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Diario de Guerra

Autor:

Randy Alonso Falcón

Obama acaba de anunciar que la retirada de las tropas norteamericanas de Iraq no comenzará hasta el 2010 y que destinará 130 000 millones de dólares del presupuesto de ese año para la financiación de las guerras. El mando militar dice que unos 60 000 soldados deben permanecer en Afganistán los próximos tres o cuatro años. El futuro es incierto en los dos escenarios bélicos para Estados Unidos, mientras continúan produciendo muertes, violencia, traumas psicológicos y noticias.

Más hombres para el frente

El Pentágono está a la caza de más efectivos para sus tropas y se aprovecha de la debacle social provocada por la crisis económica.

En diciembre pasado, el subsecretario del Ejército, Nelson Ford, en entrevista concedida a The Washington Times, reclamaba que el cuerpo armado necesitaba por lo menos 30 000 soldados más para continuar sus guerras por distintas partes del mundo.

Según Ford, esa fuerza, una de las cuatro que componen las Fuerzas Armadas de EE.UU., necesita un total de 580 000 soldados para atender sus escenarios de guerra y otras necesidades de los mandos militares.

Los medios de comunicación han anunciado en estos días que el Ejército mejoró la capacidad para reclutar y retener soldados en medio de la crisis económica, la peor en 80 años. Fresca carne de cañón para los planes imperiales, obligada por la dura realidad que hoy se vive en la norteña nación.

A ello se suma el insólito hecho revelado por The New York Times de que por vez primera desde la Guerra de Vietnam, el Departamento de Defensa de EE.UU. reclutará a inmigrantes con visas temporarias, si han vivido en ese país un mínimo de dos años. A cambio, los reclutas podrán iniciar el trámite de ciudadanía seis meses después de su inscripción.

El Ejército ha dicho que espera que estos inmigrantes tengan más educación, conocimiento de idiomas y pericia profesional que muchos estadounidenses que se ofrecen como voluntarios.

Abandonados en casa

Los que regresaron de las guerras son muestra del no futuro para los que parten hacia los conflictos. Dieciocho veteranos de guerra se suicidan cada día en Estados Unidos, más que los soldados que mueren en combate, señala un informe del Departamento de Veteranos. Uno de cada tres hombres sin techo en el país ha vestido el uniforme militar. Unos 200 000 ex soldados duermen cada noche en las calles.

La RAND Corporation, por su parte, estimó que 300 000 veteranos de Afganistán e Iraq sufren de estrés postraumático o de depresión grave, en tanto otros 320 000 padecen lesiones cerebrales, a menudo causadas por las bombas colocadas al borde de los caminos.

Menos de la mitad de los afectados recibe ayuda del Gobierno que los mandó al frente de batalla. A muchos de los que solicitan asistencia médica se la niegan.

Armas perdidas

Cuando el presidente Obama centra sus objetivos guerreristas en Afganistán, enviando más tropas hacia ese país, un informe de la Contraloría General de Estados Unidos (GAO) ha levantado alarmas al advertir que el Pentágono ha perdido la pista de decenas de miles de armas enviadas a aquel país centroasiático y que pudieran estar en manos del Talibán.

Según la GAO, no hay registros completos de 87 000 armas de las 242 000 enviadas por el Departamento de Defensa a Afganistán. Eso incluye rifles, escopetas, ametralladoras, morteros, lanzagranadas, cohetes y misiles.

Charles M. Johson, director de Asuntos Internacionales y Comercio de la GAO, destacó que «son comunes los informes de presuntos hurtos y de la reventa no autorizada de armas, incluyendo el caso de un comandante de un batallón de la policía afgana, en una provincia, que presuntamente le estaba vendiendo armas a las fuerzas enemigas». Y añadió: «Las deserciones en la Policía Nacional Afgana también han resultado en la pérdida de armas».

Iraq y Afganistán siguen siendo países en ruina y caos. Los civiles continúan siendo asesinados impunemente. Más bajas norteamericanas se contabilizan. El flujo de dinero para la guerra y la destrucción no para. La caza de reclutas tampoco. El imperio cambia de imagen, pero no de filosofía.

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