Vacunas contra el sobrepeso

Autor:

Julio César Hernández Perera

¿Ya existen vacunas contra la gordura? Es la pregunta que muchos se harían al leer un artículo publicado en enero de 2014 en la revista Clinical and experimental vaccine research, órgano oficial de la Sociedad Coreana de Vacunas.

Los autores de este trabajo —investigadores sudcoreanos y norteamericanos— presentaron una interesante actualización sobre el desarrollo de diferentes vacunas  para tratar la obesidad. Ellas ya no solo se emplean en el tratamiento y prevención de algunas infecciones, sino también de otros males como el cáncer y, ahora, la obesidad.

Una de las formulaciones vacunales —aún en fases iniciales de experimentación— descritas en este artículo científico, está dirigida a bloquear mediante anticuerpos específicos la acción de una hormona: la ghrelina, que es producida por varios órganos, como el intestino.

De esta forma se busca disminuir el apetito y el hambre (sensaciones que pueden ser ocasionadas por la ghrelina), el consecuente aumento de la ingestión de alimentos y, finalmente, el incremento del peso corporal.

Se describe, además, otro conocimiento relevante relacionado con el vínculo existente entre el virus humano AD36 y el desarrollo de la adiposidad. Por lo tanto, para la comunidad científica inventar una vacuna contra este virus constituye un proyecto investigativo encaminado al tratamiento y la prevención de la obesidad.

De lograrse vacunas efectivas y seguras de este tipo, quienes pretendan bajar de peso pensarán que este es el «camino más fácil». Esta acción se pudiera aliar a otros esfuerzos, como por ejemplo, el desarrollo reciente de un gel creado a base de algas, almidones y cortezas de cítricos que, cuando se ingiere y se pone en contacto con los jugos gástricos, se hincha y, de esta manera, ocasiona una sensación de saciedad.

Estas motivaciones de innovaciones científicas gravitan en un interés común de la humanidad por revertir el problema creciente de la obesidad en muchas partes del mundo.

Considerada como una epidemia por la Organización Mundial de la Salud, esta enfermedad es una de las causas del enorme incremento experimentado en ciertos tipos de cáncer, diabetes y problemas cardiovasculares, como el infarto cardíaco. Esas dolencias contribuyen, en su conjunto, a más del 80 por ciento de las muertes, un sinnúmero de discapacidades y cuantiosos gastos de salud.

Los datos epidemiológicos pueden ser considerados como pavorosos cuando se advierte que el 65 por ciento de la población mundial vive en naciones donde el sobrepeso y la obesidad causan mayor cantidad de  muertes que la desnutrición. Y Cuba no escapa de esta realidad.

De acuerdo con una encuesta nacional realizada en el año 2001, más de un tercio de los cubanos tiene una vida sedentaria y cerca del 40 por ciento padece de sobrepeso o es obeso. Pero lo más alarmante es que los niños y los adolescentes revelan una

tendencia similar en cuanto al incremento de este padecimiento, según investigaciones más recientes.

Lo anterior puede ser una de las explicaciones de por qué la aparición de la diabetes y otras afecciones estrechamente relacionadas con la aterosclerosis están aumentando en personas cada vez más jóvenes de nuestra población.

Además de la actual tendencia a realizar menos esfuerzos físicos y los malos hábitos alimentarios —recurrir mucho a la «comida rápida» y a la abundancia de azúcar—, influyen en nuestra población los falsos criterios de salud y belleza por parte de los padres: «el bebé más sano y más hermoso es el más gordito». Puede ser este uno de los puntos de partida de la lucha contra el exceso de peso, cuando se están estableciendo hábitos, y no esperar a que aparezca esa «medicina milagrosa» —y más costosa— contra la obesidad.

Por eso es importante recordar que en este sentido ninguna innovación debe desbancar el indiscutible valor que tiene la responsabilidad individual. Es esta voluntad —la de limitar el exceso de calorías ingeridas, aumentar el consumo de frutas y verduras, y realizar ejercicios físicos—, la verdadera y única vacuna —por el momento— contra ese exceso de libras.

*Doctor en Ciencias Médicas y especialista de Segundo grado en Medicina Interna

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