Que no nos falte la utopía

Autor:

Armando Hart Dávalos

Hemos venido insistiendo en la necesidad de llevar a cabo un Diálogo de Generaciones como garantía de la continuidad histórica de la Revolución. Como complemento indispensable del mismo debemos promover la participación de todos aquellos que hemos adquirido experiencias durante el desempeño de responsabilidades en diferentes esferas, durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, y los jóvenes que están asumiendo o asumirán plenamente esas tareas hasta bien entrado el presente siglo.

Asimismo, los medios de divulgación, entre ellos la revista Honda, deben recoger los trabajos que promuevan y reflejen esos intercambios.

En un mundo necesitado de ciencia y también de utopía, la Sociedad Cultural José Martí está empeñada en subrayar los valores espirituales y los paradigmas éticos de Cuba y de América Latina que demanda la Humanidad para salvarse de un desastre de proporciones incalculables.

Se pretende matar el derecho humano, sin embargo, hoy más que nunca es necesario elaborar las concepciones teóricas y filosóficas para hallar soluciones adecuadas a la práctica que necesita nuestra época. En esto ayudará decisivamente el pensamiento martiano.

En enero próximo se cumplirán 160 años del natalicio del Apóstol, ocasión para la cual es necesario actualizar, subrayar y mostrar su originalidad. Estudiemos los siguientes hechos:

El Partido Revolucionario Cubano, que fundó en 1892, fue un aporte original para su época en el mundo. Es decir, Martí descubrió y desarrolló la idea de un Partido como dirigente de la Revolución y garantía de la unidad.

Fue el Apóstol quien analizó, desde el seno de la sociedad norteamericana de su tiempo, el paso a la fase imperialista con la aparición de los monopolios, el capital financiero y la expansión fuera de sus fronteras. Recuérdese que este proceso comenzó en los últimos años del siglo XIX y principios del XX, y que Lenin consideró que la intervención de Estados Unidos en la guerra hispano-cubana, marcó el estreno, en el plano internacional, del imperialismo norteamericano. Ello significa que el imperialismo comenzó precisamente en esta zona, coincidentemente en Cuba y el Caribe, y por esta zona ha comenzado también en los últimos tiempos su decadencia y derrumbe.

Todos los imperios en su fase de decadencia y fenecimiento provocan el derrumbe de las regiones que los circundan, lo más peligroso de nuestra época está en que el imperio yanqui está rodeado por toda la Humanidad. Estamos, pues, comprometidos a impedir que se provoque el fin de la civilización y de la supervivencia humana sobre la Tierra.

Para esto es necesario analizar las aportaciones de Martí y de Fidel a la cultura política universal a partir de lo que he llamado la cultura de hacer política.

Resulta muy ilustrativa la definición que Martí nos da de la política: el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna, de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio o la merma importante del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila, y su batalla preparada.(1) #

Martí la consideró un arte y una categoría de la práctica, y sus ideas en este terreno tienen cada vez una mayor vigencia. Tanto en su práctica política, como en la de su mejor discípulo, Fidel, está presente con mucha fuerza la idea de actuar guiado por el principio de unir para vencer, desterrando definitivamente el divide y vencerás de la tradición burguesa y de, aún antes, la época del Imperio romano.

En fin, es necesario iniciar un Diálogo de Generaciones que tenga como objetivo estudiar un quehacer político inspirado en el principio de ser radical y armonioso. Radicalidad en la defensa de los principios y armonía para lograr el mayor apoyo posible para los objetivos que se persiguen.

Trabajemos en este Diálogo sobre el fundamento del ideario martiano y encontraremos las bases culturales y filosóficas que hoy necesita la humanidad.

(1) José Martí, Obras Completas, Europa I, Escenas europeas, t. 4, p. 60.

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.