Un activo juvenil lleno de héroes

Provenientes de los estados del oriente —Miranda, Monagas, Bolívar, Sucre, Nueva Esparta, Delta Amacuro y esta sede, en la capital de Anzoátegui—, 116 delegados en representación de las 12 misiones cubanas discutieron en comisiones y en sesión plenaria tres temas que son uno: cómo concretar el concepto de Revolución de Fidel

Autor:

Enrique Milanés León

BARCELONA, Venezuela.— La conocida frase de Fidel en el acto por el centenario de los campanazos emancipadores en Demajagua: «Nosotros entonces hubiéramos sido como ellos; ellos, hoy, hubieran sido como nosotros», inspiró aquí, del pasado al futuro, el primer activo regional de los jóvenes que cumplen misión internacionalista en la tierra de Bolívar y de Chávez.

Provenientes de los estados del oriente —Miranda, Monagas, Bolívar, Sucre, Nueva Esparta, Delta Amacuro y esta sede, en la capital de Anzoátegui—, 116 delegados en representación de las 12 misiones cubanas discutieron en comisiones y en sesión plenaria tres temas que son uno: cómo concretar el concepto de Revolución de Fidel, cuáles vías tienen para continuar desde sus puestos el legado histórico de los cubanos, y qué hacer para que la juventud mantenga su sitio en la vanguardia.

En el teatro Doctor Carlos Escarrá, en el sector de Guaraguao, los bisoños colaboradores debatieron entre ellos, pero también intercambiaron con Julio César García Rodríguez, jefe de la Oficina de Atención a las Misiones (OAM) cubanas en Venezuela, y con Orlando Álvarez Acosta, jefe de nuestro Grupo de Trabajo en esta nación.

Las intervenciones partieron de la conciencia de que, frente al muy mal disimulado interés imperial en socavar el patriotismo de la juventud cubana para apoderarse de nuestra patria, no hay mejor respuesta que seguir nutriendo con valor y con valores —«ponerle pichón», dijo uno con frase venezolana— una Revolución hecha por jóvenes.

En una exposición abarcadora, el joven doctor Luis Javier Arechavaleta presentó en paralelo dos imágenes harto elocuentes: de un lado, la icónica imagen de Fidel y Raúl liderando la tropa guerrillera, en alto los fusiles; del otro, personal médico de hoy con su blanco uniforme y sus puños al cielo. ¿No es el mismo objetivo?

Adrián Campos Moya, un jovencísimo optometrista, enfocaba el compromiso desde otro ángulo: esta juventud que confió en sus Pioneros, su FEEM, su FEU y su UJC es hija y nieta de los cubanos que no solo consolidaron nuestra Revolución, sino que vencieron el apartheid, de modo que ahora dispone de toda la fuerza y la moral para defender, desde su apoyo al proceso bolivariano, el destino de Nuestra América.

Ahí están las palancas de futuro en las frases de Fidel: no podemos soñar un mañana mejor sin asomarnos a nuestro pasado, reconocía, inspirado en el Comandante en Jefe, el médico endoscopista Yacser Lorenzo García. Solo esa convicción puede explicar la seguridad de jóvenes como el doctor Roger Montoya Infante, quien recordó que la Revolución Cubana es única, continua y ascendente y que su generación aporta a esa distinción, esa continuidad y a ese ascenso perenne.

A estos muchachos que enorgullecen y desvelan a miles de familias en Cuba les interesa sobremanera que el mundo conozca, vía redes sociales, la única verdad posible que encierra el internacionalismo: la del amor. Esa es una de sus ocupaciones, como es una de sus prácticas permanentes la solidaridad con sus propios compañeros, porque en una Venezuela en guerra y revolución, las cosas no son sencillas.

En cambio, están firmes. Más del 60 por ciento de los 22 000 colaboradores cubanos aquí tienen menos de 35 años, y la mitad de esos muchachos debutaron en este país como trabajadores, de modo que la misión es a un tiempo una prueba de carácter y un examen de amor. En general, las notas son sobresalientes, lo cual se traduce a menudo en avales para ingresar a la Juventud y al Partido o en responsabilidades en la patria que ni ellos mismos soñaron.

Julio César García Rodríguez les hizo dos historias: la chiquita de la misión y la grande de Cuba. Esta senda internacionalista en Venezuela —les decía el jefe de la OAM— la iniciaron cubanos curtidos; hoy, está en su mayoría en manos juveniles… y es toda una fortaleza.

Esos muchachos felices de ver juntas tantas caras de cubanos, esos que luego se fueron a la playa bajo un aguacero, esos que esa noche no durmieron ni dejaron dormir, aplaudieron por un rato esa idea. Cada uno sabía que Fidel no se equivoca: en este activo y en esta misión, los grandes hombres de Cuba hubieran sido justo como ellos.

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