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Israel y Gaza al estilo NYT y Meta

Se ha filtrado un memorando del diario The New York Times sobre la brutal guerra genocida de Israel contra Gaza, que se distribuyó por primera vez en noviembre pasado y la dirección del rotativo lo fue actualizando periódicamente desde entonces, para «orientar» a sus periodistas sobre cómo hacer la cobertura. Es fácil deducir que entre los términos limitados o vetados están «genocidio», «limpieza étnica» y «territorios ocupados»

 

Autor:

Juana Carrasco Martín

«Di esto, no digas esto». Se ha filtrado un memorando del diario The New York Times sobre la brutal guerra genocida de Israel contra Gaza, que se distribuyó por primera vez en noviembre pasado y la dirección del rotativo lo fue actualizando periódicamente desde entonces, para «orientar» a sus periodistas sobre cómo hacer la cobertura. Es fácil deducir que entre los términos limitados o vetados están «genocidio», «limpieza étnica» y «territorios ocupados».

El memorando interno fue obtenido por la publicación The Intercept y en los encargos para los reporteros incluidos en el documento —escrito por la editora de normas Susan Wessling, el editor internacional Philip Pan y sus adjuntos—, también está evitar términos y frases como «campos de refugiados».

Charlie Stadlander, portavoz del Times, explicó y admitió a las claras que «emitir orientaciones como esta para garantizar la precisión, la coherencia y los matices en la forma en que cubrimos las noticias es una práctica habitual». Para enfatizar en su «objetividad» agregó: «En todos nuestros informes, incluidos eventos complejos como este, nos preocupamos de garantizar que nuestras elecciones de idioma sean sensibles, actuales y claras para nuestras audiencias».

Y luego hablan de otros, utilizando el sambenito de «censura» y para ellos, «libertad de prensa».

Según The Intercept, estas «cuestiones de estilo» provocaron divisiones internas en la redacción del diario neoyorquino y en sus grupos de WhatsApp sobre determinadas historias investigadas por los reporteros.

Por supuesto, la filtración «dio lugar a una investigación interna muy inusual», y varios empleados acusaron al NYT de ceder «a la narrativa de Israel sobre los acontecimientos», dijo The Intercept, que contó con una fuente en condición de anonimato dentro de la mismísima redacción del diario, aunque esa persona señaló que «no es inusual que las compañías de noticias establezcan pautas de estilo (...) existen estándares únicos que se aplican a la violencia perpetrada por Israel».

El memorando del NYT es explícito en su definición de cómo informar en este caso que ha concitado un rechazo generalizado en el mundo, aunque Israel cuente con los aliados de siempre, esos que se autoproclaman como «la comunidad internacional», el «Occidente democrático», y que una vez más muestran su complicidad con el sionismo. De esta manera afirma el documento orientador: «La naturaleza del conflicto ha dado lugar a un lenguaje incendiario y acusaciones incendiarias por todas partes. Deberíamos ser muy cautelosos al utilizar ese lenguaje, incluso entre comillas. Nuestro objetivo es proporcionar información clara y precisa, y el lenguaje acalorado a menudo puede oscurecer el hecho en lugar de aclararlo».

Así que los consejeros del Times animan a los periodistas a «pensar mucho antes de utilizar» palabras como «masacre» y «carnicería» para evitar un lenguaje «emocional»; sin embargo, hay un doble rasero, como afirmó The Intercept, porque «ese lenguaje se ha utilizado repetidamente para describir ataques contra israelíes por parte de palestinos y casi nunca en el caso de la matanza a gran escala de palestinos por parte de Israel».

De manera que otras recomendaciones incluyen utilizar la palabra «terrorista» y evitar «combatientes» al referirse al ataque realizado por la Resistencia Palestina el 7 de octubre del pasado año.

Sin dudas, quienes deciden la política editorial del NYT son detallistas en las instrucciones y llegan los consejos de estilo hasta disuadir a los periodistas de utilizar el término «Palestina» «en fechas, textos rutinarios o titulares, excepto en casos muy raros, como cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas elevó a Palestina a Estado observador no miembro, o en referencias a la Palestina histórica».

