El legado de Ñico es para los tiempos

Cuando se menciona el nombre de Ñico Saquito, la gente recuerda enseguida María Cristina; Cuidadito, compay Gallo; Chencha la gambá; Al vaivén de mi carrera. Pero Ñico compuso más de 500 canciones, muchas de las cuales fueron interpretadas por las principales orquestas de Cuba y de otros países

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

A cualquiera que conozca el significado de Ñico Saquito para la cultura cubana (porque decir Benito Antonio Fernández Ortiz de seguro lo iba a confundir), le hubiera parecido una locura que por más de tres décadas permanecieran guardadas las canciones que su hijo Antonio Fernández Arbelo le grabara en su lecho de muerte, en el hospital donde era cuidado. Por fin se hizo la luz en el 2016, cuando el nieto del gran bardo, Alejandro Fernández Ávila, logró interesar al empresario suizo Eric Niésor, quien, consciente de la joya que le caía en sus manos, se encargó de inmediato de la producción general y ejecutiva de lo que se convirtió en De mi viejo Santiago, ganador del Premio Cubadisco en la categoría de Archivo y Compilación, justo en este 2017 en que se cumplen 35 años de la desaparición física (4 de agosto de 1982) del autor de María Cristina y Cuidadito, compay Gallo.

«Era un sueño largamente anhelado por toda la familia, pero mi padre no vivió para verlo hecho realidad», cuenta a JR Alejandro, con sus 29 años el más joven de los seis nietos de Ñico, y quien decidió recibir con orgullo el batón que le entregara el autor de sus días.

Alejandro Fernández Ávila. Foto: Cortesía del grupo

«Mi papá le presentó el proyecto a varias casas discográficas, mas parecía que entonces no era el momento adecuado, como si el legado de Ñico no fuera para todos los tiempos. Es evidente que ahora los astros se alinearon, porque Niésor logró alquilar los Estudios Siboney y en cuanto contactamos con Ecos del Tivolí por medio de Antonio Barbarú, voz líder y encargado del babybass en el septeto, los muchachos acogieron la idea como si fuera suya.

«Cuando ya estuvo listo le presentamos el producto a la Egrem, que de inmediato se interesó y lo licenció por sus muchos valores: obras inéditas, Ñico cantando a capella, una agrupación que pertenece al catálogo de excelencia de la Agencia Son de Cuba... En lo adelante el respaldo de este reconocido sello ha sido total. Lo mejor es que pretende seguir trabajando con la obra de mi abuelo, porque existen muchas canciones sin publicar todavía y otras que, aunque han sido tocadas, a veces no se sabe que él es el autor.

«No olvidemos que quien grabara para RCA Victor, Panart Record, Columbia... era, sobre todo,un notable compositor, dirigió varias agrupaciones en las que tocaba las maracas o por momentos el bajo, pero no se desempeñaba como cantante propiamente dicho. Cuando se menciona su nombre la gente recuerda enseguida María Cristina, Cuidadito, compay Gallo, Chencha la gambá, Al vaivén de mi carrera, pero Ñico compuso más de 500 canciones, muchas de las cuales fueron interpretadas por las principales orquestas de Cuba y de otros países.

«Son canciones todas que poseen total vigencia, como si las hubiera compuesto ayer mismo en La Habana, en Picota No. 807, donde vivió cuando regresó repatriado de Venezuela por sus actividades políticas», dice con pasión Alejandro, quien se ha responsabilizado con estudiar, conservar y difundir tan importante patrimonio.

«No lo llegué a conocer, pero mi papá no se cansaba de contarme anécdotas que me mostraban cómo era, su carácter, sus angustias y desvelos... Asimismo he tenido la oportunidad de leer las cartas que les escribía a sus amistades, a la familia, a través de las cuales he ido completando la imagen de mi abuelo, en lo cual también me han ayudado sus canciones. Poseo muchos originales, y con frecuencia estos temas expresan el sentir de sus creadores, cómo piensan, viven... Mi abuelo tenía además la costumbre de anotar la fecha y el lugar donde se hallaba cuando le salía la inspiración, es decir, que he podido ir siguiendo como su ruta de vida».

En el álbum De mi viejo Santiago, conformado por dos CD: Ñico Saquito canta a capella y Desde Cuba Ecos del Tivolí canta al maestro Ñico Saquito, aparecen 12 piezas de las cuales nueve jamás se habían editado, «el resto es de corte político, de las 21 que se grabaron en el hospital; hacen una cronología de la historia de la Revolución cubana: la crisis de los misiles, la zafra del 70, la muerte del Che (también de Allende), el éxodo del Mariel..., como un verdadero cronista de su época.

«Él fue un compositor muy crítico con los gobiernos de turno. Al vaivén de la carrera, que escribió en el período del tirano Gerardo Machado, constituye un referente de la canción protesta en Cuba y Latinoamérica. En los archivos que guardamos con esmero aparece retratado junto a Silvio Rodríguez, por ejemplo.

«La suya es una obra impresionante y extensa. No creo que vaya ni por la mitad en mis indagaciones, porque sus creaciones quedaron registradas por diferentes disqueras, mientras muchos artistas le cantaron. Por eso me cuesta culminar la investigación, porque casi todo lo debo buscar en internet para dar con los coleccionistas, las personas que lo compilan, porque están conscientes de que forma parte esencial de la historia de la música en la Isla.

