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La XVI Cumbre de Países No Alineados demostró que Irán no está aislada internacionalmente, como propalan Estados Unidos e Israel, que tienen los pelos de punta ante un posible acercamiento entre la nación persa y Egipto

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

La XVI Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (NOAL) le supo amarga a Estados Unidos e Israel. No pudieron impedir que el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, asistiera a Teherán para participar en la cita. Despotricaron, blasfemaron contra Irán, pero solo lograron que el diplomático sudcoreano llevara en su agenda presiones destinadas a la nación persa para que abandone su programa nuclear, mientras ellos hacen lo suyo en Viena, en la sede del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) donde, misteriosamente, la República Islámica resaltó como la principal preocupación.

Washington indicó que la asistencia de Ban no sería apropiada, pero, que se sepa, no llegó al extremo de Israel, cuyo primer ministro, el belicoso Benjamín Netanyahu, le dijo al titular de la ONU, en una conversación telefónica, que su viaje era «un enorme error». Su enojo no quedó ahí, y en un lenguaje mucho más agresivo, calificó la Cumbre como una «mancha para la humanidad».

Ban Ki-moon no debía ausentarse. Quien está al frente de una organización internacional como Naciones Unidas no puede ignorar a un Movimiento que agrupa a más de la mitad de los países que conforman la verdadera comunidad internacional y que representa mucho más los intereses de la mayoría del mundo, no como una ONU secuestrada por su antidemocrático Consejo de Seguridad. Más cuando el jefe de la ONU escucha a las potencias en plataformas tan selectas y discriminatorias como el G-8.

No obstante, su discurso tenía las líneas de mensaje de la Casa Blanca. Se limitó a criticar las declaraciones iraníes con respecto a Israel, pero no tuvo una palabra para condenar los crímenes sionistas contra el pueblo palestino y los más de 60 años de ilegal ocupación de tierras árabes.

La celebración de la XVI Cumbre de los NOAL en Irán demostró que la nación persa no está aislada como propalan Estados Unidos, Israel y sus aliados europeos. De hecho, la aprobación de la presidencia iraní del grupo para los próximos tres años evidencia el respaldo a ese país y, en una mirada más profunda a lo que significa este hecho, devela que la mayoría del mundo también respalda el derecho que tiene a desarrollar su programa nuclear pacífico.

La cita tuvo lugar en un escenario internacional muy complejo, signado por guerras e intervenciones militares como la que protagonizó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Libia, y la que se planea ahora contra Siria, además del problema nuclear con Irán que las grandes potencias occidentales han construido, y las amenazas, reales, que representa el sionismo israelí en el Medio Oriente.

Además, es la primera vez que la discusión de la crisis siria sale de espacios tan reducidos y manipulados como el Consejo de Seguridad o la Liga Árabe, donde los que tienen mayor peso son enemigos de la nación levantina y, por tanto, impulsan el libreto del cambio de régimen, favorable a los interes del imperio en la región.

Así, uno de los resultados del encuentro fue el rechazo a una intervención militar extranjera en Siria, según la Declaración Final, a pesar de las visiones discordantes sobre ese conflicto.

Falsas preocupaciones por el tema nuclear

Pocos días antes de la celebración de la XVI Cumbre de los No Alineados y paralelamente a ella, las grandes potencias, encabezadas por Estados Unidos e Israel, intensificaron su propaganda contra el programa nuclear iraní. La existencia de este proyecto es una de las razones por las cuales, según Washington, Ban Ki-moon no podía asistir a la cita de Teherán o, simplemente, la capital iraní no podía ser sede del encuentro.

La campaña occidental y sionista pretende frenar así la creciente influencia regional e internacional de Irán, más ahora que ocupa la presidencia de los NOAL. El debate sobre el tema nuclear en este movimiento es mucho más transparente y democrático que el que se da en algunos foros de Naciones Unidas, y existe consenso entre sus miembros sobre la importancia de la eliminación total de las armas nucleares, así como amparan el derecho que tienen las naciones para usar la energía enfocada en el desarrollo económico y social, tal y como plantea el Tratado de No Proliferación.

En verdad, a Washington no le preocupa la existencia de armas nucleares. Si así fuera, dejaría de manipular el tema de la no proliferación, que esgrime con claros intereses políticos para limitar el derecho inalienable de los países en desarrollo al uso de la energía nuclear con fines pacíficos.

Hasta el momento, Estados Unidos, principal potencia nuclear con miles de ojivas atómicas, se opone a la negociación de acuerdos vinculantes que permitan al mundo librarse de manera definitiva de la amenaza nuclear.

Al respecto, el Movimiento de Países No Alineados, que representa a una gran mayoría del mundo con sus 120 miembros, defiende un plan de acción que establece un calendario concreto para la reducción gradual de las armas nucleares hasta su total eliminación y prohibición, a más tardar en 2025.

En mayo del 2011, durante la XVI Conferencia Ministerial, celebrada en Bali, Indonesia, el MNOAL adoptó una Declaración en la que reitera el compromiso de trabajar para la convocatoria de una conferencia internacional que determine las formas y medios de eliminar el armamento nuclear.

