«Obamalegres» en Europa - Opinión

«Obamalegres» en Europa

Autor:

Luis Luque Álvarez

Si en la noche del 4 de noviembre, tras conocerse el triunfo del demócrata Barack Obama, se hubieran podido escuchar al unísono las reacciones en los despachos de los gobernantes europeos, el mundo hubiera captado el eco de un enorme suspiro de alivio...

Obama y la canciller alemana Merkel, Sí, porque aunque muchos de los líderes de la Unión Europea mostraban sus alegres y blancos dientes cuando se reunían con el peligroso sujeto que dirá adiós el 20 de enero, vale decir que el republicano John McCain les sonaba a más de lo mismo. Y ahora hacen la ola por el demócrata.

Por ejemplo, para la canciller federal alemana Ángela Merkel, la palabra es «cooperación». Las relaciones entre Berlín y Washington mejoraron al marcharse el socialdemócrata Gerhard Schroeder, uno de los que le agriaron a Bush el banquete de Iraq, y de los que mereció que el entonces jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, le endilgara la cómica frase de «vieja Europa», contrapuesta a una Europa del este más entusiasta en seguir a Washington hasta al infierno si era menester.

Con Merkel, la cosa mejoró, pero al de la Casa Blanca no le cayó en gracia que ella criticara el campo de concentración en la ilegal base de Guantánamo. Si Obama honra su palabra, a ese fatal templo de la tortura y el terror se le pasará cerrojo. Y quizá también el nuevo mandatario olvide que el gobierno alemán le negó en julio pasado su anhelo de dar un discurso electoralista junto a la Puerta de Brandemburgo, emblema de Berlín. ¡Y mira qué rumbos tomó la vida!

Otro que no se esconde para sonreír es el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien presenta a España como «un amigo y un aliado fiel» de la nueva administración. Sabe que le irá mucho mejor que si el vencedor hubiera sido McCain, quien se negó a responder si estaría dispuesto a sentarse a conversar con el inquilino del Palacio de la Moncloa. En uno de sus debates con el republicano, Obama reivindicó la necesidad de buenas relaciones con España. Y es eso lo que Madrid espera...

Por su parte, el británico Gordon Brown se mostró encantado y aludió a «valores compartidos» con Obama. En teoría, el Partido Demócrata de EE.UU. y el Laborista de Gran Bretaña poseen vínculos «naturales» por estar algo «a la izquierda» de sus oponentes republicanos y conservadores, pero entre ambos países existe una sintonía de intereses que supera partidismos. Recuérdese si no el bien llevado matrimonio entre Bush y el siempre complaciente Tony Blair, a pesar de que este último lideraba un partido «de los trabajadores».

Ahora bien, mejores relaciones entre ambos lados del Atlántico suponen dejar atrás una era en que los caprichos de la Casa Blanca eran ley. No es que haya sido distinto en otros tiempos, pero con Bush la tuerca perdió la rosca.

Según Obama, hay que conversar con simpáticos y no tan simpáticos, y es lo que tendrá que hacer en una gama de asuntos. Por ejemplo, la crisis financiera mundial. Sus diatribas contra Wall Street, su pedido de poner algo de regulación en los mercados financieros, rozan con las acciones europeas para frenar el desplome del sistema bancario. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, habla de «refundar el capitalismo», y de seguro el demócrata escuchará sus ideas y las de otros en su intento de lanzar un salvavidas inaplazable al modelo de consumo.

Otro punto es Afganistán, donde el panorama se torna más cruento mientras el «cadáver insepulto» de los talibanes se levanta como si nada. Obama, pintado con un ramo de olivo en cuanto a Iraq, porta un casco guerrero cuando se habla de Afganistán, a donde quiere enviar más tropas. Allí hay además soldados españoles, franceses, germanos, italianos, holandeses, etcétera, y algunos en lugares más peligrosos que otros. Necesariamente el nuevo presidente tendrá que esbozar mejores modos que su antecesor Bush para convencer a sus aliados de redistribuirse en el terreno y de aportar más efectivos, antes de persuadirse de que la regla es la misma en ambos sitios: no se puede agredir a un país y pretender ocuparlo indefinidamente.

Por último, está Rusia. EE.UU. se ha ocupado en buscarle las cosquillas al gigante euroasiático, sea cercándola con bases de la OTAN, sea ideando un provocador «escudo antimisiles» en Polonia y la República Checa. Cuando, en agosto, Georgia agredió a Osetia del Sur y recibió un manotazo, Obama se sumó a quienes condenaron a Moscú, sin averiguar por el culpable: «No importa cómo empezó el conflicto; Rusia ha ido más allá en su disputa sobre Osetia del Sur y ha invadido a otro país», dijo.

A pesar de esto, el futuro presidente ha sido cauto, en comparación con las propuestas de aislar a Moscú, anunciadas por McCain —la candidata republicana a vice, Sarah Palin, dijo incluso que se podría atacar a Rusia, lo que induce a pensar que la pobre mujer estaba más atrás que los cordales—. Es de prever que evite azuzar demasiado al oso y haga discretamente a un lado a los ex socialistas europeos que desearían un choque entre potencias. De hecho, en su programa electoral, Obama advierte que no dará recursos a ningún proyecto defensivo si no está seguro de que realmente protegerá a los estadounidenses. ¡Pues ese mismo es el caso del escudo antimisiles!, por lo que checos y polacos quizá deban aparcar su belicoso entusiasmo...

Pero todos son pronósticos. En los próximos días, los «obamalegres» europeos seguirán calibrando al nuevo socio.

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