Griezmann, el rey de Marsella

Francia a la final del domingo contra el Portugal de Cristiano Ronaldo, en pos de reeditar el sueño del título mundial en 1998, precisamente en el Stade de France

Autor:

José Luis López

Así de claro: dos fallas defensivas y par de goles del siempre oportuno crack Antoine Griezmann. Ahí ubico el porqué del trabajado triunfo del anfitrión Francia, este jueves por 2-0 ante el campeón mundial Alemania, para avanzar a la disputa de la final en la Eurocopa de fútbol 2016.

En el Stade Velodróme, de Marsella, los anfitriones sorprendieron al rival con diez minutos iniciales de mucha agresividad, intentando acercarse al área chica. Pero el arquero Manuel Neuer sostuvo a los germanos, incluida una gran atajada a un disparo de Griezmann, que culminó una buena jugada con Blaise Matuidi.

Pero realmente, no fructificaron y «el agua tomó su nivel»: Alemania se acomodó en la cancha, se adueñó del balón bajo la égida de sus astros Toni Kroos y Mesut Özil, y creó jugadas en todo el campo. En ese intervalo de tiempo, al mismísimo Griezmann se le veía varios metros detrás del círculo central y solo las manos del cancerbero Hugo Lloris, evitaron que el juego alemán tuviese recompensa.

Pero cuando mejor jugaba el monarca del orbe, su volante de contención Bastian Schweinsteiger cometió la primera falla garrafal del equipo: mano infantil (minuto 45+2) y penal transformado en gol por Griezmann. Y así se fueron al descanso, con un 64 por ciento de posesión de la esférica para los alemanes.

Ya en el complementario, los franceses no dudaron mucho: ahora, con ventaja de 1-0, a imponer sin complejos algo parecido a un catenaccio (candado defensivo) italiano… y el ariete del Atlético de Madrid a la caza de un contragolpe letal.

Los alemanes, aunque con menos profundidad, intentaron igualar el pizarrón. Tocaban, corrían, creaban los espacios. Pero nada de gol. En tanto, Griezmann reapareció en el 72, y tras una errada salida de Neuer —segunda pifia alemana— tras el centro de Pogba, marcó el 2-0 definitivo. Su sexto gol y líder del torneo.

Quedaban 28 minutos y Alemania aún soñaba con el juego. «Los alemanes son siempre bravos. Hasta que no les dan el certificado de defunción, no se entregan», comentó en una ocasión el astro argentino Diego Armando Maradona. Y así se mostraron. Arreciaron su ataque, pero las prodigiosas manos de Lloris, el pálido accionar de su delantero Thomas Müller y un disparo sin suerte que Julian Draxler estrelló en el larguero, solventaron el pase de Francia a la final del domingo contra el Portugal de Cristiano Ronaldo, en pos de reeditar el sueño del título mundial en 1998, precisamente en el Stade de France, en Saint-Denis.

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