Una corona ante el abismo

El equipo avileño todavía no encuentra la luz al final del laberinto, y sigue aferrado a las matemáticas para su supervivencia en el torneo beisbolero antillano

Autor:

Raiko Martín

SANTO DOMINGO, República Dominicana.— De las tres presentaciones en la Serie del Caribe que continúa su curso en esta ciudad, puede decirse que ha sido el desempeño de este jueves, ante los Tigres de Aragua, la que mejores sensaciones ha dejado entre quienes siguen el curso de la representación cubana en el torneo.

Sin embargo, las mejorías apenas alcanzaron para maquillar el errático desempeño del equipo avileño, que todavía no encuentra la luz al final del laberinto, aun cuando sigue aferrado a las matemáticas para la supervivencia.

El duelo de felinos ante sus pares venezolanos ratificó que el boquete no es solo en el compartimiento de los lanzadores. Ninguno de los que desfiló por el box del estadio Quisqueya Juan Marichal encontró el respaldo ofensivo necesario para dar ese golpe de timón que tanto necesita el grupo, sus directivos, y la afición. Y mucho menos el apoyo de una defensa que ha pifiado en todos los juegos.

«Hemos hecho una selección con los jugadores que mejor estaban en este momento, pero las cosas siguen saliendo mal. Los muchachos no han logrado batear y no es porque no estén preparados», dijo el mentor Roger Machado poco después de disculparse con los medios por su ausencia a la conferencia de prensa la noche anterior.

La realidad es que, como dijo Yulieski Gurriel a los periodistas, lo que más difícil se le ha hecho a los equipos cubanos durante los más recientes torneos de cierto nivel ha sido la capacidad de hacer ajustes en el cajón de bateo. «En los torneos cubanos no estamos acostumbrados a enfrentar a lanzadores del nivel y el repertorio que encontramos en los Clásicos o torneos como este, y es complicado», dijo el jugador, movido hacia la custodia de la antesala en el enfrentamiento contra los venezolanos.

Comparado con el estrepitoso naufragio ante la representación boricua, el equipo mostró ahora un mejor equilibrio, sobre todo porque el grupo de serpentineros empleado estuvo más cerca de lo que de ellos se esperaba. No obstante, volvió a carecer de la pólvora necesaria, y de la chispa para encenderla. Se vio en la misma apertura, cuando el diestro Alexis Candelario salió ileso después de regalar par de boletos y propinar un pelotazo. También en los finales, cuando gracias a las luces que cegaron al inicialista Ugueto pusieron el empate en circulación y todo quedó en una escaramuza.

Así, las precarias opciones que tienen los Tigres avileños de defender la corona conquistada por el béisbol cubano hace un año, no son más que el fiel reflejo del nivel demostrado sobre el diamante. Los nuestros son los que menos carreras han facturado (5) y los que más se han ponchado (20); además, todos los equipos superan —algunos con diferencias muy notables— el magro promedio ofensivo de .202, y ni remotamente se acercan a las casi ocho carreras limpias por juego que amanecen en su casillero.

Más que mejorar la imagen, se trata ahora de un cambio radical, de dar definitivamente en la tecla que permita, al menos, regresar a casa con una victoria, lo que evitaría el peor resultado desde el regreso a estos torneos.

«Valoraremos la posibilidad de hacer movimientos en la alineación en busca de un triunfo», explicó el estratega avileño, convencido de la necesidad que tiene el equipo de incrementar notablemente su poder de fuego. Lo que sí quedó confirmada fue la decisión de enviar a la lomita al diestro Vladimir García para asumir la apertura frente a los anfitriones Leones del Escogido.

El juego será el segundo del programa que cierra la fase clasificatoria, y gracias al ajustado triunfo de 2-1 que al cierre consiguieron los Cangrejeros boricuas sobre el elenco de casa, el cuarto cupo de la semifinal estará disponible para el ganador del juego entre Tigres y Leones.

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