Una voz por la verdad frente a los grandes medios

La autenticidad, máxima de Por Esto! durante los 22 años de su existencia. Cálida como siempre, Mérida abre sus brazos para recibir a los amigos de la Isla

Autor:

Marina Menéndez Quintero

MÉRIDA, Yucatán.— Cuando, en marzo de 2005, Por Esto! revelaba la presencia de Luis Posada Carriles a bordo del Santrina en aguas de Isla Mujeres, el diario, quizá sin saberlo, prestaba un servicio al clamor del pueblo de Cuba contra la impunidad.

La denuncia, mantenida por el periódico luego de develarse la identidad de los personajes que iban en aquella embarcación, desmentiría la falacia utilizada por Posada después ante las cortes norteamericanas de que había entrado entonces a EE.UU. como un «ilegal» más, lo que resultaría pretexto para el mentiroso juicio donde se le «juzgó» como «indocumentado», y no por sus crímenes contra la Isla.

Aunque, finalmente, las pruebas fotográficas y testimoniales presentadas por el rotativo fueran echadas en saco roto por una administración que —como tantas otras en EE.UU.— han protegido el ejercicio del terrorismo de Estado contra nuestro país, aquella actitud se inscribió entre las tantas que retratan a Por Esto! como uno de los medios que hoy se alzan, casi en solitario desde la prensa impresa internacional, contra la mentira y la manipulación de los emporios mediáticos, a las órdenes del poder imperial.

No son pocos los entendidos que ubican al periódico yucateco entre los medios latinoamericanos que con más asiduidad, rigor y apego a la verdad reflejan el acontecer de Cuba.

Pero la Isla no es una excepción. Leal a la máxima de Dignidad, Identidad y Soberanía que preside la portada en cada edición, Por Esto! siempre se halla listo para dar la batalla a favor de la verdad y las causas justas.

Dos atentados con bomba en 2006 y amenazas de muerte, no muy lejanas, contra algunos de sus redactores y el mismo director, Mario Renato Menéndez, muestran cuán incómodo puede resultar para fuerzas oscuras un periódico que lo mismo denuncia las secuelas violentas del narcotráfico como su raíz, que Mario ubica en el mercado que la droga encuentra en el Norte y, también, en la desigualdad y la pobreza del Sur.

Tribuna contra la corrupción, el diario es voz de esos «ninguneados» —como les diría Galeano— a quienes siempre se les silencia. Es una práctica habitual de su Director reunirse con los habitantes de las localidades campesinas y mayas más remotas para enterarse y dar a conocer sus problemas y sus preocupaciones…

Pudiera parecer que ello hace complicada la vida de alguien que, por defender tales principios, está impedido de caminar solo, como cualquier mortal, por las calles del Yucatán que lo vio nacer o de asistir en familia a una función de cine, porque en ello podría irle la integridad física… Cuatro veces han intentado acallarlo mediante la muerte o el secuestro.

Pero Mario Renato Menéndez asume tales desafíos con la naturalidad de quien abraza el periodismo como una práctica comprometida, a la que le resulta inherente arrostrar los peligros que entraña a veces defender la verdad.

Ser consecuente con una filosofía de vida que él resume en algo aparentemente tan sencillo como la autenticidad, es lo que ha mantenido a este maestro de periodistas siempre el mismo desde que, en la década de los 60, viajó a Cuba como reportero de la revista Sucesos, luego de una invitación del Che que le permitiría conocer de primera mano el proceso revolucionario que se gestaba en la Isla: fue esa la primera parada de lo que luego sería un amplio periplo latinoamericano que lo llevó a las montañas centroamericanas, convirtiéndolo en vocero de los anhelos de la naciente guerrilla guatemalteca, y de quienes, ya en los 70 y 80, más al sur, también abrazaban la lucha armada en países como Colombia…

Pero de nada de esto habla Mario Renato Menéndez cuando, enfundado en la guayabera blanca que es su atuendo habitual —y constituye casi la prenda «nacional» aquí, en el sudeste mexicano—, recibe a los colegas que han llegado de Cuba para celebrar, con el colectivo que lidera, el vigésimosegundo aniversario de su periódico.

Modesto como siempre, Mario dice poco de sí y elude las entrevistas. Ha buscado un alto en su cotidiana y exigente labor editorial, justo a la hora de más tensiones en la Redacción, para recibir en su casa a los amigos de Cuba, junto a esa excelente anfitriona que es su compañera Alicia Figueroa, y lo hacen con la misma calidez con que Mérida, la capital del estado de Yucatán, nos saluda desde que llegamos.