The Intercept hizo en enero pasado un análisis de la cobertura de la guerra por parte de varios e importantes periódicos estadounidenses (The New York Times, The Washington Post y Los Angeles Times) desde el 7 de octubre hasta el 24 de noviembre antes de que se publicara la guía que nos sirve de tema, y resultó que «masacre» se utilizaba casi exclusivamente para civiles israelíes muertos por palestinos, en lugar de para civiles palestinos muertos en ataques israelíes en una proporción de 22 a 1.

Específicamente el NYT —señaló The Intercept— había utilizado 53 veces la palabra «masacre» para definir las muertes israelíes y solo una vez cuando las víctimas eran los palestinos.

Pudiéramos colegir que el Manual de Estilo del diario
neoyorquino ya tenía determinadas advertencias previas; pero parece que es una decisión estándar, pues en una carta fechada en noviembre de 2023, ocho periodistas de la BBC acusaron a ese influyente y reconocido medio informativo del Reino Unido de no contar la historia del conflicto israelo-palestino con precisión, porque humanizaba más a las víctimas israelíes en comparación con las palestinas y omitían el contexto histórico, que consideraban clave para entender la situación, como efectivamente lo es. Concretamente dijeron que la BBC es culpable de un «doble rasero».

Los periodistas dijeron que en las plataformas de la British Broadcasting Corporation (BBC), términos como «masacre» y «atrocidad» se han reservado «solo para Hamás, encuadrando al grupo como el único instigador y perpetrador de violencia en la región», y agregaban los signatarios de la carta protesta que «esto es inexacto, pero se alinea con la cobertura general de la BBC».

También en las redes

El tema y las acciones son recurrentes. En diciembre, la ONG Human Rights Watch acusó a Meta —el conglomerado estadounidense de tecnología y redes sociales que controla prácticamente esa comunicación mundial— de censurar contenidos de apoyo a Palestina en Instagram y Facebook limitando o eliminando publicaciones y comentarios de sus redes sociales de manera «sistémica y global». Dijeron que Meta debía revisar sus políticas para ser más transparente y respetar los derechos humanos y la libertad de expresión.

Estaban claros, pues referían que por petición gubernamental —ponían como ejemplo las solicitudes emitidas por Unidad Cibernética de Israel, organismo dependiente de la Fiscalía General del Estado de Israel— Meta suspendía cuentas, eliminaba comentarios, bloqueaba y hasta borraba a usuarios, silenciaba las voces palestinas y a quienes les apoyan.

HRW lo llamó «una ola de censura sin precedentes» y dijeron: «Lo que nos ha impresionado es que es algo mundial. No se trata de activistas que manejan habitualmente el tema de Palestina. Son ciudadanos corrientes, personas preocupadas con lo que ocurre, que reaccionan a las noticias y experimentan la censura por primera vez», declaró entonces al diario español El País, Deborah Brown, una coautora de la investigación que había abarcado a usuarios de más de 60 países, fundamentalmente de habla inglesa.

Los comentarios eliminados incluían los lemas «Palestina libre», «Alto el fuego ya» o «Alto al genocidio», o frases neutrales para Hamás o de crítica al Gobierno de Israel.

Ni que hablar de que Meta desactivó permanentemente cuentas de periodistas, activistas y medios considerados propalestinos.

Periodistas en la mirilla del arma

La total censura de Israel hacia periodistas y medios en el terreno llega con el asesinato selectivo de trabajadores de la prensa palestinos en Gaza, su más efectivo método para acallar las voces.

Al finalizar enero, la ONU reportaba que al menos 122 periodistas y otros trabajadores de la prensa habían muerto y muchos otros fueron heridos por los ataques de Israel en Gaza. Esa fatídica y dolorosa cifra ha ido creciendo y algunas fuentes certifican más de 140 colegas «censurados» con la muerte…

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