Bush reconoce su poco éxito en Iraq

Sin embargo hizo el compromiso de «ganar» la guerra  y ha ordenado a su nuevo secretario de Defensa que desarrolle un plan para fortalecer al ejército y al cuerpo de marines en el país árabe

Autor:

Juana Carrasco Martín

Foto: AP Por lo general, los días finales de año sirven, entre otras cosas, para que se hagan buenos augurios para los 365 días que están por venir, pero con ese actuar sui generis el mandatario estadounidense George W. Bush ha dado la sorpresa: reconoció por vez primera su «no éxito» en Iraq, y en sugerencia agorera les dijo a los norteamericanos que se tomarán «decisiones difíciles» —obviamente, él—, y realizarán «sacrificios adicionales» —ellos, por supuesto.

Mas no duró mucho ese examen supuestamente sopesado de la situación cuando, a renglón seguido y con sus habituales carencias, espetó el consabido «creo que vamos a ganar».

Bush comentaba así una entrevista de la víspera con el diario The Washington Post en la que había dicho: «Encuentro interesante la forma en que lo dice el general Pace: “No estamos ganando, no estamos perdiendo”». (El general Peter Pace es el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos).

Las declaraciones bushianas coincidieron casi en tiempo con las de Rob Portman, director de presupuesto de la Casa Blanca, quien también hizo un reconocimiento, la guerra en Iraq le ha costado a Estados Unidos durante este 2006 la friolera de 110 000 millones de dólares, todo un récord, que quizá usted entienda mejor si lo llevamos al gasto de un día tras otro: más de 356 millones de dólares, una cifra realmente incomprensible para una Humanidad con tantas carencias en las necesidades básicas, en la que están incluidos los 35 millones de estadounidenses que viven por debajo del nivel de la pobreza en medio de ese imperdonable despilfarro.

Pero Bush consideró prudente hacer el compromiso de «ganar» la guerra, así que dijo estar analizando todas las opciones, y una de ellas, la que evidentemente le gusta más que cualquier otra es aumentar las tropas. Al respecto, hay informaciones de los medios estadounidenses en las que se asegura una cierta divergencia entre el mandatario y sus mandos militares, pero el W. se encargó de desmentirlas, aunque hubo otra coincidencia en tiempo: este miércoles el jefe del Comando Central de Estados Unidos y de las fuerzas militares en el Oriente Medio, general John Abizaid, anunció que dejará ese cargo a comienzos de 2007 y siguiendo la línea de reconocimientos de hechos señaló que la decisión no la había tomado él por entero. «Ninguna decisión de alguien en este puesto es totalmente suya, pero sí creo que ha llegado el momento justo de tomarla y no tiene nada que ver con la insatisfacción», dijo el general, que engrosaría así la lista que encabezó Donald Rumsfeld con una «renuncia» también sugerida...

Lo cierto es que Bush, el hijo, ha ordenado a su nuevo secretario de Defensa Robert M. Gates que desarrolle un plan para fortalecer al ejército y al cuerpo de marines en Iraq. Debe ser ese el punto que ha llevado Gates a Bagdad, a donde arribó en la mañana de este miércoles para sostener durante varios días reuniones con los comandantes estadounidenses y con las autoridades iraquíes, lo que se interpreta como un aumento de los efectivos, además de que también hizo explícito en la entrevista que no interpretaba la victoria electoral demócrata como un mandato para traer de regreso a casa a sus fuerzas en Iraq. The Washington Post afirma que otros funcionarios han dicho que la administración está preparando planes para reforzar a sus tropas con 70 000 hombres adicionales.

Y vamos entonces a una concreta. Esto tiene dos significados al menos: primero, Estados Unidos va a la desesperada en un sprint final que tampoco le llevará a la victoria y, por el contrario, incrementará el rechazo a la ocupación y favorecerá los enfrentamientos llamados sectarios; segundo, seguirá creciendo la cuenta de gastos bélicos que, con otros 100 000 millones adicionales que acaba de pedir para el 2007, hará un total de 600 000 millones desde el 11 de septiembre, una cifra que excederá los costos de la prolongada Guerra de Vietnam.

¿Podrá resistir Estados Unidos este drenaje de hombres y capital en aras de los intereses de un equipo obcecado por conquistar el mundo para su ideología extrema y sus ambiciones de poder?

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