Margarita

Susana Gómes BugalloSusana Gómes Bugallo
23 de Noviembre del 2012 21:28:42 CDT

Pronto sabré que quizá no debía haberme preocupado por ella. Que se llama Margarita, tiene muchos hijos y una casa donde vivir. Que la policía la conoce y la llevará hasta allá sin ningún contratiempo. Que volverá a despertar en su cama… sola. Que tal vez vuelva a perderse. Sí. Puede que deba inquietarme.

Quizá deba acercarme a ella. Ver por qué trae un zapato en la mano. Fijarme en que no está sucia. Escuchar cómo me cuenta que se cayó, que su zapato está roto, que su papá se llama Abelardo León. Olerla. No, no está ebria. Tiene unos ojos tan azules… Dice que tiene sed. Le damos agua. «Tampoco he comido», menciona. Pero no me dejan darle nada por miedo a una diabetes o qué sé yo.

Es tan tierna. Dan ganas de robársela («me la encontré y es mía», como un niño caprichoso, sí, robársela). ¿Alguien buscará a Margarita? Habrá algún ser inquieto en su casa por su ausencia. ¿Tendrá casa? ¿Me engaña Margarita mientras aparenta un Alzheimer insoportable que no me deja encontrar forma de ayudarla? No sé nada.

Ni Sherlock Holmes ha inventado formas más ingeniosas de llevar adelante una pesquisa para resolver el misterio de la viejecita aparecida un sábado a las 12 de la noche en mi cuadra. Todo es en vano. Margarita me habla de su vida. De lo contenta que iba en su caballo. Del tren, de la línea, de que no había comido (otra vez no me dejan darle nada).

Entonces… la policía. Tengo un poco de miedo de enviarla a la estación a su suerte. A esperar por alguien que quizá no exista. A dejarla ir contando sus historias de tiempos pasados que debieron ser más felices. Pero pasados al fin y sin remedio (el tiempo… el implacable).

La policía es una buena opción. El alivio tremendo de escuchar cómo los dos jóvenes oficiales le dicen con la ternura con que se le habla a una abuelita majadera: ¡Ah, Margarita, eres tú! Eso es reconfortante. Al menos la conocen. Provoca tristeza oírlos decir: «¡La historia de su vida es tan larga! ¡Pero no crean que no tiene a nadie!».

Dicen que Margarita tiene siete hijos. Y está sola en el mundo. Se despierta en un lugar donde su mente no puede dejarle hacer mucho. Y no sé lo que antes fue. Pero sí veo lo que ahora es. No soy experta en juicios, pero la soledad en la vejez no debe ser un castigo muy justo. Ni siquiera podré oír cómo sus hijos se defienden. Pero me gustaría tanto que alguno me leyera… Aunque el nombre de su madre no sea Margarita.

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    1. 1

      El Oriental - 24 de Noviembre del 2012 8:12:47 CDT

      Lo ideal seria que alguna institución de ancianos la recogiera para que no este dando tumbos y reciba atención adecuada, ojala y sus hijos también le presten atención, algo incomprensible.Mientras tanto como Ud. dice es un personaje el cual nos llama mucho a la reflexión.Gracias por sus buenos sentimientos Susana.

    2. 2

      Tide - 24 de Noviembre del 2012 8:35:11 CDT

      Triste destino de muchos de nosotros, los viejos. Dichoso, quien como yo, tiene una alma piadosa que vele por su persona y una institución que cubra sus necesidades. No debía existir ni un solo viejo abandonado en el mundo. Triste es conocer que después de tantos sacrificios por los nuestros, nos dejen a merced de la vida. ¿Cuántas Margaritas habrá? Ojalá no fueran muchas.

    3. 3

      Modesto Reyes Canto - 24 de Noviembre del 2012 9:00:14 CDT

      Cuande si siente lo que se escribe se logra hacer sentir lo que se lee. Y usted, amiga Susana Gómez,ha logrado transmitir muy realmente esa soledad que actualmente padecen en muchas partes del mundo las personas de mas edad por el abandono de sus seres queridos. Ya se va haciendo una mala costumbre de que los ancianos no terminen sus dias finales en el hogar que ayudaron a forjar muchas veces a base de sacrificios personales, y terminan deambulando por las calles como la Margarita de su historia. Es una lastima pero es real. Saludos: Modesto Reyes Canto.

    4. 4

      José Antonio Mora Despaigne - 24 de Noviembre del 2012 9:25:45 CDT

      ¿Qué tiene hijos dice?, no, esos no son hijos, son bestias, son insensibles seres sin Alzheimer, pero con ausencia total de valores. La madre es lo más grande y puro que la vida nos dio. Los que ya la perdimos físicamente, no nos acostumbramos a la idea, y maldecimos a "la fea del saco y la guadaña" que nos la robó. ¡Y gracias Margarita que vives en mi linda Cuba, qué sería de ti si la policía que te encuentra, no fuese la revolucionaria de mi caimán mambí! Gracias, joven periodista por regalarnos este artículo, yo como tú me robaría a Margarita, para darle cariño.

    5. 5

      Lissette - 24 de Noviembre del 2012 9:35:16 CDT

      Donde vivo hay una historia similar,la señora se llama Angela,tiene 3 hijos,la única que se ve a veces es la hembra porque a los dos varones nadie los conoce. Anela ha llegado en la patrulla de madrugada,se pone a dar vueltas por la calle y se pierde porque pierde la noción del tiempo y olvida donde vive.Vive sola y es muy inestable. No se como habrá sido su vida cuando era joven y desconozco que tipo de madre fue,lo que si es real que es muy triste llegar a viejo con una soledad que te consume y que no haya nadie que se preocupe por ti.

    6. 6

      Andrés - 24 de Noviembre del 2012 14:20:23 CDT

      Tienes un corazón lindo Susana.

    7. 7

      hector - 26 de Noviembre del 2012 9:30:11 CDT

      Precioso artículo, muy sentido y que nos llama a la reflexión, !ojalá los familiares de todas las margaritas lo lean y les llegue tan hondo como a mi! gracias Susana!

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