Khalid Sheikh Mohammed es el culpable que Washington necesitaba

Las supuestas evidencias que acusan al aparente cerebro de Al Qaeda son muy cuestionables

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

¿Para qué seguir buscando a Bin Laden? Esta pregunta debe haber saltado a la cabeza de muchas personas de bien en este mundo al leer los cables noticiosos de días anteriores que detallaban la supuesta confesión del paquistaní Khalid Sheikh Mohammed (o KSM, como también lo identifican), donde aceptaba «su participación» en un sinfín de actos terroristas contra Estados Unidos y otros países, incluyendo —por supuesto— los del 11 de septiembre de 2001.

Según la trascripción de un tribunal militar enclavado en la ilegal Base norteamericana de Guantánamo, y recientemente publicada por el gobierno de Bush, el aparente cerebro de Al-Qaeda, ha «confesado» que dirigió los ataques al World Trade Center hace cinco años, y que fue total o parcialmente responsable por más de otros 30 complots y ataques terroristas. Con esta «revelación», el misterioso KSM se convierte en el máximo y solitario chivo expiatorio para todos los ataques atribuidos a la organización terrorista antes del 11-S, hasta su ¿arresto? en 2002.

Muy conveniente resulta este hecho para la administración de la Casa Blanca en este cuarto aniversario de la invasión a Iraq. Y justo confesó en Guantánamo. Bush no pudo atrapar a Bin Laden —a pesar de que la guerra contra Afganistán se hizo en su nombre—, el juicio y ejecución de Saddam Hussein no lo dejaron bien parado ante la justicia mundial; pero, finalmente, ahora sí tiene una recompensa para quienes no «tenían confianza en él», una cabeza para levantar por el pelo y mostrar a la muchedumbre.

Después de un juicio secreto, conducido por el Pentágono y la Casa Blanca, le brindan a los medios informativos una copia censurada —claro está— de la declaración de Mohammed, que presentan al público como auténtica y legítima.

Nadie puede confirmar si este estratega de Al Qaeda fue realmente capturado en 2002, como se afirma; ni si efectivamente, lo llevaron a prisión para ser interrogado. En realidad, muchos informes verosímiles sugieren que KSM está muerto, y que nunca llegó a ser detenido. No hay una mínima prueba verificable para confirmar ningún aspecto de su existencia, ni la veracidad de este tribunal. Solo tenemos la palabra del gobierno de Bush, y de la CIA. ¿Alguien cree en tal «confesión»?

La escena la montaron muy bien. Publicaron la declaración junto a una foto de KSM todo magullado, despeinado, justo para montar la escena de terrorista-tortura-confesión. El poder otorga estas y otras prerrogativas, y ya no son tiempos de cuidar las formas, eso quedó atrás.

El caso es que Khalid Sheikh Mohammed ya «habló» y los votantes pueden dormir tranquilos. El asesino limpió su conciencia ante los oficiales del ejército norteamericano que lo interrogaron en la Base Naval de Guantánamo, justo en el campo de detención donde ninguna ley más que la de ellos se aplica.

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