Paisajista del tiempo y la memoria

Soy un artista contemporáneo. Todo tiene un concepto, pero no es lo que me caracteriza. La fotografía es para mí solo un medio. No soy de esos fotógrafos que toman la imagen tal cual es. Más bien la incorporo a mi obra.

Autor:

Aracelys Bedevia

No soy conceptualista, afirmó categóricamente el artista cubano José Manuel Fors, al ser interrogado sobre su obra, minutos después de que se le confiriera el Premio Nacional de Artes Plásticas 2016. Sin tiempo para procesar la noticia de que luego de varios años quedando entre los nominados, finalmente fue elegido para recibir tan importante lauro, este cubano nacido en La Habana (1954) en una familia de intelectuales, nos recibió en su casa, ubicada en un reparto conocido como el Casino Deportivo, donde también tiene el Estudio Taller.

Una obra en proceso cuelga de una de las paredes blanquísimas del espacio donde pasa gran parte del tiempo, otras, ya terminadas, confirman la creatividad siempre creciente de este genio de las artes visuales, que no admite ser encasillado ni como conceptualista (aun cuando la crítica especializada así lo considera) ni como fotógrafo.

«Soy un artista contemporáneo. Todo tiene un concepto, pero no es lo que me caracteriza. La fotografía es para mí solo un medio. No soy de esos fotógrafos que toman la imagen tal cual es. Más bien la incorporo a mi obra, igual hago con la cámara y en ocasiones hasta con el trípode. Todo con mucha soltura. Cualquier material me viene bien».

Con una timidez que desarma a cualquier periodista, pero un brillo en los ojos que revela mucho por decir, José Manuel evocó para los lectores de JR pasajes de su vida y contó que empezó a estudiar artes plásticas gracias a una tía. Luego ingresó en el Instituto de Museología de La Habana y posteriormente trabajó como museógrafo en el Museo Nacional de Bellas Artes (durante diez años).

Es difícil romper la barrera que separa del espacio exterior a este pensador introvertido que encontró en el arte la manera de comunicarse. «Mi familia era muy intelectual. Mi bisabuelo era un doctor muy prestigioso, mi abuelo un reconocido botánico, mi padre, tíos… Todos estudiaron y se suponía que yo también iba a ser científico. Pero un día le dije a mi padre que no quería estudiar más. Mi tía había sido alumna de Romañach y habló con mi padre para que le permitiera llevarme a la Academia San Alejandro. Como todavía no tenía edad para entrar, fui por la noche a estudiar. Me gradué en 1976».

Su poética se vincula a la memoria, particularmente a la familiar. Al paso del tiempo y sus efectos erosivos e inevitables sobre el ser humano. «Mi abuelo sembró en mí la pasión por la investigación. A partir de una exposición que hice dedicada a él, en el Museo Nacional de Bellas Artes, empecé a trabajar en la memoria familiar. Luego ese interés se fue extendiendo hacia el resto de la familia. No con una intención anecdótica».

Tiene este creador una marcada tendencia al intimismo y a explorar en terrenos muy próximos al entorno en que se desenvuelve. Ha creado un paisaje muy propio que explora en la memoria y el tiempo, e invita a mirar hacia el pasado sin renunciar al presente. Es Fors el primero de Volumen Uno en recibir el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Volumen Uno, exposición de la que fue parte, constituyó un fenómeno de ruptura, una conmoción para la plástica y el pensamiento artístico. Un espacio para la experimentación y el desafío. «Surgió de un grupo de amigos muy unidos, todos lo hacíamos juntos. Con mucho desenfado», recuerda.

Las obras de este maestro han sido mostradas en renombrados museos y galerías de Estados Unidos, Europa y Cuba. Ha realizado una treintena de exposiciones personales, más de 60 colectivas y participado en varias bienales. Le interesa mucho la relación entre ciencia y arte. Los atados, las cruces y los círculos están presentes a lo largo de toda su obra. Es consciente de que hasta el detalle más intrascendente puede evocar un sentimiento y hace uso de ello.

—Usted incursionó en la pintura para luego dedicarse a la instalación con elementos fotográficos.

—Abandoné la pintura porque realmente no pintaba bien. Y a la fotografía llegué por mi padre que era microbiólogo, pero tenía un laboratorio en la casa, y también por Rogelio López Marín. Mis trabajos son muy personales. Uso materiales poco sofisticados, recuerdos antiguos de la familia, cartas, fotografías, gafas, cofres…, objetos de desecho y de la naturaleza. No me complico mucho.

—¿Por qué centra gran parte de la obra en la naturaleza?

—Crecí entre árboles, libros, dibujos. Homenaje a un Silvicultor (1985) la exposición que dediqué a mi abuelo (padre de la silvicultura cubana), marcó el inicio de este viaje por la memoria y el paso del tiempo. Luego surgieron otras series como Retratos y Atados de memoria, en las que evoco también la historia familiar.

«Hace unos años hice una muestra en la Casa de las Américas (Las cartas), dedicada a explorar el vínculo que se establece a través de la correspondencia».

—¿Por qué reflexionar sobre el tiempo?

—Es parte de mi mundo interior. Me muevo entre las cosas que conservo, entre objetos que acaban hallando su espacio en mi obra. Pocas veces me interesa algo más allá de mi casa, que es mi pequeña patria. En ella suelo encontrar todo o casi todo lo que necesito para crear.

Otros detalles

La seriedad y rigor con que José Manuel Fors asume la creación le ha permitido consolidar una carrera exitosa desde hace más de tres décadas. Piezas suyas están en colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes, Cuba; Museum of Comtemporary Art, Los Ángeles, Estados Unidos; Casa de las Américas, Cuba, y otras. Entre los reconocimientos que ha recibido a lo largo de su carrera figuran la Medalla de Oro en el 49 Salón Internacional de Fotografía de Tokio, Japón, en 1989, y el Premio de la Bienal de la Vasija de La Habana, en 2011. Recibió en 1999 la Distinción por la Cultura Nacional. El Premio Nacional de Artes Plásticas 2016 le será entregado a finales de noviembre, en ceremonia que se efectuará en el Museo Nacional de Bellas Artes.

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