Yo vi a Fidel

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Fidel estaba allí en la Plaza de la Revolución. No fue alucinación ni delirio de este reportero. Estos ojos lo vieron de una manera sutil y esencial, sin verlo. Lo sintieron, así como se palpan las irradiaciones de esos seres que se multiplican y resumen tiempos y multitudes; hombres-pueblos que nunca nos abandonan, más allá de las contingencias de la Naturaleza, el Destino o Dios.

Claro que Cuba entera aguardaba por la reaparición pública de Fidel este 2 de Diciembre. Lo urgía y se quedó con el deseo, como si un convaleciente no mereciera el tiempo necesario. El mundo entero esperaba también. Y no faltaron quienes especulaban y seguirán apostando al final de un símbolo, unciendo el derrotero de la nación cubana a la expiración de la biología de un hombre que se le ha enconado con saña a los depredadores de la vida y el pensamiento justiciero.

Insisto: este observador nada imparcial encontró esencias de Fidel en aquel desfile más enamorado del valor y de la paz que de ansias bélicas. Ni los tanques, la infantería, la artillería y la defensa antiaérea, ni esos supersónicos pájaros de fuego Mig que mostraron una señal al enemigo norteño, pudieron superar el evangelio de un país que ha comulgado siempre por defender sin titubeos el amor sin fronteras, por encima de sus desamores y defectos.

Sí, Fidel estuvo allí en un elocuente desfile militar.

Pero más allá de los cañones y los cohetes antiaéreos, de todo el arsenal bélico, este reportero descubrió que, tras los artilugios de la técnica, siempre hay algo primordial en el ser humano.

Después de un meticuloso despliegue de armamentos en el desfile por el 2 de Diciembre, uno llega a confirmar que no hay ejército sin soldados. Lo más estratégico que tiene Cuba no es su probidad bélica ni sus tecnologías, sino esa gente difícil e inteligente que la sostiene siempre. Los compatriotas que siempre conducen a este país en pos de la realización humana.

Un día tan preñado de bravuras y desafíos antiimperialistas en esa misma gente que a diario enfrenta el difícil vivir, uno se asombra de que el arma más eficaz de este país sea la clarividencia de los cubanos. Que la vida nos ayude a inclinar la balanza a favor del bien, por encima de tantos sortilegios. Eso es lo que proclamaron y esperan esas personas que ayer fueron a la Plaza, con Fidel.

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