Historia de pavos e iraquíes

Autor:

Juana Carrasco Martín

Flyer (aviador) agitó sus alas y corrió seguro; Fryer (sartén) tampoco vio la candela. Ambos recibieron la gracia presidencial, como es tradición en Estados Unidos, y estos dos pavos vivirán hasta que les llegue su día por el normal curso de natura. Pero otro guanajo, al que no se le conoce nombre, será comido este jueves por la familia Bush en Camp David, la residencia campestre de los mandatarios norteamericanos en las afueras de Washington.

Es el Día de Acción de Gracias, el Thanksgiving, una de las fiestas más enraizadas en la historia de EE.UU., y el animalito anónimo y con mala suerte será acompañado en la mesa por el tradicional pan de maíz, la salsa de arándanos, el puré de papas y los dulces de calabaza.

Foto: AP Sin embargo, muchos más serán los sacrificados. No es una referencia a los 45 millones de aves que deleitarán las fiestas de otros, sino a seres humanos que no alcanzan el perdón imperial y serán masacrados este jueves como ha ido ocurriendo desde marzo de 2003 en la guerra contra el pueblo iraquí desatada por George W. Bush.

También habrá Thanksgiving en los campamentos militares de los invasores en cualquier lugar del país mesopotámico, en los cuarteles de la Zona Verde de Bagdad —por cierto, empleados de Kellogg Brown and Roots, la subsidiaria de Halliburton cumplen con maña otro contrato que les de ganancias: decorar para la ocasión los feudos de los ocupantes.

¿Comerán hoy con la conciencia tranquila los que durante las vísperas realizaron un raid en el vecindario Sadr City de Bagdad y mataron a cinco personas, entre ellas una madre y su bebé de ocho meses, e hirieron a otras 18? Las tropas que llevaron a cabo la operación fueron acompañadas por una nave aérea estadounidense armada con rockets y otras armas de menor calibre, pero suficientes para sembrar la muerte en el barrio chiita.

Esta fue apenas una acción más del gran festín bélico en el que se ponen en la mesa a los iraquíes y también a los propios efectivos estadounidenses. En lo que va de mes más de 3 000 iraquíes han perdido la vida en los enfrentamientos armados, ataques, explosiones de bombas y asesinatos a sangre fría; mientras que en los tres años y medio que dura ya el conflicto, 2 868 norteamericanos han sido sacrificados por igual, en aras de los intereses petroleros y geopolíticos de Estados Unidos y de quien ahora los encabeza: la horda Bush. En ese mismo lapso han muerto 650 000 iraquíes en un interminable desfile hacia el matadero, y la cuenta sigue...

Un humorista estadounidense, David Letterman, tocó otra arista de la ocupación militar cuando hizo su broma-en serio para la ocasión: Bush le perdonaría la vida al par de pavos, después que el vicepresidente Dick Cheney, se pasase un día «torturándolos».

De seguro, los agentes en las cárceles secretas de la CIA, los guardias en cada uno de los campamentos de máxima seguridad en la ilegal Base Naval de Guantánamo, los soldados y policías militares en las prisiones de Iraq y de Afganistán harán su cena, y entre un bocado y otro le apretarán las tuercas a los indefinidamente detenidos para que confiesen supuestos vínculos con el terrorismo...

Pero Bush, el magnánimo, le perdonó la vida a dos pavos.

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