Una escalera grande y otra chiquita

Autor:

Julio Martínez Molina

Más allá de los planes rotos, los topes rebasados y otros resultados, la ineficiencia y el uso no óptimo del tiempo laboral se instaló como un virus burlón en algún área maltrecha, difícil aunque no imposible de eliminar, del disco duro de empresas y centros productivos del país.

Recientemente una Comisión de la provincia de Cienfuegos visitó 74 centros y entidades pertenecientes a 16 organismos.

Allí se vio lo mucho y bueno conseguido, pero sus integrantes también repararon en que las direcciones administrativas y políticas de determinados lugares no han asumido la responsabilidad de emprender acciones para controlar la indisciplina laboral.

Entre las deficiencias más comunes detectadas estuvieron el desaprovechamiento de la jornada debido a la realización de otras funciones; ausencias durante días completos (las más significativas concentradas en enfermedades por más de tres días y autorizaciones administrativas)…

Fue visible, además, la marca de la entrada o salida a los centros sin la presencia y control de los jefes; y la ausencia del 53 por ciento de los máximos directivos al iniciar la jornada y el 32 por ciento al finalizar.

Constatar lo relacionado con estas conclusiones, junto a males, no más se advierte al recorrer locales sin sus obreros, ver gente que pierde el tiempo conversando, fumando, haciendo sobremesa vitalicia o absorta en cualquier videojuego…

También se ve a sujetos utilizando herramientas de computación para quemar discos con novelas y hits musicales categoría Z —que luego comercializan allí mismo—; impresoras que «hacen» trabajos escolares del niño y los amigos, pese a cuanto se ha hablado para erradicar el fraude y sus modalidades…

Por fortuna existe la otra cara de la moneda, muchos sitios donde administración y obreros comprenden la importancia de emplearse a fondo.

Un caso reciente lo constaté en el Combinado Poligráfico de Cienfuegos. Es algo de aplauso cuanto se logra allí, en virtud del esfuerzo y la imaginación puesta en beneficio de la tarea, amén de las ganas de trabajar.

Gracias al reciclaje de recortes que hasta poco se lanzaban a la basura en el Área de Recortería, ahora se crean y comercializan agendas personales y de buróes, souvenires, llaveros-libretas y otros productos…

El Poligráfico expandió considerablemente su rango de operaciones, y sus productos tienen hoy presencia en diversas provincias. El 17 de febrero habían cumplido el plan de ese mes, y allí no se ve a nadie perdiendo el tiempo. Solo así es posible generar resultados.

«Allí se paga quincenal y los trabajadores reciben estímulos salariales», podría espetar cualquier lector. «A la gente le agrada trabajar en plazas como esa, la Refinería de Petróleo, SEPSA, la Termoeléctrica…».

Es cierto, y ojalá algún día no lejano tal régimen impere en toda entidad y contribuya al impulso de la producción, pero no puede soslayarse que en este y otros casos sobresale un afán por hacer bien las cosas, una correcta correlación entre la visión administrativa a mediano y largo alcance y la respuesta de los trabajadores.

La justa balanza. Para trabajar bien, lo mismo que para subir al cielo, se necesita una escalera grande y otra chiquita, tanto el deseo como el resorte motivador.

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