La «normalidad» de Israel

Autor:

Luis Luque Álvarez

Acusado de corrupción, fracasado en la agresión al Líbano, tiene que dolerle la cabeza. Foto: AP Así lo dijo un estudiante israelí a un corresponsal del diario español El País: «Israel ya es un país normal». ¿Por qué? Por una cita de su primer jefe de gobierno, David Ben Gurión, en los años cuarenta: «Israel será un país normal solo cuando tenga sus propios ladrones y prostitutas».

Y de ladrones, que no de rameras, se habla bastante hoy en el Estado judío. Ah, y de guerras fracasadas, y de renuncias.

El nombre que está en el centro de la tormenta es el del primer ministro Ehud Olmert, jefe del partido Kadima, fundado por el hoy durmiente Ariel Sharon en 2005. Como la tempestad arrecia, las aguas ya se llevaron al primero: el jefe de Estado Mayor Dan Halutz, quien, enterado de que habría guerra contra el Líbano, vendió secretamente sus acciones bursátiles, antes de que el conflicto desplomara su valor en el mercado.

Quedan dos: Olmert y su ministro de Defensa, Amir Peretz. Este último, un judío de origen marroquí, que presentó su origen humilde y su credencial de pacifista para hacerse ver como una alternativa electoral creíble a los ojos de los más preteridos de la sociedad.

Su problema no es la corrupción, sino su pésimo manejo de la guerra contra el Líbano, que ni trajo de vuelta a dos soldados capturados por la milicia Hizbolá, ni acabó con ella. Algunos predijeron que el líder sindical, una vez al frente del aparato militarista de Israel, sucumbiría si no se plegaba. Y no sucumbió. Eran correctos los pronósticos.

Hoy, el electorado israelí no quiere oír de él, ni de Olmert, por cierto. Una encuesta del Instituto Geocartografía arrojó que el 70,9 por ciento de los consultados desea que Peretz renuncie, y otro 50,2 pide lo mismo al jefe de gobierno. De modo que el titular de Defensa puede liar los bártulos e irse a esperar que nieve en el desierto del Sahara, que nadie lo va a extrañar. Ah, y adiós a su prestigio de líder obrero y a sus sueños de Primer Ministro.

En cuanto al punto de la corrupción, Olmert tiene el fango a la cintura. Acaban de abrirle una pesquisa criminal por tráfico de influencias mientras fue titular de Finanzas, en 2005. Publicada la oferta de privatización del Banco Leumi, el entonces ministro intervino a favor de un amigo suyo, el magnate australiano Frank Lowy.

Incluso un vocero del Ministerio de Justicia reconoció que existía «evidencia suficiente para justificar la apertura de una investigación». Un experto del diario Haaretz avisa que es imposible iniciar un proceso de este tipo contra un gobernante en ejercicio, y que el Fiscal General podría desestimarlo. Pero vean cuánto creció la ciénaga, que hasta una sobrina del alto magistrado está involucrada, por lo que él prefirió no pronunciarse.

Entonces, Olmert va también a la fila de los tramposos. Ya estuvo Sharon cuando, siendo canciller en la pasada década, medió a favor de un empresario para que pudiera edificar una red de hoteles en una isla griega. También está en cola el actual presidente Moshe Katzav, acusado de acoso sexual. Y estuvo Benjamín Netanyahu, sospechoso de haberse apropiado ilegalmente de obras de arte mientras era Primer Ministro...

Todos, a su manera, ponen su granito de arena para la «normalidad» de Israel.

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