Con la premura del combate

Autor:

Hugo García

No estaba colérico, sino con la vergüenza y la virilidad de los cubanos reflejada en su rostro. A Fidel lo recuerdo aquel 6 de diciembre en la escuela primaria Marcelo Salado con la premura del combate. Llegó como un huracán, tras la justicia.

En esa escuela cursaba estudios el pionero Elián González, cuando después de una trágica salida ilegal del país hacia Estados Unidos, fue rescatado por unos pescadores y separado de su padre, mediante el secuestro, por la mafia de Miami.

En el aula de Elián, Fidel conversó con la prensa cubana y extranjera dejando claro que la Isla entera se pondría en pie para reclamar el regreso a la Patria del niño cardenense.

Todavía en la memoria de los cubanos y de personas en muchas latitudes se recuerda aquel combate, que tuvo al frente a Fidel. Ese 6 de diciembre de 1999 el Comandante en Jefe celebró el cumpleaños de Elián junto al colectivo de la escuela y los compañeritos de su aula. Era un cumpleaños de lucha, aun en ausencia del niño.

Con paso firme y pensativo todo el tiempo, con el rostro y su mirada en los días de combate que se avecinaban, caminó por el plantel y en el aula del pequeño sostuvo un intercambio con su maestra, la directora y su compañerito Hansel.

Fidel volvió un año después. Su semblante igualmente miraba hacia el futuro. Ahora sus sueños se enraizaban en las transformaciones sociales a favor del pueblo. «Hoy es un día excepcional. Hoy se sienten felices millones de niños», les dijo a los pequeños en el patio de la escuela.

«Ahora hay muchas razones para festejar, porque él está aquí junto a nosotros», sentenciaba con el júbilo de la felicidad reflejada en sus ojos y la voz.

En esa ocasión sus pensamientos volvieron sobre su primera visita, el 6 de diciembre de 1999, y el líder de la Revolución recordó los momentos de rabia y congoja que vivía Cuba.

«Entré a su aula y me acerqué a su asiento vacío. Era un momento de dolor grande y de tristeza en la escuela y en todo el pueblo. No es posible olvidar aquella tarde. Pero nadie perdió la esperanza, y nosotros le prometimos regresar al niño».

«Con esa lucha descubrimos el talento de los niños y cuánto más podíamos hacer por las escuelas. Va a producirse un cambio cualitativo», expresó Fidel, quien agradeció a los pioneritos, a la familia de Elián y a sus maestras por haber logrado reincorporar al niño a su vida normal.

«Entre todos tenemos que hacer el esfuerzo necesario para que ese niño sea un símbolo y un ejemplo no solo para los niños cubanos, sino para todos los niños del mundo. Es nuestra principal tarea en el futuro», recalcó con firmeza.

Por el regreso del niño se escenificó una de las más bellas páginas de la historia, pues durante siete meses el mundo estuvo en tensión por tan despiadado e inhumano comportamiento de la mafia miamense.

Una victoria que tuvo a Fidel en la primera línea, guiando las estrategias entre los vericuetos legales y la fuerza burda que se presentaban a cada instante. La batalla no fue un regalo; hubo que transitar por tristes y angustiosos días. ¡Pero la victoria fue nuestra!

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