Nombres eternizados de la cultura cubana

Fallecieron Juan Rodolfo Amán y Leonardo Acosta, dos prominentes personalidades del teatro, la música y la literatura nacionales

Autor:

Alejandro A. Madorrán Durán

Dos premios nacionales, Juan Rodolfo Amán, de Teatro, entre los más notables nombres de la escena lírica cubana, y Leonardo Acosta, de Literatura y de Música, escritor, músico, musicólogo, narrador y periodista, fallecieron este jueves y viernes, respectivamente, en La Habana.

Juan Rodolfo Amán, egresado del primer curso para Instructores de Teatro en 1961, inició su camino en las artes escénicas cubanas al frente de las Brigadas Covarrubias con las que dirigió Santa Camila de La Habana Vieja. En 1965 fue nombrado director del Teatro Lírico Nacional de Cuba.

A lo largo de su carrera, a la par de la actuación y la docencia, se encargó del montaje de obras de Verdi, Rossini, Gonzalo Roig, Hubert de Blanck, entre otras del repertorio universal. También fue el autor del libreto de la ópera La taza de café y de zarzuelas como Cecilia Valdés, esta última retomada en escena por Amán durante marzo y septiembre del año pasado.

Leonardo Acosta, creador polifacético y al decir del periodista Pedro de la Hoz, criatura múltiple, peleadora, de espíritu renacentista y palabra afilada, cursó estudios musicales desde joven y llegó a integrar orquestas como las de Armando Romeu, Julio Gutiérrez y la Banda Gigante de Benny Moré.

Después del triunfo revolucionario, Acosta participó en la fundación de la agencia Prensa Latina, y sin dejar de lado su pasión por la música compuso partituras para varios filmes del recién creado Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), al tiempo que se convirtió en cofundador del Grupo de Experimentación Sonora. En los años siguientes, fungió como crítico y redactor en la revista Revolución y Cultura.

Además de iniciarse como narrador en 1967 con Paisajes del hombre y como poeta con la colección de versos El sueño del samurái, dejó una extensa obra ensayística, de la cual destacan títulos como José Martí, la América precolombina y la conquista española (1974), Música épica en la novela de Alejo Carpentier (1976) y Música y descolonización (1982), que destacan también su notable desempeño dentro de la investigación musicológica.

La cultura cubana ha perdido la creación viva de ambos, pero no sus obras, las cuales permanecerán como legados imperecederos de las generaciones actuales y futuras de la nación.

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