España en llamas

Autor:

Lázaro Fariñas

Allá por los 60, una de las afirmaciones que se hacía en las universidades de este país era que en Alemania había ocurrido un milagro económico. Lo llamaban «el milagro alemán». Aquel país se había recuperado completamente de la devastación en que la guerra lo había sumido. De una nación destruida, como el Ave Fénix surgió un país próspero económicamente y sano en su alma nacional.

Era verdad que aquella nación se había recuperado con una increíble rapidez, pero no hay que olvidar que fue masiva la ayuda que recibió a través del famoso Plan Marshall y de otros planes. Sin quitarle ningún mérito al pueblo alemán, que lo tiene, si no hubiese habido esa enorme ayuda económica que recibió del extranjero, le hubiese sido prácticamente imposible recuperarse con la fuerza y la rapidez con que lo hizo. Hoy en día sabemos que, a pesar del costo de la adhesión de la República Democrática Alemana, es la economía más fuerte de toda Europa y una de las primeras en el plano internacional.

La verdad es que los alemanes recibieron ayuda de todo tipo y la supieron aprovechar, ordenaron y modernizaron el país, lo desarrollaron, así lo han mantenido, y nunca más han necesitado que alguien les saque las castañas del fuego. Los Estados Unidos necesitaban una Alemania desarrollada y próspera y allí desembarcaron todo lo necesario para lograrlo. Más o menos hicieron lo mismo con Japón y allí también lo lograron. Levantar ambos mercados era esencial para la maquinaria industrial norteamericana. Era una inversión para crear mercados.

No es nada extraño que los países reciban ayuda de otros para desarrollarse económicamente. No es nada extraño, si aquellos que la reciben están en vías de desarrollo. Los países pobres necesitan de ayuda tecnológica y monetaria de los otros que ya están consolidados, los que se supone que gocen de un gran nivel de desarrollo. Es muy difícil salir del hueco si no hay nadie que, desde afuera, le tire un cordel. Desgraciadamente, hasta ahora lo que han hecho esos grandes países desarrollados es explotarlos, llevándose a precio de baratijas las materias primas de los subdesarrollados y darles ayudas económicas a cuentagotas, migajas.

A pesar de los pocos que existen, no debería extrañar que se creen programas de ayuda económica del Norte hacia el Sur. Lo que sí debe de extrañar es que se tengan que crear del Norte hacia el Norte, como está sucediendo en estos momentos en Europa. Algo raro ha ido pasando para que países que se daban golpes en el pecho para gritar a todo el mundo que gozaban de una enorme prosperidad económica y un tremendo nivel de desarrollo, ahora estén pidiendo el agua por señas y reclamando a grito limpio que los rescaten del desastre económico en el que están sumergidos.

España, Italia, Grecia, etcétera, eran naciones que, hasta hace pocos años, vivían en un paraíso terrenal, gozando de la buena vida, gastando dinero a raudales. Todo era maravilla y como todo estaba tan abundante, los africanos y los latinoamericanos llegaban por montones siguiendo la estrella que, como a los reyes magos, los llevaba, no a ver al hijo de Dios, sino a Dios mismo, Dios Dinero.

Hasta hace muy poco tiempo, los políticos españoles, los banqueros y la prensa reflejaban su satisfacción por el estado de bienestar en el que estaba viviendo España. Todo iba a pedir de boca, hasta que explotó la crisis y los españoles tuvieron que enfrentar la triste realidad de que todo había sido inflado. Me cuesta mucho trabajo pensar que los economistas, financistas, políticos, banqueros y medios de prensa no estuvieran conscientes de que estaban viviendo dentro de una burbuja y que todo lo que se veía enfrente era un espejismo, irrealidades.

Aquí en los Estados Unidos estaba pasando lo mismo y yo, que no soy nada de lo anterior, no me cansaba de decir que eso iba a explotar. De hecho, no me embarqué en ninguna aventura especulativa. Si yo, que no sé nada de economía, estaba consciente de esa realidad, ¿cómo es posible que esos especialistas en la materia no pudieran avizorar la inevitable explosión?

El hecho real es que el ciudadano común español está pagando muy caro la falta de previsión y la maldad de quienes los dirigían y dirigen. Ahora, cuando salen a la calle a protestar, los espera la policía con todo tipo de armas represivas para golpearlos y herirlos. Policía que cumple órdenes de los mismos que han hundido al país en la miseria y la desesperación.

El sistema ha fracasado y el fracaso del sistema lo pagan los desposeídos. La cuerda siempre se rompe por el lugar más débil. ¿Hasta cuándo?

*Periodista cubano radicado en Miami

 

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