Que no se olviden las memorias

El combativo púgil y ahora árbitro pinareño, Julio Quintana, conversa con Juventud Rebelde acerca de los retos del boxeo cubano a propósito de celebrarse por estos días la edición 50 del Torneo Nacional de Boxeo Playa Girón

Autor:

José Luis López

PINAR DEL RÍO.— Pletórica de golpes rectos y ganchos, la sala 19 de Noviembre acoge por estos días la edición 50 del Torneo Nacional de Boxeo Playa Girón. Así, alrededor del ring vemos a varias figuras que antes hicieron historia.

Entre ellas destaca el ahora árbitro pinareño Julio Quintana, quien participó en 12 certámenes nacionales, entre 1979 y 1990. En total obtuvo un título (1983) y cinco medallas de plata (1982, 1984, 1985, 1986 y 1987). Además, compitió en tres divisiones: 71, 75 y 81 kilogramos.

Lo recordamos como un púgil combativo, elegante en su golpeo y concentrado siempre —léase bien esto— en los defectos del rival. Esas «mañas» escasean en nuestro actual ámbito boxístico.

—¿Qué significa pelear en el Playa Girón?

—Este torneo siempre estaba en la mente de todos, porque había mucha rivalidad en cada una de las divisiones. Por eso, desde que yo subía al ring, era a tirar golpes, pues para ir a la Finca —actual Escuela Nacional de Boxeo—, y pensar luego en hacer el equipo Cuba en los eventos internacionales, había que ganar oro o plata. Al bronce le costaba trabajo incluirse en la preselección. Eso ya no ocurre y hay que tratar de rescatarlo.

—¿No te perjudicó el constante cambio de peso?

—Eso lo estipulaba el colectivo técnico encabezado por Alcides Sagarra y había que cumplir. En los torneos Playa Girón, subí directo de 71 a 81 kilogramos, aunque en ocasiones competí en 75. Pero nunca me afectó. En 71 tenía un hueso duro de roer como Armandito Martínez, que no te daba respiro en los nueve minutos de combate.

«En 75 kilos experimenté mis peleas más difíciles frente a Ángel Espinosa, cuya potente pegada era letal. Pero en 81 también había «ciclones» como Pablo Romero y Bernardo Comas. Yo no noqueaba, por eso debía apoyarme en mi técnica y preparación física, que me permitió adaptarme a cada peso.

—¿Qué diferencias aprecias entre los boxeadores de tu época y los actuales?

—En mi tiempo, había más rivalidad y nadie tenía seguro su pasaporte para la Finca del Wajay. Se tiraba todo tipo de golpes en las tres distancias. En las peleas, tal vez había algo de estudio en el primer asalto, pero los dos restantes eran de un feroz intercambio. Solo éramos amigos fuera del ring; arriba, la amistad no existía. Por eso se llenaba el graderío, pero ahora apreciamos con dolor la apatía del público.

—Entonces, ¿qué debemos hacer para recuperar la popularidad de que antes gozaba el boxeo?

—Elevar cada día el arsenal técnico-táctico de entrenadores y atletas, y que nuestros boxeadores se preparen mucho mejor para poder emplearse a fondo sobre el ring. Si a la gente le gusta el intercambio y golpeo constante, eso es lo que se le debe brindar. Especialmente hay que recobrar la porfía en cada peso, para que ningún atleta crea que está seguro en el equipo nacional.

Un año después de su última participación en el Playa Girón de 1990, Julio Quintana debutó en funciones de árbitro. Ahora posee la categoría Dos Estrellas de la Asociación Internacional de Boxeo y su capacidad como «hombre de blanco» también se agradece.

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