«Soy un ratón de emisoras, pero en ellas apenas existe música que ya no tenga. Senén Suárez, quien participó como guitarrista en una de sus agrupaciones, Los guaracheros de Oriente, y conocía muy bien su labor, me ayudó tremendamente», refiere Alejandro, quien anda superfeliz desde que conoce que un porciento de la ganancia que resultará de la comercialización del fonograma se destinará a la creación de un centro cultural en Santiago de Cuba para la promoción, rescate y conservación de ese tesoro que lleva la firma del genial Ñico Saquito.

Desde Cuba canta Ecos del Tivolí

No hubo que hacer labor de convencimiento para que la tropa que conduce desde 1996 Jorge Félix Cambet Torres, se enrolara con contagiosa entrega a la grabación de temas como Esto sí es un son cubano, Yo sé que tú me odias, Sacrificio de amor, Tu decisión, La abeja loca, Quién será ella...

«Alejandro quería que las canciones interpretadas a capella por Ñico fueran musicalizadas por el septeto. Los arreglos los asumimos de manera colectiva, con una participación muy destacada de Adonis Bandera, quien toca las congas. Nos propusimos que cuando se escuchara el CD se pudiera realizar un recorrido por los diferentes géneros de la música cubana», explica Cambet.

«Con el maestro Jorge Luis Pujals, de los Estudios Siboney, como productor musical, y Máximo Espinosa Rosell como grabador y encargado de la mezcla y la masterización, concebimos un álbum muy variado, pues pasa por el son, la guaracha, el guaguancó son, la conga, el bolero trova... Cuenta con dos invitados muy especiales: Griselle Gómez, del Orfeón Santiago, en En mi viejo Santiago; e Inocencio Heredia, más conocido por Chencho, cantante del Septeto Santiaguero, en Quién será ella, respuesta a Amarrado con P», señala el director de la agrupación, que en este 2017 arribó a su primer cuarto de siglo.

Ecos del Tivolí viene de estudiar profundamente al trío Matamoros, a partir de que Eduardo Blanco Argüelles, su fundador, los contagiara con su pasión por esos tres gigantes. «Ellos se bastaban para conseguir un sabor inconfundible, por esa manera de tocar la guitarra de Rafael Cueto, por el modo como punteaba Miguel Matamoros y por la voz segunda magistral de Ciro Rodríguez. Poco a poco su música nos fue calando profundamente.

«Nacimos como un quinteto, buscando en el fabuloso repertorio de ese trío emblemático. Empezamos montando las canciones más conocidas, tanto las propias: Olvido, Juramento, Lágrimas negras, Son de la loma, El que siembra su maíz, Mariposita de primavera..., como las que popularizaron, al estilo de la misma Cuidadito, compay Gallo, de Ñico.

«Después vino una segunda etapa en la que introdujimos una trompeta y nos transformamos en un sexteto, persiguiendo una sonoridad más fuerte que se correspondiera con la instrumentación de los “nuevos” números que habíamos incorporado al repertorio. Pero la entrada de ese metal nos obligó a fortalecer la percusión y a terminar con el formato de septeto tradicional.

«Por supuesto que con el tiempo el grupo ha ensanchado su espectro y ahora tiene sus propios autores, pero el trío sigue siendo nuestra punta de lanza, nuestra inspiración», reconoce Jorge Félix, quien no esconde su satisfacción cuando se anuncia a los cuatro vientos que De mi viejo Santiago se llevó este año el Premio Cubadisco, que tan cerca tuvieron en tres ocasiones anteriores.

«Hemos estado nominados con casi todas nuestras producciones discográficas, pues solo De Matamoros a Guillén, de 2001, no alcanzó esa alegría, contrario a como ocurrió con A Matamoros (1999), el primero que hicimos siendo un quinteto; Échale candela (2006), el tercero, que contiene los mayores éxitos del trío y lo asumimos con formato de sexteto; y Si de son se trata, que realizamos con Bis Music en los Estudios Eusebio Delfín, de Cienfuegos, en 2011, guiados por el maestro Pancho Amat, quien además participó como invitado, al igual que María Victoria Rodríguez.

«Y, bueno, finalmente trajimos tan alta distinción a nuestro Santiago, porque este premio le pertenece a nuestra tierra y a esa barriada donde nacieron esos grandes y que nos regaló el nombre; también a los Estudios Siboney y a la Egrem», señala el director musical de De mi viejo Santiago, quien anuncia que próximamente entregará Del Tivolí a Mi borinquen con la complicidad otra vez de Bis Music, pero ya llegará el momento de que JR se refiera al disco que le rendirá merecido homenaje a otro inmenso: Rafael Hernández.

Ahora todos los aplausos del diario son para el fonograma que estimula a que Ñico Saquito permanezca siempre presente, invitándonos a la emoción, espantando perennemente la tristeza, como lo pidió en esa canción, la preferida de su nieto Alejandro, considerada testamento musical del maestro, En mi viejo Santiago. Muy criolla esa manera suya de conseguir que nunca lo olvidemos: «Cántenme en mi tumba canciones cubanas, con sabor a caña, a tabaco y a ron».

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