Sinfonía en tiro limpio, de Wolfgang S. - Opinión

Sinfonía en tiro limpio, de Wolfgang S.

Autor:

Luis Luque Álvarez

Schäuble pretende seguir los pasos «antiterroristas» de Bush. Foto: Reuters

Para el fabuloso sastrecillo valiente, la solución a los problemas del reino —acechado por gigantes, unicornios malhumorados y feroces jabalíes— era mostrar su cinturón, grabado con la divisa: «Siete de un solo golpe», que bastaba para impresionar a toda la comarca y hacerla creer que el hombrezuelo tenía la situación bajo control. Aunque su éxito se reducía a haber liquidado siete moscas...

El gobierno de la Alemania actual, muy diferente a la de los hermanos Grimm, no ve peligros en los cada vez más escasos jabalíes, sino en un espectro que, si bien no es nuevo, recorre caprichosamente el mundo desde que un sujeto se las arregló para echar abajo dos edificios en Nueva York: el terrorismo.

Para hacerle frente en el país europeo, no hay hoy un corajudo sastre, sino un ministro del Interior: Wolfgang Schäuble, conocido por su inclinación a la «mano dura» —alguna vez propuso estacionar tanques del ejército frente a los estadios de fútbol, durante el Mundial 2006.

Ahora vuelve por las mismas, al soltarles a sus coterráneos la idea de legalizar de un solo manotazo —igual que el héroe de los Grimm— prácticas como el asesinato selectivo de sospechosos de terrorismo, tanto dentro como fuera de Alemania, y negarles el acceso a internet y el derecho a poseer un teléfono celular. Y todo porque alguien sea —ahí está el detalle— simplemente sospechoso.

En los hechos, si un policía se oliera que un individuo con cara de pocos amigos —aunque la haya heredado de sus padres— guarda una bomba de una tonelada en el bolsillo derecho, tendría la potestad de desenfundar su arma y llenar de agujeros al «criminal». De igual manera harían los agentes del espionaje para sacar del juego a cualquiera que, sentado en un parque en una ciudad de Oriente Medio, pudiera estar pensando en enviar una carta con el virus del ántrax al mismísimo Bundestag (Parlamento alemán).

¿Legalizar el asesinato de una persona? ¿Ir a cometerlo incluso más allá de las fronteras alemanas? ¡Hum! De seguro el viejo Wolfgang —ya criticado por el propio gobierno, por la oposición y por la policía germana—, en vez de escuchar los conciertos de su tocayo austríaco, que inducen a la vida y la armonía, se estará deleitando por estos días con algún discursillo de George...

Pero es de «seguridad» que estamos hablando. Y pocos de los aliados de Washington quieren quedarse atrás en el tema, con los ecos de las bombas aún escrutando las esquinas en Madrid y Londres. Si hay que tomar «medidas drásticas», pues se toman, aunque las leyes queden al campo. Esa idea de ejecutar sospechosos tiene cierto sabor a neurosis made in USA, y provoca que las autoridades se olviden de los derechos de los ciudadanos de adentro para ir a «velar» por los derechos de los de afuera, sea en Bagdad o en Kabul.

Cabe anotar que la imaginación de Schäuble no se detiene ni ante lo que la Unión Europea dice considerar un principio básico: la prohibición de la pena de muerte. Tal figura penal no aparece en las legislaciones nacionales de la UE, por tanto, un juez no podría jamás dictarla.

En consonancia con el artículo 2.2 de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, que reza: «Nadie podrá ser condenado a la pena de muerte ni ejecutado», la comisaria de Relaciones Exteriores del bloque, Benita Ferrero-Waldner, ha apuntado que derogar ese tipo de condena «es una prioridad máxima en materia de derechos humanos en nuestras relaciones con terceros países y en foros internacionales como las Naciones Unidas. Los europeos somos los principales opositores a la pena de muerte y partidarios de su abolición universal. Y no descansaremos hasta que la pena de muerte se convierta en cosa del pasado en cada país del mundo».

Luego, ¿cómo es que a un titular del Interior de la UE se le ocurre dar luz verde a una práctica tan execrable como el asesinato selectivo, quizá de personas inocentes, bajo pretextos de «contraterrorismo»? ¿Quitarle la facultad a un juez para, en la concreta, otorgársela a un francotirador que la ejecute en plena calle? Bueno, dirá cualquiera, a su tiempo algunos permitieron que la CIA transitara por Europa con su carga de torturados, así que ¿qué hay de nuevo en esto?

Si a tiro limpio y rápido —como el guantazo del sastre a las moscas— piensa Schäuble eliminar amenazas, mírese en el triste espejo de aquellos aliados de Alemania que acostumbran darlos, y que ya recibieron contragolpes.

Ah, claro: y que no haga quedar mal a Benita.

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