La creación es una necesidad imperiosa

«Escribo cuando las ideas me torturan y, aunque pueda aparentarlo, no soy una mujer que tenga por disciplina sentarse a componer una canción», explica Liuba María Hevia, quien estrenará este 12 de mayo su nuevo fonograma Vidas paralelas

Autor:

Alejandro A. Madorrán Durán

Los más de 30 años de carrera artística de la cantautora cubana Liuba María Hevia confirman su pasión por la música y la fidelidad de un público enamorado de la melodiosa voz y las poéticas canciones de esta artista habanera, quien encontró en la canción trovadoresca el terreno más fértil para sus sueños.

La autora de temas como Luna de abril y Travesía mágica comenta que creció escuchando a Silvio, a Pablo y al español Juan Manuel Serrat; y que tal vez su música sería diferente si su vida no hubiera estado marcada por la nueva trova, género musical que, si bien nunca ha estado en contacto directo con la moda, constituye un referente ineludible para los cantantes y compositores cubanos.

Esta artista, que se dio a conocer en el concurso de televisión Todo el mundo canta, se pregunta si muchos jóvenes no se estarán perdiendo parte de su cultura musical al dejarse llevar por esas modas que tienen «un rostro joven y que padecen, casi siempre, de una muerte rápida».

«Es un fenómeno global que la tecnología propicie que se siente cualquiera frente a una computadora y que pueda colocar tres notas, afinar la voz con ese aparato, incorporar un ritmo que la gente quiere escuchar, y ya esté haciendo música, si se le puede llamar así», explica.

También reconoce las cosas fabulosas que se han hecho con las nuevas tecnologías, como la música experimental y la electrónica; además explica que no es solo la academia lo que define a un verdadero músico, pues muchos compositores cubanos de formación autodidacta han dejado una obra establecida.

«La creación musical debe ser un reflejo del arte», defiende Liuba, quien como gran melómana se declara estar siempre a la espera de sorprenderse con las nuevas propuestas, y también por descubrir canciones que hayan quedado en las estelas de los grandes movimientos y autores.

«Mi pasión por la música comenzó cuando era una niña. A los ocho años aprendí a tocar la guitarra con una amiga. También me gustaba cantar en el coro de la escuela. Siempre dije en mi casa que iba a ser cantante, aunque en mi familia nadie se hubiera subido nunca a un escenario».

—¿Cuándo decides que quieres dedicarte a la música?

—Siempre tuve claro que ese era mi camino. Fue tanta mi insistencia que mi madre logró convencer a un reconocido profesor de guitarra de apellido Gullón, ya retirado, para que me diera clases. También aprendí con un zapatero de la fábrica Amadeo, quien tocaba muy bien la guitarra popular. Esos dos estilos tan diferentes marcaron mis primeras lecciones.

«Después tuve la suerte de participar en el programa Todo el mundo canta, y comencé a relacionarme con el Movimiento de la Nueva Trova. En los 80, me vinculé al Conjunto Artístico de las FAR, que solía unir en sus espectáculos diversas manifestaciones del arte. Ese concepto de representación donde confluyen la plástica, la danza, el teatro y la música, marcó mi manera futura de proyectar mis conciertos y presentaciones».

—¿Cuándo llegas a la canción infantil?

—La canción para niños comenzó en las reuniones con los amigos en mi casa, donde cantábamos canciones de Teresita Fernández y de la argentina María Elena Walsh.

«Después conocí a Ada Elba Pérez, quien además de ser poeta, tocaba muy bien la guitarra y el piano, y resultó para mí un hallazgo fabuloso. Ella escribía canciones infantiles y después me las enseñaba para que yo las cantara. Así nacieron temas musicales como El trencito y la hormiga, Señor Arcoíris, El cangrejo Alejo, El despertar.

«Ada Elba fallece muy joven, con solo 30 años, y deja grabadas en un casete algunas canciones inconclusas, con letra y música, que después yo termino, como es el caso de Estela, granito de canela y Travesía mágica».

—¿Qué representó Teresita Fernández en su carrera?

