura o con la plástica, porque es como decir cuál de mis brazos tendría que abandonar. No puedo elegir entre mis dos brazos. ¡Son mis dos brazos!

«El mismo que pinta es el mismo que escribe. No son dos personas diferentes, ni una sola con múltiples personalidades. Lo que cambia son las manifestaciones, porque mi obra no se ha apartado de su eje primordial: la condición humana, ya sea en la poesía y la pintura, o en la cerámica, la escultura, el grabado, la litografía, el audiovisual, la fotografía... No hay incoherencias, solo maneras distintas de ejecutar, de desarrollar esas ideas que se han ido sedimentando en mi mente».

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