De la educación pública a la Constituyente

Autor:

Marina Menéndez Quintero

El pensamiento sociopolítico evoluciona en Chile. La primera movilización del año llegó con nuevos retos para el presidente Sebastián Piñera, y tironeada por los actores más beligerantes hoy allí: los estudiantes.

Sin cejar en su demanda de educación pública, gratuita y de calidad, ellos fueron respaldados el miércoles en su convocatoria a una marcha pacífica nacional por unas cien mil personas solo en Santiago, la capital, sin contar las numerosas ciudades que se sumaron.

Pero las demandas trascendieron la exigencia de universitarios y secundaristas quienes, durante todo 2011, mantuvieron en vilo a un ejecutivo que no logró calmar la marejada ni con los gases y chorros de agua que volvieron a hacerse sentir ahora, ni con engañosas propuestas que dejaban igual las raíces del asunto: el hecho de que sean del sector privado quienes aporten el dinero para sufragar la educación no solo eleva los costos, y convierte los estudios en algo excluyente.

Además, deja en pocas (y no muy abiertas) mentes la responsabilidad de lo que se imparte. Más allá, sin embargo, lo que ha marcado el hito es la aparición, entre las pancartas de los manifestantes, de la consigna «Asamblea Constituyente, ahora».

Se trata de un reclamo abarcador que implica no solo la crítica al modelo, impuesto con el neoliberalismo por la garra ensangrentada del sátrapa Pinochet, y que privatizó la educación así como depositó el cobre en manos de las transnacionales.

Estamos ante una solicitud que pretende cambiar todo el cuerpo legal en que se ha sustentado el despojo y que, de ser asumida por los distintos sectores sociales que en los últimos meses se manifiestan por reclamos puntuales, podría —tal vez— ser el núcleo unitario de un movimiento popular sacado, virtualmente, a la calle, por el ejemplo del estudiantado.

Solo en esas manos estaría hoy cambiar los destinos de Chile: un país con un crecimiento económico envidiable, pero donde la brecha que ese mismo neoliberalismo abrió entre ricos y pobres recién parece estarse viendo. Y han sido los jóvenes, con su valiente presencia en las calles, quienes han sacado esas falencias a flote.

Ya no solo les acompañan los padres de familia y los profesores. El miércoles también lo hicieron los trabajadores, en un codo a codo que evoca la necesidad de esa alianza.

Por primera vez desde el fin de la dictadura, la sociedad chilena muestra un nivel contestatario de semejante presencia y radicalidad.

Desde luego, no se gestaría un cambio «tomando el cielo por asalto». Precisamente, el nudo gordiano para buscar otra nación por la vía electoral está en el llamado sistema binominal, impuesto también durante los tiempos de Pinochet y elaborado a su pedido: circunscribe la competencia en las urnas a las alianzas o los grandes partidos, dejando fuera a los pequeños, como es el caso de la izquierda.

Convertido luego en ley orgánica constitucional, el complejo sistema binominal es una de las herencias de la Constitución pinochetista que no pocos estiman necesario derogar. Y estaría en el entramado de una nueva Carta Magna que eliminara, de raíz, lo que a fuerza de represión instauró, como si fuera un legado eterno, el dictador.

No pocos analistas remarcan que el nuevo remezón social ocurriera cuando se acercan las elecciones municipales de octubre, por lo que se considera este como un año clave para Piñera y la derecha que representa.

Nadie pasó por alto, por supuesto, que el anuncio gubernamental de una reforma fiscal para recaudar unos mil millones de dólares —se dice que para la educación— está entre los paliativos cuando, de cara a los comicios, el Presidente exhibe una popularidad en picada que ha ido del 60 a solo poco más del 25 por ciento.

Mientras se dice que la ahora opositora Concertación para la Democracia muestra signos de agotamiento, un alegado pacto entre los pequeños partidos Radical socialdemócrata, Por la democracia y el Comunista, con vistas a las elecciones para concejales, da una imagen de posibles movidas en la textura política chilena… aunque no pueda decirse lo mismo de su geografía. Ello no ocurrirá mientras el sistema binominal esté vigente. Y no es menos cierto que también la izquierda política necesita una inyección de fuerza.

En ese contexto, la movilización social puede ser determinante y se está yendo por encima, incluso, de los liderazgos partidistas. Los jóvenes chilenos tienen el mérito, y pueden sentir el orgullo de estar en la delantera.

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