—Es mi modelo de trovadora. Uno de mis paradigmas junto a Marta Valdés y María Teresa Vera. Desde niña trataba de verla tocar. Recuerdo que mi madre me llevó dos veces a su peña de los domingos en el parque Lenin, y también durante mi infancia la pude escuchar otras veces en mi barrio. Me gustaba no solo su música sino lo que decía, su persona artística, su coherencia. Con el tiempo tuve el privilegio de descubrir que ella era uno de esos seres irrepetibles, y que aún se desconoce, tristemente, gran parte de su obra.

—También has desarrollado la música campesina. ¿Cómo llegas a esta?

—Nací en La Habana de casualidad, porque mis padres eran del campo. Mi madre, que era una gran melómana, ponía música todo el tiempo en la casa. Escuchábamos la radio, música clásica y también campesina; en aquel tiempo estaban vivos los repentistas legendarios Justo Vega y Adolfo Alfonso, y también la gran Celina González.

«La oportunidad para hacer esa música llegó junto a mi cuarteto de cuerdas en el Conjunto Artístico de las FAR, cuando teníamos compuestas un gran número de guajiras y se dio la ocasión de grabar en Radio Progreso, gracias a Mirta Rubio.

«Lo novedoso de esa experiencia fue que al grupo inicial compuesto por un tres, un laúd y una guitarra, agregamos también un violín y un cello, y aquello, aunque insólito, resultó agradable para la gente.

«Esos años representaron la etapa febril de la juventud, donde experimentamos con la música sin ponerle nombre a lo que hacíamos. Ya quizá cuando se tienen otros estudios, uno piensa más en los detalles y las teorías. Lo bueno de la creación inconsciente, aunque también abogo por la cultura del conocimiento, es que uno no se pone límites, y de manera general la creación necesita de ese estado de inconsciencia profundo».

—¿Qué inspira a escribir a Liuba?

—Escribo cuando las ideas me torturan, y aunque pueda aparentarlo no soy una mujer que tenga por disciplina sentarse a componer una canción y esperar a que las musas bajen. Creo en la necesidad de expresar algo, aunque en ocasiones también he asumido obras por encargo para la radio, el teatro y la televisión.

«Otras canciones las escribo y las guardo. Y mis amigos, a veces, me critican por eso; pero creo que todo lo que uno hace no tiene necesidad de cantarse, porque uno tiene que dar lo mejor al público cuando hace este tipo de trabajo».

—¿Se impone límites cuando compone música para el público infantil?

—Contrario a lo que muchas personas piensan, con los niños se tienen más libertades. En lo personal, trato de no minimizar ni de hacer esquemas o códigos de los cuales los niños se dan cuenta y se molestan mucho.

«Considero que el buen uso del idioma se debe emplear para todo tipo de público. No se puede bajar el nivel, porque los niños, a veces, lo suben más que nosotros, quienes con el tiempo podemos descuidar eso. Trabajar para los pequeños es un reto constante, porque ellos son sinceros si quieren decirte que no les gustó un concierto o una canción. Hay quienes tienen pánico de actuar para los niños».

—¿Qué nos propone en su más reciente disco Vidas paralelas?

—En este nuevo volumen, que es casi una antología, canto a dúo junto con algunos de mis más queridos trovadores como Silvio, Pablo, Amaury Pérez, Carlos Varela, Polito Ibáñez, Niuska Miniet y Frank Delgado, entre otros.

«Y como los compositores hemos tenido el privilegio de ser cantados por grandes intérpretes, también tengo el placer de actuar en este disco con artistas de la talla de Beatriz Márquez, Ana Belén, Ivette Cepeda, Maridalia Hernádez, Issac Delgado y muchos otros artistas cubanos e internacionales.

«Este álbum, que pensamos presentarlo el 12 de mayo en Casa de las Américas, es un poco más de lo que soy, solo que paseándome con mis queridos amigos. Por eso me gustó el título Vidas paralelas, porque gran parte de la obra de esos músicos son como mi banda sonora familiar».

—Como usted refiere, esta nueva producción representa una mirada hacia su trayectoria musical. ¿El público puede esperar en un futuro nuevas canciones de Liuba?

—Pienso que sí. Aunque yo no las busco, no las provoco. No me preocupa eso. Para mí no es importante hacer una o miles de canciones. Creo, sobre todo, en la utilidad del arte. La creación es una necesidad imperiosa y no una preocupación ni una planificación. Estamos hablando de las cosas del alma.

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