Educar inteligencia y emociones

Autor:

Armando Hart Dávalos

Hace ahora 50 años se inició el primer curso escolar de la Revolución, presidido por una frase del Apóstol que sirvió de guía para todo el esfuerzo educacional del naciente proceso revolucionario en nuestro país: «Ser culto es el único modo de ser libre». Y como un símbolo inequívoco de la voluntad del Gobierno revolucionario de darle cumplimiento al programa expuesto por Fidel en su alegato de autodefensa en el juicio del Moncada, Raúl Castro y Camilo Cienfuegos hacían entrega, el 14 de septiembre de 1959, a nombre del Ejército Rebelde, del antiguo campamento de Columbia para convertirlo en lo que sería la ciudad escolar Libertad. Con este motivo, saludo a profesores y alumnos y a todos los que han hecho posible la colosal obra educacional de la Revolución en estas cinco décadas, junto al homenaje a Fidel, inspirador de esa gran proeza que trasciende nuestras fronteras y es reconocida internacionalmente.

Al calor de aquellos desafíos iniciales redacté, con la orientación y cooperación de los mejores pedagogos del país en aquel tiempo, el Mensaje Educacional que se dio a conocer, desde Santiago de Cuba, a los maestros y profesores del país y que resumía una hermosa tradición del magisterio cubano desde los tiempos fundadores de nuestra nación. En ese texto se plantea:

«El más eficaz instrumento de la cultura humana, aquel que más ha servido para ensanchar y afirmar el desarrollo y el progreso del hombre, porque es medio supremo de interacción y de comunicación humanas, el maravilloso medio del lenguaje, nos muestra, a veces de modo inequívoco, cómo la cultura de un pueblo nace, se enriquece y progresa en la medida en que está arraigada en la entraña del pueblo mismo y por él nutrida, y en la medida en que pueda entablar relación con la cultura de otros pueblos. (…) Cuando la cultura pierde su firme arraigo en el alma popular, se torna cultura meramente académica, siempre endeble y sin nervio»1.

Observarán ustedes la actualidad que tienen estas líneas para la educación de hoy no solo en Cuba sino en América Latina. Aspiramos a que el texto de ese Mensaje Educacional sea del conocimiento de todos los maestros, para que investiguen el pasado y puedan construir mejor el porvenir de la educación.

Poseemos una rica tradición pedagógica que es preciso destacar e investigar. Ya desde la primera mitad del siglo XIX, en el período forjador de la nación cubana, José de la Luz y Caballero, considerado el fundador de la Escuela cubana, señaló en uno de sus numerosos aforismos que instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo. Años más tarde, José Martí, continuador de esa línea de pensamiento pedagógico precisó que: Instrucción no es lo mismo que educación: aquella se refiere al pensamiento, y esta principalmente a los sentimientos, y añadió que el pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos en la instrucción y en los sentimientos2.

Ambas figuras reflejan lo que ha sido una orientación clave de la pedagogía cubana, concebir la escuela en el contexto más amplio de la sociedad para poder contribuir de modo eficaz al objetivo de preparar al hombre para la vida y ponerlo en consonancia con su pueblo y con su tiempo.

Inmediatamente después de su ya mencionada frase «Ser culto es el único modo de ser libre»3, Martí añadió esta otra: «Ser bueno es el único modo de ser dichoso».

¿Quieren ustedes ser dichosos en la vida? Practiquen el bien y encontrarán una dicha personal. Hay numerosos ejemplos que confirman lo expresado por Martí de que la mejor forma de ser dichoso es practicar el bien: los médicos se alegran enormemente cuando curan un enfermo, cuando salvan una vida; los maestros cuando sus alumnos crecen, se desarrollan y tienen éxitos; en general hacer el bien, ser solidarios produce felicidad. El amor, que dignifica y exalta la vida, está presente en todo el que hace un trabajo honesto, y eso le proporciona satisfacción personal. Esto tiene un enorme valor pedagógico.

El fundamento filosófico de estos hechos se pone de manifiesto en lo siguiente: en la historia de las civilizaciones el pragmatismo feroz ha ido fragmentando dos categorías fundamentales de los humanos: la inteligencia y las emociones. En la cultura anglosajona, se exalta el pragmatismo y la competencia más despiadada entre los seres humanos, y los perdedores merecen ser aplastados.

La manera de encontrar un camino científico y filosófico para el mundo del presente y del futuro es relacionar esos dos elementos presentes en la condición humana: las emociones y la inteligencia, y que ellas nos conduzcan a la acción. Cuando esto se vincula, aparece el amor. Las emociones pueden conducir al odio, a la envidia y a la quiebra del carácter humano cuando no son conducidas con inteligencia. Ese vínculo e interacción está presente, en su más alto grado, en los fundadores de la escuela cubana, en Varela, Luz y Caballero, José Martí, y en todas las grandes figuras de la historia universal.

Con el recuerdo emocionado de estos aniversarios renuevo la convicción de que las nuevas generaciones de educadores, sobre el fundamento de la rica tradición que atesora nuestro país, puedan hacer frente a los enormes retos que se nos presentan en estos inicios del siglo XXI, contando para ello con el ejemplo de nuestro Comandante en Jefe y del compañero Raúl Castro.

El recuerdo de la historia y del deber cumplido deben servirnos de acicate para trabajar mejor y cumplir de manera eficaz las nuevas responsabilidades. Para ello, promovamos la cultura general integral en la que tanto ha insistido Fidel y abramos cauce, sobre la base de la experiencia acumulada en estos 50 años, a las nuevas acciones que nos permitan hacer avanzar, hacia más altas metas, la educación cubana.

1 Discurso pronunciado en Santiago de Cuba, 30 de noviembre de 1959.

2 José Martí, O.C. t. 19, p. 375, Edición Karisma Digital.

3 J. Martí, O.C. t. 8, p. 289, Editora Nacional de Cuba, 1964.

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