Venezuela: una economía robusta y promisoria

La economía venezolana el primer trimestre del año crecerá por encima del resto de los países de la región, asegura Nelson Merentes, presidente del Banco Central del país

Autor:

René Tamayo León

CARACAS.— Viento en popa y a toda vela cerró la economía venezolana el primer trimestre del año. Se anuncia que crecerá por encima del resto de los países de la región, asegura Nelson Merentes, presidente del Banco Central del país (BCV).

Las cifras oficiales serán públicas el 15 de mayo. El directivo solo adelanto algunos detalles ante reclamos de la prensa en una conferencia con medios locales y extranjeros, donde se limitó a esbozar la robustez de la economía local.

Jorge Giordani, ministro de Planificación y Finanzas, indicó que en abril la inflación fue de 0,8 por ciento, una desaceleración al quinto mes al hilo y la tasa más baja en cuatro años del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INCP).

Los doctores Giordani y Merentes coinciden en que los programas sociales del presidente Chávez, en especial el dirigido a resolver el problema habitacional, con la Gran Misión Vivienda Venezuela, están entre las variables del sólido curso de la economía local. Esa es —dicen— la locomotora: arrastra a buena parte del resto de los sectores de bienes y servicios.

Con ella se han beneficiado familias de sectores populares, refugiados por intensas lluvias y sectores de clase media.

El sector Vivienda es una industria que no solo impactará la planta industrial y de servicios local. Obligará al país, si quiere cumplir en 2019 el propósito de resolver los más de tres millones de hogares que se demandan hoy, a consolidar una estructura de producción con capacidad de enfrentar el reto interno, y, al mismo tiempo, imbricarse en el mercado exterior.

En el propósito de resolver —a veces de manera subsidiada al ciento por ciento— el déficit habitacional, la Revolución Bolivariana ha mostrado luz larga, no solo desde lo social, sino también en base a lo económico.

También serán fortaleza en la dinámica consumo/producción, el incremento del salario mínimo decretado para este año, los programas de asistencia social para personas de la tercera edad —Gran Misión en Amor Mayor— y para familias en pobreza extrema —Hijos de Venezuela—, además de Saber y Trabajo, destinada a la capacitación laboral y generación de empleos de calidad.

Al mismo tiempo, en la reducción de la inflación (es este uno de los países con más altos índices al respecto: por encima del 20 por ciento anual) lo que más determina son los alimentos, por lo que la Gran Misión Agrovenezuela es clave, tanto para resolver a mediano plazo la soberanía alimentaria, como para convertir a Venezuela —que tierra, agua y experiencia le sobran— en un país gran exportador de alimentos. Al menos eso es lo que está promoviendo Chávez.

Política, petróleo y mucho más

Aunque el punto apenas se rozó en la rueda de prensa con el ministro Giordani, y Merentes, presidente del BCV, también es cierto que en la fortaleza económica venezolana en este primer trimestre han influido los precios del petróleo, mantenidos sobre los cien dólares el barril.

Para este año, el Gobierno previó crecer cinco por ciento (en 2011 el PIB avanzó 4,2 por ciento). El cálculo se hizo en base a un precio del petróleo de 50 dólares el barril. Fue conservador, pero racional. Plausible ante las incertidumbres planteadas para 2012, como la crisis económica que afronta —y no soluciona— la Unión Europea. Pero las cuentas han salido mejor.

La tendencia para el primer semestre es la misma. Para el segundo, habrá que ver cómo se comporta la economía china.

Más que Europa, una desaceleración en el gigante asiático impactaría en los precios de los combustibles. Sin embargo, también está la variable Japón. Aún no hay claridad —al menos pública— sobre su estrategia energética a futuro luego de las debilidades mostradas por su sistema nuclear tras el terremoto y tsunami de hace dos años.

Se dice que la antigua segunda potencia económica podría regresar a la termoenergía. De ser así, otro gallo cantará. Pero precisamente en China, Corea del Sur y Japón, el ministro venezolano del Petróleo, Rafael Ramírez, recién convino acuerdos energéticos de gran calado.

Así las cosas, podemos percibir que la Revolución venezolana no solo blande políticas sociales certeras que tienen un impacto directo en la economía, ni solo se apoya en precios favorables de materias primas, ni solo fortalece medidas internas para blindarse económicamente, sino que también incrementa el nivel de vida de su población en lo material y espiritual y expande su mirada abarcadora hacia todos los pueblos del mundo.

El Gobierno chavista ha sido hábil para establecer una estrategia política y económica en varios frentes. Lo ha hecho de forma sólida y ejemplar, y también manteniendo su colaboración con economías más vulnerables, como las de la alianza Petrocaribe, que no regala petróleo, sino que intercambia en términos justos —desde una ética bolivariana, martiana, tercermundista.

Un pronóstico a estas alturas, no es posible. Pero si las cosas siguen como van, Venezuela tiene todas las posibilidades de mostrar a fines de año uno de los mayores crecimientos económicos de la región. Y no se trata de coyunturas. Estamos hablando de la sabiduría y sagacidad de un Gobierno para el que la economía es pilar, pero la solidaridad y el humanismo: deber.

Mucho habría que agregar sobre estos temas. Basten estos apuntes solo para ilustrar la calidad y trascendencia de una Revolución, un Gobierno y un líder que sin dudas son hoy la luz del mundo.

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