Un japonés con los ojos más abiertos que una peseta

Kenta Hagiwara es el único scout extranjero que entra y sale de Cuba como «Pedro por su casa» y es considerado de la familia del béisbol aquí

Autor:

Norland Rosendo

A Kenta Hagiwara no lo molesta el sol cubano. Cuando los aficionados buscan una columna o una pared en el graderío que les sirva de sombrilla, él se sienta en las gradas bajas, detrás del home, sea la hora que sea.

Se ajusta la gorra y las gafas. Desenfunda su pistola, saca una libreta y un lapicero, y desde antes del play ball de los árbitros comienza a estudiar a los jugadores, un trabajo que lo ha convertido en un asiduo «trotaestadios» en Latinoamérica.

Kenta es el único scout extranjero que entra y sale de Cuba como «Pedro por su casa». Es de la familia del béisbol aquí. De Japón a veces vienen algunos colegas suyos, sobre todo durante la Serie Nacional, pero por poco tiempo. Él se pasa temporadas más largas, en diferentes épocas.

Cuando está en las gradas, los atletas saben que pudieran ser elegidos para la franquicia japonesa de los Halcones de Fukuoka SoftBank, donde juega Alfredo Despaigne y a la que hace poco se sumaron el zurdo pinareño Liván Moinelo y el jovencito santiaguero Oscar Luis Colás.

Estudió mercado de deportes en Estados Unidos, sirvió como traductor de inglés en el equipo Nippon Ham de la liga profesional nipona y en 2007 se fue a aprender español en República Dominicana, país en el que decidió establecerse. Los jerarcas del Fukuoka lo localizaron en esa isla caribeña para proponerle que fuera su scout en Latinoamérica.

—¿Y ya sabías cómo se buscan talentos?

—Eso lo fui aprendiendo poco a poco, observando mucho. Había jugado béisbol en Estados Unidos y en Dominicana trabajan muchos scout de la MLB, con los que tengo buenas relaciones.

—¿Qué tipo de peloteros te piden?

—Muchachos jóvenes, de menos de 25 años, para que puedan comenzar por las ligas menores.

—¿Y las características…?

—Me interesan los pitchers de brazos largos, que tengan buena velocidad, y bateadores de fuerza, porque mi equipo necesita peloteros de poder, como Despaigne.

—En los lanzadores, ¿te fijas en algo más?

—En que hagan los movimientos naturales, suaves pero rápidos, y en cómo usan las piernas.

—¿Y sobre el repertorio?

—Me fijo, pero no tanto. Me interesa más la mecánica, porque esa es más difícil de cambiar. Por eso busco jóvenes, pues después de los 25 años es mucho más complejo hacer cambios.

—En el caso de la velocidad, ¿cuál consideras ideal para un posible fichaje?

—Depende de la edad y del físico, con 18 años sobre 90 millas. Aquí son delgados y cuando mejoran su masa muscular aumentan varias millas.

—¿No valoras el pensamiento técnico-táctico?

—Los muchachos de esa edad piensan poco, tienen que aprender mucho. Con velocidad y rompimientos, lo otro se puede enseñar.

—Hablemos un poco de los bateadores...

—Me fijo en la potencia en el bate, en el swing, que batee fuerte y la ponga contra la pared, porque eso no se aprende; se puede enseñar a sacar más rápido los brazos, pero la fuerza es innata.

—Los peloteros cubanos tienen poca disciplina en el home…

—Hay que trabajar mucho con ellos. En Japón tenemos máquinas que tiran curvas, sliders, rectas. Allá aprenden a batear rompimientos.

—Los últimos contratos fueron Moinelo y Colás, ¿qué hay de especial en ellos?

—Colás tiene tremenda fuerza, tiene más fuerza que Norel González, y también tira duro, más de 90 millas, con solo 19 años de edad. Aseguro que aumentará mucho su velocidad. A Moinelo lo conozco desde hace tres años. Ha estado en series del Caribe y no solo lanza más de 90 millas, tira rápido y además tiene buena curva.

—¿Qué ve más en Cuba: lanzadores o bateadores?

—Aquí abundan más los bateadores.  Cuba es tierra de muy buenos peloteros.

—¿Te interesa algún otro joven de los que has estudiado?

—Seguimos a Norel González, Yosver Zulueta, Yosimar Cousin y a Yoelquis Guibert, entre otros.

—Me llama la atención que no menciones a dos de los atletas que una prestigiosa revista especializada en béisbol incluyó en su lista de los diez mayores talentos del pasado Clásico Mundial: Víctor Víctor Mesa y Yoelkis Céspedes…

—Los dos son muy buenos, tienen mucho futuro en este deporte. No dudo que serán estrellas, porque tienen todas las herramientas para lograrlo, pero mi equipo me pide bateadores de más fuerza aún, que den más jonrones.

—¿Alguien más?

—Quiero ver a Julio Pablo Martínez. Regreso a Cuba para la Serie Nacional; también le daré más seguimiento a Yurisbel Gracial a pesar de su edad.

—¿No te interesan receptores?

—Eso es más difícil, porque tienen que entenderse con los lanzadores japoneses y el idioma es complejo.

—¿Qué posiciones son las que más te piden?

—Buscamos jugadores de primera, tercera y los jardines.

—¿Nunca tu franquicia ha pensado en abrir una academia en Cuba?

—No, no ha estado en nuestros planes; quizá si hubiera más peloteros que fueran de nuestro interés. Por ahora es mejor llevarlos para allá.

—¿Cómo es la rutina para hacer un fichaje?

—Envío los reportes y videos, hablo con los que deciden en el equipo y recomiendo a los que considero con posibilidades; sin recomendación ni siquiera valoran el expediente.

—¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo?

—Me encanta descubrir talentos desconocidos. No es lo mismo fichar a Despaigne, que todo el mundo lo conoce, que a un joven «sin nombre», y ver cómo poco a poco se hace famoso.

—¿Como Colás?

—Exacto. Ese muchacho tiene mucho futuro. Así me gusta, disfruto la proyección. En México descubrí hace dos años a un lanzador venezolano, Roberto Suárez, que ya el año pasado lanzó en las Grandes Ligas japonesas y que no había jugado nunca en Estados Unidos. Esta temporada está lesionado, pero tira cien millas. Ahora hay equipos de la MLB interesados en él.

—¿Dónde consideras, a partir de tus observaciones, que están las principales deficiencias del béisbol cubano?

—A los niños les falta dominio de algunos fundamentos del juego. Yo no sé cómo entrenan; tienen talento, pero pueden ser mejores; necesitan perfeccionar la técnica.

«Los más grandes no piensan mucho. A los lanzadores les falta dominar los pitcheos rompientes; los bateadores deben mejorar la disciplina en home, les tiran a muchas bolas malas».

Con 36 años, Kenta no extraña tanto a Japón. A fin de cuentas, se movió de una isla a otra y se pasa mucho tiempo aquí, en otra isla, donde disfruta, tanto como del sushi, del congrí y de la carne de cerdo.

Se busca la vida con la pistola en la mano. Dice que en Cuba nunca se acabarán los «blancos» a los que «tirarles». Es cuestión de afinar la puntería y tener los ojos abiertos.

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