Rey sin coger tanta lucha

El luchador cubano del estilo libre Yowlys Bonne (57 kg) se agenció la primera, y única hasta ahora, medalla de oro de la lucha libre cubana en estos Juegos.

Autor:

Norland Rosendo

MISSISSAUGA, Toronto.— El luchador cubano del estilo libre Yowlys Bonne (57 kg) supo desde los inicios del combate por el oro que su rival, el estadounidense Ángel Escobedo, había salido a aguantar la pelea. «Yo le seguí el juego, hasta que decidí terminar las acciones», declaró el guantanamero, muy confiado en su superioridad, la misma que confirmó sobre el colchón.

«Mi táctica es subir y “tirar” técnicas, estar todo el tiempo al ataque», explicó sobre su forma de competir. Al final, levantó a Escobedo en una variante poco usual, según su entrenador Julio Mendieta, y le aplicó un tackle que se ganó los aplausos de la concurrencia por la elegancia del movimiento. Así llegó la primera, y única hasta ahora, medalla de oro de la lucha libre cubana en estos juegos.

Para imitarlo subió después Franklin Marén (65 kilos). Haber llegado a la discusión del cetro era un buen resultado para el santiaguero, pues en ese peso había cuatro contendientes de nivel mundial. Su rival en la última cruzada, el estadounidense Brent Metcalf, campeón de la Copa del Mundo de este año, había sido su victimario dos veces antes. Esta, lamentablemente, fue la tercera. «Es un luchador muy difícil, no tuve cómo detenerlo», admitió Marén.

La reina de Guadalajara en los 63 kilogramos, la cubana Katerina Vidiaux, hizo cuanto pudo por revalidar su corona, pero la anfitriona de 20 años, Braxton Stone, estuvo mejor. Desde el principio sacó ventaja y la conservó todo el tiempo.

La holguinera reconoció que su adversaria se presentó fuerte, ágil. «Este es un deporte muy dinámico, a ella le salieron mejor las cosas sobre el colchón».

La avileña Yudari Sánchez fue a la caza de un bronce en la división de 69 kilos, y tampoco pudo salirse con la suya ante la argentina Luz Vázquez. Todo quedó decidido prácticamente en el primer período, cuando la gaucha le marcó seis puntos.

La otra monarca cubana de hace cuatro años, Lisset Hechavarría (75 kg) —que había caído en semifinales ante la local Justina Distasio, en una porfía cerrada—, logró en su último combate, frente a la venezolana Jarimit Weffer, asegurar uno de los escalones más bajos del podio. Pero medalla al fin.

«Estoy satisfecha con el resultado. Claro, yo quería el oro, pero la canadiense me ganó y esa derrota me impidió discutir el primer lugar», se lamentó la santiaguera. Sobre el combate semifinal comentó que iba delante, pero faltando unos segundos el árbitro la amonestó y eso decidió la pelea.

Así se fue otra jornada para la lucha cubana. Solo una estrella dorada salió casi a la media noche.

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