La propuesta de los NOAL también incluye el establecimiento de una zona libre de este tipo de armas en el Oriente Medio, a la que Israel —el único que las tiene— se opone, con el visto bueno y la protección de su guardaespaldas, Estados Unidos.

Precisamente, mientras Irán defendía su derecho a desarrollar un programa pacífico, que le avala el Tratado de No Proliferación, diplomáticos occidentales se esforzaban por presionar en Viena a los países árabes para que no condenen a Israel en un encuentro del OIEA que tendrá lugar en septiembre. Al igual que el año pasado, cuando se discutió el tema, Estados Unidos volvió a recurrir a la falsa e insulsa justificación de que presionar a Tel Aviv para que se sume al TNP o condenarlo por no hacerlo, pondría en riesgo esfuerzos mayores por crear una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente, que debía discutirse en 2012. Sin embargo, ahora el imperio vuelve a pedir a los árabes mano suave para su aliado, para no sacrificarlo con el mismo pretexto. El cuento de nunca acabar. ¿Hasta cuándo se seguirá posponiendo la solución de un problema tan grave?

Las grandes potencias hacen oídos sordos a este tipo de propuestas, aunque vengan de la mayoría, pues solo están interesados en la no proliferación manipulada, y no en el verdadero desarme.

Descongelamiento Egipto-Irán preocupa a EE.UU. e Israel

Otra de las razones por las cuales la XVI Cumbre de los NOAL fue especialmente importante para sus miembros, levantando ronchas y recelo en Estados Unidos e Israel, fue el encuentro entre el presidente egipcio, Mohamed Morsi, y su anfitrión, Mahmoud Ahmadinejad. A Washington y Tel Aviv los asusta una posible reconciliación entre estas dos naciones, grandes en la región y sumamente importantes en el tablero geoestratégico del Medio Oriente.

La visita de Morsi a Teherán, en el marco de esta Cumbre, es la primera que realiza un presidente egipcio a Irán en más de tres décadas de relaciones diplomáticas rotas, lo que podría suponer —a pesar de las discrepancias entre ambos países en algunos temas, como Siria—, algún cambio en la región, para nada favorable a la Casa Blanca y sus amigos sionistas.

El Cairo y Teherán rompieron relaciones diplomáticas en 1980, meses después del triunfo de la revolución iraní, por causa de la firma del tratado de paz entre Egipto e Israel en Camp David, con la mediación del entonces jefe de la Casa Blanca, Jimmy Carter.

Egipto que, guiado por Mubarak, siempre rechazó los intentos de acercamiento de Irán, para no molestar a sus socios en Washington y Tel Aviv, ahora parece más dispuesto a un nuevo comienzo, con la jefatura de Morsi.

No puede desestimarse que el Presidente egipcio llegó a Teherán procedente de China —su primer viaje fuera de la región como jefe de Estado—, donde buscó potenciar las relaciones comerciales. El incremento de negocios con el gigante asiático podría disminuir la dependencia de la nación norteafricana de Washington.

La visita a Teherán demuestra, pasado ya un tiempo desde los comicios presidenciales de Egipto, que el discurso del jefe de Estado islamista, después del triunfo electoral, estaba condicionado por amarras más allá de El Cairo. Luego de una campaña en la que dijo que ambas naciones debían entablar vínculos «basados en intereses comunes y expandir áreas de coordinación política y cooperación económica» para crear «un equilibrio de fuerzas en la región», uno de sus cercanos lo desmintió. Ahora, la visita de Morsi a Teherán y el diálogo sostenido con Ahmadinejad al margen de la Cumbre de los NOAL, reafirman ese discurso de carrera electoral.

Aunque, por supuesto, no hay que apresurarse. Puede que las relaciones, muy frías, tomen un poquito de calor a partir de ahora. Después de tanto congelamiento es un buen comienzo.

Ya se habían dado algunos pasos. En febrero de 2011, la Junta Militar egipcia autorizó el paso de navíos iraníes por el Canal de Suez, aunque no quiso avanzar en el camino de normalizar las relaciones bilaterales. Más recientemente, en la cumbre de la Organización de Cooperación Islámica, celebrada en la ciudad saudita de la Meca, propuso la creación de un grupo de contacto para analizar la crisis siria, que esté formado por Irán, Egipto, Arabia Saudita y Turquía. Obviando las diferencias de estas naciones respecto al tema—salvo la nación persa, los otros países quieren la renuncia del presidente sirio Bashar al Assad—, la propuesta reconoce el rol importante que puede desempeñar Teherán en la solución del conflicto, a lo cual se ha negado hasta el momento Estados Unidos.

Egipto transita un escabroso camino para zafarse un poco del cordón umbilical de Washington, pero no quiere enemistarse con la potencia norteamericana. Y al parecer, Irán, con una política exterior inteligente, prefiere esperar. Irán está muy optimista, y de seguro su condición de presidente de los NOAL le ayudará a ganar mucho más protagonismo regional e internacional.

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