El jonronero batea cualquier bola

JR conversa con Alfredo Despaigne, quien aspira con fuerza al premio de Jugador Más Valioso de la Serie Nacional de béisbol

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO.— Acababa de llegar en su bicicleta, después de todo un día de corre corre por asuntos pendientes en la Universidad. «Ando loco con la escuela», fue lo primero que me dijo, sin protocolos, Alfredo Despaigne Rodríguez casi en la puerta de su casa, situada a la vera de la Carretera Central, en un punto donde se escuchan los anuncios de los ómnibus Yutong que parten desde esta ciudad.

Pero sin aparente ápice de cansancio, este extraordinario pelotero, líder en bateo en la 49 Serie Nacional y recordista absoluto para una temporada en jonrones, extrabases y bases recorridas, aceptó batear las curvas y rectas de Juventud Rebelde. Y así hablamos de lo terrenal y lo divino: desde los días en que quería estudiar Medicina en su Contramaestre querido, su afición a la computación, hasta la intranquilidad de Rachel Beatriz, la hijita que alborota su corazón y su mente hace poco más de un año.

Conversamos, por supuesto, de béisbol; de sus estadísticas impresionantes (conecta 51,3 extrabases como promedio en seis campañas). Pero, también, de su elección como delegado al IX Congreso de la Juventud; de la relatividad de la fama; de cómo se autodibuja. «Soy un joven alegre, que disfruta y le gusta compartir con sus amigos, su esposa y su gente; tengo mis restricciones porque juego un deporte exigente, me dedico a eso y no puedo excederme», confesó.

Ante cada pregunta, «el Despa», como le dicen cientos de admiradores en la ciudad que lo ha acogido y amado como un hijo, hizo swing de jonrón, a pesar de que sentenciara más de una vez que, en el terreno, no sale a buscar ese batazo cumbre, sino a «pegarle bien a la bola».

—Dime la verdad ahora, ¿quién fue el que te dijo que no tenías condiciones para jugar a la pelota?

—En realidad nunca me lo dijeron a la cara. Yo empecé a jugar a los nueve años; y a los 16, cuando veía que no me incluían en ningún equipo provincial de Santiago pese a mis resultados, me di cuenta de que no tenía futuro. Iba todos los fines de semana a la EIDE, jugaba, rendía... y nada. Pensé entonces que estudiaría Medicina y me interné en un preuniversitario; sin embargo, vino la opción de entrar a la ESPA de Granma, donde me recibieron muy bien y me enseñaron muchas cosas.

—Tengo entendido que no siempre fuiste jardinero.

—Empecé en la segunda y el campo corto. Fue Ángel Ortega, el mismo que dirigió a Granma este año, quien me llevó a los jardines cuando era juvenil. A él le agradezco infinitamente, al igual que a otros dos entrenadores de mis inicios: Julio Figueredo y Luis Góngora.

—Viviste en el municipio santiaguero de Contramaestre hasta hace muy poco. Mas, te hiciste pelotero en Granma, donde los aficionados te idolatran. ¿Te sientes gramense o santiaguero?

—¡Oye, está en llamas esa pregunta! No me comprometas. Uno nunca olvida los orígenes, llevo a Santiago en el corazón, eso es cierto. Pero aquí no solo me he hecho pelotero, he creado una familia, he crecido. Mi equipo es Granma y lo seguirá siendo; aunque soy, ante todo, cubano.

—¿Cómo es eso de que eres delegado al Congreso de la Juventud?

—Me eligieron precandidato en la asamblea del comité de base de nuestro equipo, Granma. Allí el secretario general es Marcos Fonseca; Yohenis Céspedes y yo somos los otros dos secretarios. Tuve una sorpresa grande cuando me enteré de que iba a ser delegado al Congreso. Estoy muy contento por eso. Será una experiencia bonita conocer e intercambiar con otros jóvenes, y poder representar a la juventud de Granma, que tanto lucha, trabaja y se sacrifica. No la voy a defraudar.

—¿Cómo definirías a la juventud cubana de estos tiempos?

—No es perfecta, pero tiene deseos de seguir pa’lante; está comprometida con la Revolución en su inmensa mayoría.

—Muchos te comparan con otro pelotero joven, Yulieski Gourriell, y existe una polémica grande sobre cuál de los dos es el mejor. ¿Qué piensa Despaigne al respecto?

—Yulieski es un gran pelotero, excepcional. Tiene más series y entró al equipo Cuba primero que yo. Antes de hacer la selección nacional ya admiraba a Yulieski, como admiraba a mi compañero y amigo Yohenis Céspedes antes de ponerme el uniforme de Granma en la Serie Nacional. Ahora admiro y respeto igual a Yulieski. A mí no me corresponde estar diciendo quién es el mejor pelotero del país hoy, no considero ético hablar de eso. Respeto esas polémicas de los aficionados, ellos tienen sus criterios...

—Algunos dicen que no explotas mucho tu tremenda velocidad y que podías ser mejor robador de bases.

—Tal vez pudiera mejorar algo. Soy el cuarto bate de un equipo y eso influye. Detrás de mí viene Samón, que es un bateador inmenso; por eso tengo que aguantarme en las bases.

— Todavía no has cumplido los 24 años y ya la gente va a los estadios solo para verte jugar. ¿Cuán mala o buena puede ser la fama para un joven que, a veces, pudiera sentir el mundo a sus pies?

—¿Fama? No sé lo que es eso, para mí no existe esa palabra. Me llevo con todo el mundo, saludo a todo el mundo, no me creo cosas, ni se me sube la fama pa’ la cabeza, como dice un personaje en la televisión.

—Uno de tus contados baches ofensivos sobrevino en el II Clásico Mundial. Sin embargo, muchos no saben que entonces tenías problemas familiares.

—No estuve bien en el Clásico y no creo que haya sido porque mi niña, que estaba recién nacida, se enfermara de gravedad. No hay razón para justificarse porque antes que sucediera eso ya yo estaba mal al bate. No estaban para salirme las cosas bien.

—Has logrado mucho en el béisbol: desde imponer récords en el extranjero y en tu país, haber sido escogido el atleta del año en deportes colectivos ¿Qué es lo que te falta, lo que más desearías?

—Desde el 2007, que estoy en el «Cuba», no he podido ganar una medalla de oro, ni en los mundiales, ni en la Olimpiada, ni en el Clásico, y quisiera que se me dieran esos sueños. Sin embargo, lo que más deseo en la vida es ser campeón en la serie nacional con Granma.

—¿Y esa aspiración no te parece demasiado lejana?

-—Tal vez no falte tanto; creo que sí podemos dar ese alegrón al pueblo granmense, que se lo merece.

— ¿Qué pasaría si algún día quedaras fuera del equipo Cuba porque alguien te dijera, como hace unos años, que no tienes condiciones?

—Los técnicos sabrán lo que hacen. Por mi parte, si la salud me acompaña, seguiré dándolo todo en el terreno durante años. Yo siempre salgo a jugar con el corazón.

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