Por donde pasó Martí

Tan frustrados con este fugaz invierno como sus vecinos de la Isla porque el calor apenas les ha permitido sacar los abrigos —aunque a la postre somos iguales de friolentos—, los yucatecos reciben dondequiera con cariño a visitantes que aquí, empero, forman parte del «paisaje» habitual.

Refugio de cubanos patriotas cuando la persecución de España trajo a estas tierras a independentistas cuyas vidas corrían peligro en la Isla, Mérida ha sido asiento de cubanos desde entonces.

Ello explica, quizá, esa simpatía ostensible desde que uno topa con el primer desconocido; una familiaridad más evidente cuando se aprecia el gusto con que se escucha aquí la música cubana, que ha pasado a ser también patrimonio local, al punto que muchos intérpretes a veces asumen como yucateca una composición hecha por un músico de la Isla, y viceversa.

Aunque, como región donde la civilización maya tiene uno de sus principales enclaves es plato típico e indispensable aquí la tortilla de maíz, hay gustos culinarios que nos emparentan, tales como la devoción por el frijol negro y la carne de cerdo, y es usual escuchar expresiones «clásicas» en Cuba como la exclamación «¡Chévere!», si algo sale bien.

También hay lazos en materia agrícola. Historiadores aseguran que el henequén llegó a Matanzas desde estas latitudes, llevado por los criollos pudientes que huyeron de la península cuando los mayas, hastiados de la explotación y reticentes a ser colonizados, se sublevaron en la denominada Guerra de Castas, que duró décadas. Localidades como la típica Valladolid quedaron virtualmente vacías en esa época. Y también fueron llevados a la Isla muchos indígenas en condiciones de esclavitud.

La cercanía geográfica ha sido la razón fundamental de ese intercambio que llegó a tener gran importancia para los yucatecos desde el punto de vista comercial, pues era más fácil navegar unas cuantas millas hasta Cuba, que emprender un viaje de días y días, por serpenteantes o selváticos caminos, hasta la Ciudad de México.

Entre los cubanos cuyo paso por estas tierras es más recordado figura, desde luego, Martí, deslumbrado por la deidad maya conocida como Chacmool cuando estuvo en las aún imponentes ruinas de Chichén Itzá: una visita a las culturas originarias que le depararía su primer encuentro con el hombre autóctono americano.

La playa de Progreso también conoció de su paso durante aquella visita a Yucatán en 1877, y de la que escribiría en El Economista Americano: «Mérida, linda como un sueño, con la hamaca por asiento familiar; la mesa puesta a todas horas para el extraño... las mujeres moras americanas... y el campo mismo, elegante como la ciudad y pulcro como un jardín».

Raíces en la isla

También Mario Renato Menéndez tiene raíces en Cuba tan profundas como la amistad que le reciprocan muchos colegas.

En mayo de 1894, el José Martí que aunaba voluntades entre la emigración para desatar la Guerra Necesaria, le escribe una dramática carta a su tío-bisabuelo, el cubano Rodolfo Menéndez, llegado a Yucatán junto a su bisabuelo Antonio para evadir la persecución de España.

Educadores y luchadores independentistas ambos, fundarían en la península mexicana un club en busca de fondos para la manigua. «La posesión de Cuba, Menéndez, cambiaría el mundo», le advierte el Apóstol a Rodolfo. «Me ofreció una vez su casa. Ahora se la pido. Si no tiene más que ella, déla». Y cuentan los historiadores que aquel la vendió...

Heredero de aquellos sentimientos, Mario Renato Menéndez me confesó ya alguna vez que él había nacido con la Revolución Cubana «y no todos —consideró— tienen ese privilegio».

Acompañado de amigos del Caimán ahora recuerda nuevamente sus estancias en la Isla e ilustra a los menos maduros sobre la forma en que ejerce el periodismo en su México natal; primero, desde la publicación ¿Por qué?, y luego con Por Esto!

Se le ve orgulloso de que ningún otro diario del país —asegura— dé una noticia que su periódico no tenga. Hasta las cuatro de la mañana permanece en vela desde su despacho, aledaño a la Redacción, atento él mismo al acontecer informativo, para que no se escape nada.

Sabe cómo formar a los jóvenes, a quienes inculca, sobre todo, la valentía que caracteriza al diario, y la ausencia de «compromisos» con grupos de poder que, junto al respeto por la verdad, forman parte de eso que él denomina «ser auténticos».

Por sus valores fue condecorado en 2009 con la presea La utilidad de la virtud, que otorgan la Sociedad Cultural José Martí de Cuba y la Unesco, en atención a su ejemplar ejercicio del periodismo y su aporte a la unidad de América Latina.

Con esos postulados como premisa, Por Esto! celebra su vigésimosegundo aniversario este jueves 21 de marzo, y lo hace rodeado de merecido reconocimiento.

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