La dignidad masacrada

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

El ejército marroquí no conoce de límites. Lleva varios días impidiendo, por todos los medios, que el agua, los alimentos y las medicinas lleguen a un campamento improvisado en las afueras de El Aaiún ocupado, donde miles de saharauis acampan, desde el 10 de octubre, para protestar contra la humillación y la exclusión a la que son sometidos por el reino de Rabat hace 35 años. A punta de pistola y golpizas, tampoco permiten que se sigan sumando más personas a las ya concentradas en el lugar. Al parecer las órdenes son muy claras: matar si es necesario. Y así lo hicieron.

En la tarde del domingo ocho ciudadanos saharauis que intentaron sortear los controles policiales establecidos alrededor del campamento improvisado de Agdaym Izik (a unos 18 kilómetros de El Aaiún) fueron blanco de la metralla del ejército marroquí, una vez que este fue avisado.

Elgarhi Nayem Foidal, de 14 años, no llegó con vida al hospital después de recibir varias heridas de bala, mientras se desconocía el estado de gravedad del resto, pues fueron trasladados a un hospital militar rodeado de controles al que no pueden acceder ni los familiares de las víctimas. Uno de los heridos falleció el lunes, pero ninguna de las familias sabe exactamente si es su muerto, pues los efectivos no dicen una palabra sobre el asunto.

Todo esto, mientras el enviado de la ONU para el Sahara Occidental, el estadounidense Christopher Ross, se encontraba de gira por Marruecos con el declarado propósito de que ese gobierno y el Frente Polisario se sienten a dialogar el mes próximo en Nueva York. Para ello se reunió hasta con el mismísimo rey Mohamed VI.

Se trata de otra de las llamadas reuniones informales que hasta el momento no han dado resultados, pues el régimen de Rabat solo quiere proponerle al pueblo saharaui una autonomía, mientras este demanda que se le conceda el derecho a su autodeterminación.

De seguro el ataque del ejército marroquí a los manifestantes pone la suficiente pimienta para que la tensión sea cada vez más picante, y se radicalice aun más la posición de un pueblo hastiado de la ocupación y el saqueo.

El presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y secretario general del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, pidió al secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, que intervenga con «urgencia» para evitar nuevas masacres. Ya las autoridades saharauis habían alertado con anterioridad sobre la posibilidad de que ocurrieran hechos como los del fin de semana, pero una vez más los llamados y denuncias fueron recibidos por oídos sordos, y la credibilidad de ese organismo internacional continúa bailando en un hilo.

Hoy, en los acantonamientos de jaimas (casas de campaña) se encuentran entre 15 000 y 20 000 personas. A pesar de que los efectivos marroquíes fortalecen cada vez más su bloqueo a punta de cañón, algunos saharauis se arriesgan a morir cuando intentan llegar a Agdaym Izik.

Tampoco falta la violencia psicológica. Los helicópteros marroquíes que sobrevuelan la zona en la mañana, durante la noche apagan sus luces, y pasan bien pegados al suelo, simulando aterrizajes, para atemorizarlos. La policía deja pasar subrepticiamente a marroquíes con la intención de que entren en las jaimas a amenazar a sus moradores.

Sin embargo, los acantonados ni siquiera han mencionado la palabra independencia. Si en respuesta a sus protestas pacíficas por reivindicaciones sociales el ejército marroquí tiene la libertad de matar, imagínense qué podría ocurrir si hablan de una patria propia.

Algunos medios de comunicación mal intencionados han usado la ausencia de demandas independentistas en esta protesta, para minimizar la causa saharaui. Pero como destaca Sahara Today, cuando se les pregunta si la autodeterminación se encuentra entre los derechos que reclaman, contestan que «está en el corazón de todos los saharauis y Marruecos lo sabe», pero proclamarlo sería «hacerse el “haraquiri”», pues daría excusas al ejército para desmantelar el campamento por la fuerza.

La lista de víctimas sigue creciendo y la experiencia de los «campamentos de la dignidad» —así se conoce ya a Agdaym Izik— se ha repetido en otros lugares como en Smara ocupada. ¿Seguirá Rabat asesinando inocentes? ¿Acaso Christopher Ross le halará las orejas a Mohamed VI?

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