La barreta de Phineas Gage

En 1848 una barra de metal atravesó el cerebro de Phineas Gage. El accidente fue el punto de partida para comprender las funciones de la región frontal cerebral y cómo están asociadas con algunos males de la sociedad moderna

Autor:

Julio César Hernández Perera

Durante la mitad del siglo XIX gran parte del desarrollo del continente norteamericano se abría paso gracias al ferrocarril. Fue en ese contexto donde sucedió el accidente que hizo un antes y un después si se habla de penetrar los secretos de las funciones de las diferentes partes del cerebro.

Un joven de 25 años de edad llamado Phineas Gage, de carácter afable y respetuoso, fungía como un eficiente capataz de la construcción. Trabajaba para el ferrocarril Rutland y Burlington, específicamente en la instalación de una nueva línea férrea en las afueras del poblado de Cavendish, Vermont, Estados Unidos.

Una de sus tareas era abrir el camino por donde debía pasar la línea del tren. Para eliminar las grandes rocas las horadaba, las rellenaba con pólvora, y les colocaba un detonador. Finalmente, las tapaba con arena apisonada mediante una pesada barreta.

En la tarde del 13 de septiembre de 1848, Gage —quien al parecer era un poco distraído— olvidó echar la arena antes de presionar con la barreta, por lo que al hacerlo detonó la pólvora.

La explosión hizo que la barra de metal de poco más de un metro de largo, tres centímetros de diámetro y cerca de seis kilogramos de peso, se disparara a 30 metros de distancia.

Al inicio del trayecto de la barreta, esta atravesó el cráneo del joven; entró por la mejilla izquierda afectando la órbita del ojo izquierdo, y salió por la parte superior de la cabeza, con lo que sacó parte de materia cerebral. Después pudo saberse que se habían destruido los dos lóbulos frontales del cerebro.

Phineas cayó al suelo, y ante la sorpresa de quienes fueron a socorrerlo, comenzó a reaccionar a los pocos minutos. Se mantuvo consciente y hablaba con fluidez y coherencia. En un periódico local se relató el suceso como asombroso: «Habló como si no tuviera un agujero en su cabeza».

En una carreta tirada por bueyes, el accidentado soportó el tiempo que le llevó llegar hasta un hotel en Cavendish, bajó sin ayuda y se sentó en la entrada del lugar. Mientras esperaba por la llegada de un doctor, narraba a los presentes las circunstancias del accidente.

Al llegar el primer médico que lo atendió, Gage lo recibió sentado en una silla y le dijo: «Doctor, aquí hay trabajo para usted».

La transformación de Gage

Gage sobrevivió a la hemorragia e infecciones gracias a la atención médica brindada por dos galenos. Pero a partir de ese momento no sería el mismo.

A poco más de dos meses del accidente se hizo manifiesto en él una creciente conducta anormal. Se había vuelto impulsivo, violento, intolerante y pueril, sin un comportamiento social adecuado. Dejó de cuidar su higiene y empezó a hacer sus necesidades fisiológicas a la vista de todos, sin el más mínimo pudor. Muchos llamarían este comportamiento como instintivo o de animales.

Esta metamorfosis le llevó a tener malas relaciones interpersonales generalmente terciadas por el maltrato, la intolerancia y la impulsividad. Eso le causó muchos problemas, entre ellos, el abandono de su esposa y volverse insostenible desde el punto de vista económico después de ser despedido de su empleo.

Para tener una idea más fidedigna de esta realidad, se pueden citar las palabras del doctor Harlow, uno de los médicos que lo atendió a raíz del accidente:

«El equilibrio entre sus facultades intelectuales y sus instintos animales parece haber sido destruido. Él es irregular, irreverente, entregándose en ocasiones a la blasfemia más grosera (…), manifiesta muy poco respeto por sus compañeros, incapaz de contenerse cuando entra en conflicto con sus deseos, en ocasiones pertinazmente obstinado, pero caprichoso y vacilante, idea muchos planes de futuro, que son abandonados antes de ser ejecutados por otros que parecen más factibles».

Phineas vivió y trabajó durante ocho años en Valparaíso, Chile, y no se recogen datos de él en ese período. En junio de 1859 regresó a Estados Unidos, a la ciudad de San Francisco, donde estuvo al cuidado de su madre.

Transcurrieron 12 años del fatídico percance cuando Phineas empezó a padecer otro mal, posiblemente apreciado como otra secuela del trauma: la epilepsia. El 21 de mayo de 1860 sucumbió ante una de estas crisis.

Se cuenta que durante todo el tiempo vivido después del accidente no se apartaba de la barra que le volteó su conducta.

Barretas de hoy

El accidente sufrido por Phineas Gage pasó a la historia por dos razones: haber sobrevivido a un trauma cerebral de gran magnitud, y haber servido a la comunidad científica —sobre todo a la médica— para comenzar a descubrir algunos secretos funcionales del cerebro.

Que este hombre se haya transformado llamativamente de una personalidad afable y respetuosa a otra antisocial, sirvió de referencia obligada para representar cómo las regiones frontales cerebrales regían el comportamiento ético y social de las personas al bloquear comportamientos irracionales e instintivos.

Con el tiempo se conoció, además, que esta región cerebral puede estar afectada y sufrir una especie de «desconexión» ante el consumo de drogas, entre ellas, las bebidas alcohólicas.

Sin dudas hay conexión entre la barreta de Gage y los flagelos que azotan a la sociedad moderna. Eso explica por qué a la embriaguez y a la drogadicción se le asocian estados impulsivos y desinhibidos que a la larga pueden llevar a la violencia y a la comisión de delitos. Podrían mencionarse otras conductas moralmente reprochables, incongruentes con el concepto humano de ser civilizados.

El cráneo y la barra que lesionó a Phineas se encuentran actualmente en el Museo de Historia de la Medicina de Harvard, Estados Unidos. Ambos fueron donados por el doctor John Martyn Harlow, uno de los dos médicos que atendieron a Gage el día del accidente. Otras fatídicas barretas, muy similares a la de Gage, campean en el mundo de hoy disfrazadas de alcohol y otras drogas; dañan muchos cerebros y generan desdichas como la violencia y la indisciplina social, como si no fuéramos el fruto de millones de años de evolución.

*Doctor en Ciencias Médicas y especialista de Segundo grado en Medicina Interna.

Principal bibliografía consultada: García Molina A. Phineas Gage and the enigma of the prefrontal cortex. Neurología.2012;27:370—5.

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