Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Detalles de la primera mujer que ejerció la Medicina en Cuba vestida de varón

El doctor Julio César González Pagés cuenta los pormenones de esa historia, protagonizada por la suiza Enriqueta Favez Pregunte sin pena

Autor:

Juventud Rebelde

Las personas que asistan a la próxima presentación del libro podrán llevarse una copia gratis en versión digital, afirmó el doctor Pagés. La llamaron criatura infeliz, monstruo, descargaron sobre ella todo tipo de improperios e hicieron de su juicio una representación fiel de un tribunal de la Santa Inquisición. Enriqueta Favez, la primera mujer que ejerció la Medicina en Cuba vestida de hombre, nunca ocultó las causas por las que fue juzgada. Sin embargo, su verdadera historia fue prácticamente sepultada durante casi dos siglos.

Dieciséis años le tomó al doctor Julio César González Pagés, historiador y antropólogo cubano, investigar lo sucedido alrededor de esta figura, que desafió el poder hegemónico y de la que prácticamente nada sobrevive. Ni siquiera su cadáver, pues el cementerio donde estaba enterrada en Nueva Orleans fue dañado por el huracán Katrina, en 2005.

En busca de evidencias, este acusioso investigador viajó a varios países y reconstruyó, mediante la técnica de la arqueología histórica, los detalles de un caso del que supo en el Archivo Nacional de Cuba, mientras buscaba información para su tesis doctoral. Estuvo incluso frente a la puerta de la casa natal de Favez, en la ciudad suiza de Lausana. «No hay ni una tarja que la recuerde. Ni allí ni en ninguno de los tantos lugares por los que pasó alguna vez», aseguró el autor del libro Por andar vestida de hombre, presentado recientemente en versión digital en el Centro Félix Varela.

El relato, digno de un guión cinematográfico, es narrado a partir de documentos y cartas originales. No hay en él nada de ficción.

—¿Quién fue realmente la mujer que, violando todas las leyes, se hizo pasar por hombre, estudió Medicina y se casó con Juana de León?

—Enriqueta Favez nació en 1791, en una familia de la burguesía de Lausana, Suiza. A la edad de 15 años se casó con un soldado francés. Tres años más tarde, su marido e hija murieron. Permaneció en París y estudió Medicina en la Universidad de La Sorbona, tomando la vestimenta y la identidad de un oficial del regimiento al que pertenecía su difunto marido. Durante las Guerras Napoleónicas trabajó como cirujana del ejército francés, hasta que fue capturada por las tropas del general inglés Wellington, en España.

«Se fue a Cuba para comenzar una nueva vida bajo el nombre de Enrique Favez y se radicó como médico en Baracoa. Su clientela incluía a muchos de los pobres locales, a quienes también les enseñó a leer y escribir. Es así como conoce a Juana de León, una mujer de la zona con la que se casó, consciente esta del sexo biológico de “su marido”.

«Algún tiempo después, comenzaron las sospechas. Favez fue detenida y sometida a juicio, donde unos exámenes médicos revelaron su sexo. Juana de León, según se puede advertir en las cartas, la amó pero no soportó la presión social y familiar y se plegó a la farsa que se orquestó contra Enriqueta, quien fue condenada a prisión en el Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula, en La Habana, y posteriormente expulsada a Nueva Orleans.

«Sus parientes en Norteamérica hicieron que ingresara en un convento para proteger el prestigio de la familia. Asumió entonces el nombre de Sor Magdalena y siguió prestando asistencia médica a los pobres. Más tarde se convirtió en una misionera en México, y murió en Nueva Orleans a la edad de 65 años, diez años después del fallecimiento de Juana».

—¿Cómo logras acceder a tanta información?

—Por su importancia a la hora de esclarecer matices y contradicciones del juicio que se le realizó, resultó vital en esta investigación la consulta del expediente que se encuentra ubicado en el Archivo Nacional de Cuba, bajo el título Causa criminal contra Doña Enriqueta Favez por suponerse varón y en traje de tal haber engañado a Doña Juana de León con quien contrajo legítimas nupcias. En él aparecen cartas, informes y otros documentos originales del expediente abierto durante el juicio. Otros elementos se pueden analizar en la versión que publicó en 1860 la revista La Administración, que está en la Biblioteca Nacional José Martí, donde se pueden leer también textos diversos que abordan el tema de Favez desde la literatura o la historia.

«Fueron útiles las informaciones obtenidas en los viajes de investigación a las ciudades de Nueva Orleans (1998), Baracoa y Guantánamo (1999-2005), Santiago de Cuba (2000-2003), Veracruz (2003) y Suiza (2006-2007). En estas visitas pude revisar archivos, bibliotecas, museos y colecciones privadas que me brindaron evidencias que no aparecían en los documentos revisados en La Habana».

