Una ceiba llamada Joel James

Ahora que Santiago de Cuba ha estrenado julio con las luces del Festival del Caribe, su  pensamiento se aviva en el rescoldo

Autor:

Reinaldo Cedeño Pineda

Él nos hizo mirar al Caribe de otra manera: como espacio cultural y no meramente geográfico. Mirar al lado y mirar hondo. El Caribe como espacio de resistencia, memoria y creación. El Caribe como poesía, como creencia, como sustrato, por encima de cualquier reduccionismo folclorizante, de cualquier complejo periférico.

Lo entrevisté. Lo escuché en presentaciones, conferencias, inauguraciones. Me sumergí en libros suyos como El Caribe entre el ser y el definir, Vergüenza contra dinero y José Martí en su dimensión única. Ahora que Santiago de Cuba ha estrenado julio con las luces del Festival del Caribe, el pensamiento de Joel James se aviva en el rescoldo.

El Festival del Caribe prohijó, a comienzos de los 80, la Casa del Caribe, institución que encabezara durante muchos años. El Festival ¿hermosa obra colectiva? marca un parteaguas, al articular una revaloración del aporte popular al cosmos espiritual de Cuba (y más allá).

«La cultura popular tradicional se hace y se rehace a sí misma en virtud de los impulsos anónimos de hombres y mujeres, también anónimos, de los pueblos (…) esto constituye un milagro y al mismo tiempo constituye un misterio (…)», apuntaba.

Esa capacidad no solo para la exégesis, sino también para la práctica; para jerarquizar la cultura popular tradicional como reservorio de la independencia, para construir una plataforma que la visibilizara en su justa dimensión, resulta un aporte monumental a la cultura cubana y constituye columna vertebral del quehacer de Joel James.

Podía hablar sin muchos afeites, podía sacar incluso una saeta del carcaj; pero sus argumentos había que escucharlos. Una robusta obra ensayística, investigativa, narrativa, organizativa, filosófica y revolucionaria le respaldaba.

En más de una ocasión se refirió a aquellos que se repliegan y prefieren no meterse en nada, a las «asechanzas foráneas» y a «las excrecencias propias». Poseía una alta capacidad para aunar voluntades y detestaba la simulación. Participó en las luchas contra la dictadura de Batista; es más, diría que nunca se quitó sus botas de combatiente.

El pensamiento de Joel James brilla con intensidad en Vergüenza contra dinero, ensayo publicado por vez primera en 1996. El libro retoma la consigna de Eduardo Chibás y el Partido Ortodoxo, y hunde sus análisis en la Cuba contemporánea, la ética, la economía, los peligros contra la nación. No es posible ignorar sus palabras:

«¿En cuáles honduras de nuestra personalidad histórica, de nuestro tejido social (…) se agazapan, como inadvertidamente durante prolongadas etapas para luego saltar alevosamente, la corrupción, el atropello, la autoridad envanecida, el nepotismo, el amiguismo, el benificio personal a ultranza y sus congéneres cercanos e inevitables: el divisionismo, el intervencionismo y el anexionismo?».

A Aníbal Joel James Figarola (1942-2006) le procuraban escritores y artistas de renombre mundial, lo mismo que ilustres desconocidos, santeros, su gente de los grupos portadores de la tradición. Habría que estudiar su pensamiento, hacerlo flamear. Su producción intelectual no hay que buscarla solo en sus letras, sino también en la estirpe. Joel James era una ceiba. Se le extraña.

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