Estrategia cubana contra el cáncer bucal

Resaltan especialistas la importancia de la educación ciudadana en la prevención de enfermedades cancerígenas

Autor:

Aileen Infante Vigil-Escalera

Estadísticas muestran que desde el año 2012 el cáncer se ha ubicado en Cuba como primera causa de muerte, posición ocupada hasta entonces por las enfermedades cardiovasculares. Entre sus tipologías más frecuentes, el carcinoma bucal representa una preocupación latente, por los niveles de incidencia.

Según la Revista del Archivo Médico de Camagüey en su última edición de 2014, la frecuencia del tumor de cavidad bucal varía de un país a otro. Mientras tres de cada cien personas padecen cáncer orofaríngeo en Estados Unidos, entre tres y cinco de cada cien sufren de neoplasias bucales en Argentina.

En julio de 2014 la revista cubana de Estomatología recogió en su artículo Retos y posibilidades en la disminución de la mortalidad por cáncer bucal, de la doctora Josefa Dolores Miranda Tarragó, que este representa la sexta causa de muerte más común entre todos los cánceres del mundo, y en Cuba se encuentra entre los diez más frecuentes.

Las estadísticas refieren que la incidencia de este carcinoma es mayor a partir de la sexta década de vida, y en la Isla su aparición en las mujeres es más tardía que en los hombres, 50-70 y 60-80 años, respectivamente.

Asimismo, apuntan que menos del seis por ciento de los casos aparecen por debajo de los 40, y que en 2013 alrededor de 723 cubanos y cubanas murieron víctimas de este padecimiento.

En el recién finalizado Congreso Internacional de Estomatología La Habana 2015, delegados de más de 20 países se sumaron al debate en torno a esta enfermedad y compartieron las experiencias de sus sistemas sanitarios en materia de prevención y disminución de los factores de riesgo.

Las diversas ponencias presentadas ratificaron nuevamente al hábito de fumar y al alcoholismo como los principales factores de riesgo en la carcinogénesis bucal, oscilando ambos en un 75 por ciento, aunque también influyen otros como la herencia, el envejecimiento, algún tipo de anemia, alimentación y alteraciones del medio ambiente.

Aun cuando no constituye una causa probada, los especialistas señalan el desconocimiento de muchas personas como atenuante en su detección temprana.

En este sentido, la investigación presentada por los doctores Gloria María Rodríguez González y Federico Valentín González: Nivel de conocimiento sobre cáncer bucal en un sector de la población, no solo reveló la importancia de una buena estrategia edu-comunicativa especialista-paciente, sino también los avances alcanzados en el país en la prevención del cáncer bucal con su aplicación.

La especialista expuso que el motivo de su estudio fue la elevada cifra de morbilidad y mortalidad por cáncer bucal de los territorios atendidos por el hospital docente Julio M. Aristegui Villamil, en Cárdenas, Matanzas, y comprendió el período 2001-2010. No obstante, los resultados alcanzados evidenciaron la importancia de extenderlo a otras regiones.

El incremento de casos en la zona movilizó a  especialistas y cirujanos de la institución en la búsqueda de alternativas para tratar de revertir el problema. El desconocimiento sobre los factores de riesgo que más interactuaban con la aparición del cáncer y sus principales señales de alarma sobresalieron como causas importantes de la situación y orientaron el camino de los investigadores.

La estrategia de intervención educativa desarrollada en la zona por parte de los sistemas de atención primaria y secundaria de salud durante esos diez años acercó el conocimiento del carcinoma a cada persona implicada en el programa, mejorando significativamente el estilo de vida y la salud bucal de las personas.

Cinco años después de que finalizara su aplicación modelo, el estudio muestra resultados muy positivos. La población que formó parte entonces del programa fue seguida y evaluada posteriormente pudiéndose constatar en la práctica la mejoría en el cuidado de su boca; la mayor frecuencia de visitas al estomatólogo es la mejor identificación de los signos de alarma.

«La presencia de manchas blancas, lesiones ulceradas y lesiones traumáticas ya no constituyen elementos tan desconocidos en la comunidad que desde entonces prestan más atención a su salud. Igualmente las cifras demuestran una considerable disminución de la morbilidad y mortalidad en el territorio», concluyó Rodríguez González.

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