Cuando Ángel Augier entrevistó a Charles Chaplin

Augier estaba en París, porque había ganado en La Habana un importante premio periodístico a principios de la década de 1950, que le permitió asistir a una Exposición Internacional de Artes Gráficas

Autor:

Luis Hernández Serrano

El poeta, escritor y periodista cubano Ángel Augier tuvo la oportunidad de entrevistar al actor Charles Chaplin. Fue aquel un encuentro lleno de tantas singularidades que el mismo literato caribeño, hace ya varios años, a propósito del centenario del natalicio del célebre comediante, en diálogo con la prensa rememoró y llegó a calificar como «una experiencia excepcional».

Augier estaba en París, porque había ganado en La Habana un importante premio periodístico a principios de la década de 1950, que le permitió asistir a una Exposición Internacional de Artes Gráficas. Por entonces era profesor de Tecnología del Taller de Artes Gráficas de la Escuela Técnica Industrial de Rancho Boyeros.

Era octubre de 1952, y el insuperable Chaplin visitaba la Ciudad Luz, procedente de Londres, para asistir al estreno de su película Limelight —traducido al francés como Les feux de la Rampe, y en español Candilejas— cuya premier se haría en el cine Biarritz, de los Campos Elíseos, a la que fue invitado.

Un colega amigo de Augier que residía por entonces en tierra parisina y que poseía una excelente cámara fotográfica, lo convidó a participar en el audaz intento periodístico de abordar al gran actor como reportero gráfico.

Chaplin se había alojado en el hotel Ritz, de la capital francesa. Y hasta allí llegaron los dos profesionales interesados. Recordaba Augier en una ocasión cuánto le impresionaba enfrentarse a aquel mito viviente, al héroe de tantas gestas cinematográficas: El chicuelo, Tiempos modernos, El gran dictador, Monsieur Verdoux

«Era un día típico del otoño parisino, nublado y con frecuentes lloviznas, aunque el numeroso público, bajo paraguas, llenaba la plaza Vendome para verlo.

«Desde la carpeta del hotel Ritz nos comunicaron con Harry Crockert, secretario del ilustre visitante. “Somos periodistas cubanos. Viajamos desde La Habana especialmente para entrevistar a Chaplin”, le dije, pero la respuesta fue categórica: No.

«En eso se encuentran allí con una pareja que también había salido del hotel y que conversaba en español con acento muy cubano. Eran huéspedes y de una conocida familia de la sacarocracia criolla. Aquello fue decisivo para lograr la entrevista.

«A los pocos minutos, Chaplin descendía lentamente la escalera del elegante salón de Las Tullerías.

«Llevaba un impermeable claro sobre un traje oscuro, y en la mano un sombrero de paño gris. Le acompañaba un señor que resultó ser su intérprete. Sin dilación lo abordé, le tendí la mano y le hablé en español: “Señor Chaplin, vengo desde La Habana y le saludo en nombre de sus admiradores de Cuba”. La expresión española y el nombre de la Isla lejana despertaron su interés, y exclamó enseguida, mientras estrechaba mi mano: “¡La Javana, Kiuba, beatiful city!”.

«“Míster Chaplin, ¿es posible que visite usted La Habana a su regreso a Estados Unidos?”, le pregunté, y respondió con un gesto vago que podría haberse interpretado como “¡¿Quién sabe?!”».

Especificó el intelectual cubano que entonces Chaplin no había adoptado su decisión de no regresar a Estados Unidos, ante declaraciones de autoridades norteamericanas de ponerle dificultades a su retorno.

«En ese momento, con hosco semblante, llegó el secretario Crockert para rescatar al actor del cerco que comenzaba a formarse en torno suyo y la entrevista quedó sellada con otro apretón de manos. Chaplin se alejó con pasos menudos y rápidos hacia el fondo del salón para salir por una puerta lateral rumbo a los Campos Elíseos.

«La entrevista, quizá la única hecha por un periodista cubano a Chaplin, se publicó en la revista Bohemia a finales de noviembre de 1952, con un reportaje sobre las actividades y declaraciones del visitante y sobre el éxito del estreno de Candilejas».

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