La irrelevancia de la soberanía

Autor:

Juana Carrasco Martín

Caníbales de las soberanías, explícitamente en eso se han transformado los Estados Unidos y la OTAN con sus nuevas formas de intervención, de soliviantar con disensos, de utilizar tecnologías de comunicación para desmembrar pueblos y Estados.

Lo estamos viendo a diario, y Libia es apenas el capítulo más reciente, cuando ya van tras nuevas presas puestas en el remojo de las sucias campañas de propaganda. En el trasfondo de la cortina de humo de la democracia y la libertad están el petróleo, el agua, el gas, los metales raros, el siempre deslumbrante oro, el poder traducido en riquezas y fuerza militar. Ahora, la Roma moderna expande sus dominios; también un día caerá…

Como nunca antes en su historia imperial, el régimen de Washington está utilizando sus brazos más ocultos y criminales y su más sofisticada tecnología armamentista para forzar guerras de un nuevo tipo, en las cuales no pone en riesgo directo a sus soldados regulares pero logra los objetivos que se ha propuesto. Pongamos ejemplos.

En Iraq se ablandó con bombardeos misilísticos a distancia, desde navíos de guerra y aviones Stealth, antes de iniciar la invasión terrestre a un país destruido; en Afganistán y las áreas fronterizas de Paquistán actúan hoy robots que buscan por igual al adversario en cuevas, montañas, caminos y aldeas, mientras fuerzas de operaciones especiales llevan a cabo raids nocturnos para ejecutar enemigos, y drones sin pilotos humanos acribillan a cualquiera desde la mayor impunidad.

En Libia hemos visto desplegar una campaña de descrédito del Gobierno para lograr la «ingobernabilidad», exacerbar el descontento de una parte de la población con actividad de mercenarios —precisamente en las localidades donde son mayores las riquezas petroleras de ese país—, y dar apoyo externo en armas y logística para la insubordinación de esos rebeldes, amparados en resoluciones de quienes asumen la condición de «comunidad mundial». Por supuesto, eso no era suficiente, así que está la participación directa en los bombardeos de la OTAN —iniciados por Francia y otros miembros otanianos—, y que en esta etapa final han sido de una extrema crueldad, al punto de que prácticamente entre domingo y lunes provocaron la muerte de al menos 2000 personas en Trípoli, la capital libia.

Semejante táctica está en ejecución contra Siria e Irán y hay que llamar la atención sobre el contubernio con una oposición apátrida en Venezuela, que está ejecutando los dictados de la administración Obama, intentando derribar la Revolución Bolivariana, cuyas potencialidades son innegables en un país con todas las riquezas que buscan y quieren dominar: petróleo, agua, minerales, oro… Aspiran a que ocurra el efecto dominó, para que caigan por su peso todos los Gobiernos independientes y soberanos de este hemisferio.

En la novena de las guerras ventajistas juegan los guerreros en la sombra, las Fuerzas de Operaciones Especiales (los ahora de moda SEAL de la Armada, además de los Delta, Blue Light, Comandos del Aire, Rangers y Boinas Verdes) cuyos efectivos se han duplicado, y el presupuesto prácticamente se cuadruplicó en la última década; y la omnipresente Agencia Central de Inteligencia (CIA), dueña de los drones empleados en Paquistán, Yemen y Somalia.

Su fortaleza en los planes tácticos y estratégicos del Pentágono se advierte en que a comienzos de agosto el vicealmirante Robert Harward, ex jefe de los SEAL, fue designado como comandante adjunto del Comando Central cuya área de acción es el Medio Oriente y Asia Central, y que otro jefe SEAL, el vicealmirante Joseph Kernan, es ahora el vicejefe del Comando Sur, que cubre América Latina y el Caribe. Más claro, ni el agua.

Como decía hace unos meses un artículo en el sitio Foreign Policy in Focus, para este nuevo tipo de guerra, en el que se requiere un gran aparato de inteligencia, «la soberanía es irrelevante, los ejércitos tangenciales y las decisiones son secretas».

Junto con el «canibaleo» de las riquezas, las potencias occidentales lideradas por el imperio washingtoniano quieren engullirse también la soberanía.

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