—Hasta donde conozco, las obras anteriores relacionadas con Enriqueta, han evadido su orientación sexual. Por andar vestida de hombre, habla de un debate contemporáneo, que es el de los derechos de las personas que viven con otras opciones sexuales. ¿Por qué decides legitimar esa historia?

—Cierto. Los relatos anteriores trataron de evadir el tema de su opción sexual por miedo de que su pasado de heroína fuera descalificado. Pero resulta que ella nunca lo negó y vivió muy orgullosa de ello. Entonces no hay razón para ocultarlo. En el libro Por andar vestida de hombre, rindo homenaje a todas las mujeres que han enfrentado los desafíos sociales para vivir sus amores.

—El juicio de Favez fue el más escandaloso de aquella época. Sufrió todo tipo de humillaciones. Tuvo muchos detractores... ¿Contó ella con algún defensor?

—Realmente no, era muy difícil que alguien se atreviera en esa época a desafiar a la Iglesia y a las instituciones que respaldaban el enjuiciamiento. Enriqueta vivió entre los siglos XVIII y XIX, y transgredió todas las barreras posibles de las discriminaciones: guerrera, médica, viajera, lesbiana. Demasiadas herejías para una mujer de cualquier época.

—¿Cuánto te aportó como investigador escribir esta biografía?

—La investigación me permitió conocer cuánto valor se requiere para actuar de un modo diferente a lo que esperan los demás, y la valentía que hay que tener para perseguir con tesón ciertos objetivos personales, profesionales o emocionales, bajo condiciones adversas. La historia ocurrió hace casi doscientos años, sin embargo, aún sigue siendo de gran actualidad a nivel global. Como investigador y ser humano me ha convertido en una mejor persona, que al igual que Favez, lucha con mucha firmeza por lo que cree y ama.

—Por andar..., invita a un guión cinematográfico. ¿Has recibido alguna propuesta para llevarla al cine?

—Me han llegado varias ofertas de diferentes países, todas muy tentadoras. También algunas actrices me han dicho que quisieran ser la Favez de esta historia. En este momento valoro la que sea más acorde a como se concibe el personaje.

—¿Dónde podemos encontrar el libro?

—La presente edición responde a un grupo de varias editoriales de Europa y América Latina, pero como autor cubano me encanta que me lean en mi país. Estamos organizando otra presentación en La Habana para el mes de julio, esperando que Favez vuelva a Cuba vestida y dignificada como la mujer excepcional que fue. Para esa fecha se hará un esfuerzo especial, de modo que todas las personas se puedan llevar el libro, gratis, en soporte digital. Será algo especial después de tantos años de espera.

Pregunte sin pena

A.P.: Llevo ocho años casada. Cuando lo conocí pensé que era el hombre ideal. Los celos de mi papá adelantaron mi casamiento, casi sin conocernos. Yo lo deseaba y tenía necesidad de pareja en la intimidad, pero después del matrimonio se acabó. No me daba el amor que necesitaba para no decir que casi me ignoraba. Yo deseaba el sexo porque era el único momento en que lo sentía y todo terminaba con una eyaculación precoz. Casi enfermo de tanta ansiedad. Hice todo lo que una mujer puede en la cama con un hombre por llamar su atención. Pero nada logré resolver. El caso es que después de tanto logré de él lo que necesitaba. Ahora soy yo la que no lo deseo a él ni a nadie. No siento nada. Cuando más deseo me autocomplazco. Esta fue mi opción cuando me quedaba deseando. Ahora me preocupa si volveré a desear tener relaciones. Estoy muerta en el sexo, aunque ya espiritualmente me siento normal. Como se dice, la mayor calma se siente después de un gran ruido. Nunca le he sido infiel. Tengo 31 años y mi esposo 43.

Dices que después de casada se acabó, aunque en la práctica continúa una historia entre ustedes. Tal vez, más que centrarnos en tu deseo sexual, sea preciso hablar de la relación y otros temas de tu vida. Tu deseo desaparece solo en lo referente a él. No te escabulles para autocomplacerte. A solas estás viva.

Lo que parece más distintivo de tu narración es la rivalidad constante con tu esposo. Él no quiere o no puede, tú deseas y haces de todo en la cama. Él puede y desea, entonces no sientes nada. Así siempre destacas una distancia entre ustedes. Tu empeño apunta a mostrar el desencuentro entre ambos. No existen los seres ideales. Pero no siempre sabemos asumir esta verdad sin lacerarnos.

Eso también debe tener alguna relación con quien eres y lo que él te evoca de tu propia historia. Por eso te sugerimos acudir personalmente a un psicólogo para encontrar la ayuda que mereces.

Mariela Rodríguez Méndez, Máster en Psicología Clínica, consejera en ITS y VIH/sida, psicoanalista

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.