Un espacio para la aceptación

¿Cómo distinguir si nuestros gustos, los de nuestra pareja y descendientes constituyen rasgos personales sin mayores consecuencias o, por el contrario, apuntan hacia un trastorno sexual que afectará su calidad de vida?

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Si tanto se insiste en que cada persona es un mundo e incluso en que para gustos se inventaron los colores, ¿deberíamos preocuparnos por esas «rarezas» que a veces encontramos en la manera de pensar y vivir el erotismo?

¿Cómo distinguir si nuestros gustos, los de nuestra pareja y descendientes constituyen rasgos personales sin mayores consecuencias o, por el contrario, apuntan hacia un trastorno sexual que afectará su calidad de vida?

Y si es así, ¿cuáles pueden ser corregidos? ¿En qué momento aparecieron? ¿Qué responsabilidad tiene cada quien?

La Sexología Médica tiene muchas respuestas para esas interrogantes, dice el Doctor Fernando Bianco, actual presidente de la Asociación mundial de esa especialidad, rama del conocimiento que se encarga de promover la salud del sexo y de la función sexual, así como de la prevención, anticipación, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de las enfermedades asociadas a ambos.

Para ello estudia tanto el proceso de diferenciación sexual (que ocurre durante el embarazo) y sus alteraciones como la actividad sexual propiamente dicha, las condiciones en que tiene lugar y los trastornos que acarrea en algunos casos.

Bianco encabeza el grupo de expertos que trabajan en el Manual Diagnóstico de Enfermedades en Sexología Médica, documento que ha contribuido a sistematizar conceptos claves, aunar criterios y sobre todo a enfrentar tabúes y corregir miradas que en el pasado podían resultar lacerantes para personas de diferentes edades, género, orientación sexual y cosmovisión.

Sensibilidad y Bagaje

Sobre la diferenciación sexual (que involucra tanto al sexo biológico como al género con que se identificará cada ser humano), hay aún mucha polémica en el mundo. Al ser un proceso intrauterino es difícil monitorear o corregir sus etapas.

En cambio, la función sexual es más accesible: casi siempre las personas tienen recursos para explicar qué les sucede, aunque no entiendan por qué; y si el sistema de salud cuenta con especialistas sensibles y un buen bagaje científico, puede asumir estrategias de atención que ayuden a ampliar los horizontes sobre el tema, a corregir lo necesario e incluso a que los pacientes se acepten tal cual son, si es lo que corresponde.

En la vida real todo ocurre muy rápido, pero para facilitar su estudio la función sexual ha sido dividida en dos fases esenciales que se muestran en la lámina maestra, elaborada por Bianco para facilitar el diálogo entre especialistas e incluso con pacientes y parejas.

La primera fase es la llamada situación de estímulo (S/Es), y los factores que la determinan son el método (con qué se desencadena el estímulo), el administrador (sujeto que lo proporciona) y la frecuencia (cada qué tiempo, cuánto dura, en qué horario del día…). Muchos trastornos se ubican en esta fase sometida a influencia externa, y por tanto muchos se resuelven adecuando o evitando ciertos detonantes.

La segunda fase es la respuesta del individuo (Rs), lo que propiamente ocurre en su cuerpo y su psiquis a partir del estímulo que para él resulta erótico (lo sea o no para el resto de las personas). Los factores reconocidos en esta fase son de origen anatómico, neural, hormonal, vascular y endotelial, lo que demuestra que en el comportamiento sexual activamos toda la maquinaria: cerebro, piel, músculos, circulación, hormonas… y sería muy tonto limitar el asunto a la reacción de los genitales.

Como es lógico, el estado psicobiológico del individuo y su entorno sociocultural influyen en este proceso de estímulo–respuesta y lo hacen muy variable a lo largo de la vida, tanto en el tiempo de reacción como en la manera de razonar y las sensaciones de placer o displacer que desata.

Según explicaba a Sexo Sentido el Doctor Bianco, la gama de combinaciones posibles para estos factores es tan fértil como casi todo en la naturaleza humana: Cada día llegan a las consultas de terapia sexual individuos o parejas con una experiencia única que contar, pero lo que para unos resulta un problema tal vez no lo sea para otros.

A pesar de su amplísima experiencia aún se sorprende, confiesa Bianco, y augura que con el tiempo se incluirán en la polémica lista nuevos trastornos originados a partir del estilo de vida moderno —tan dependiente de la tecnología y alejado de lo natural—, mientras se borran o adecuan aquellas conductas que hoy nadie se cuestiona, porque resultan más frecuentes, y otras que siguen siendo mal miradas, pero es posible probar que no afectan la salud del individuo ni perjudican realmente a la sociedad.

En materia de erotismo, decir que solo esta o aquella práctica es «normal» o aceptable no corresponde a la sexología médica, admite el experto. Las civilizaciones han establecido patrones más o menos rígidos para expresarse sexualmente de acuerdo con intereses que rara vez priorizan el bienestar humano, al menos de la habitación hacia fuera. Más bien predominan los asuntos patrimoniales, la actitud hegemónica de los grupos sociales mayoritarios y, sobre todo, la inflexible ignorancia que lleva a sancionar la propia individualidad en lo distinto de los otros.

Encuentros

¡Llegó septiembre! Sé de muchas parejas que estaban contando días para el reencuentro. ¡Ah, ese amor de universitarios! ¿Saben que con interés se puede ir parejo en todo? Sexo Sentido estrenará una peña mensual permanente en la Universidad de La Habana y retomará las visitas a varios centros estudiantiles del país. Allí nos encontraremos.

Jolver, promotor de salud e informático, quiere ser parte de nuestra cofradía. Escríbanle a cacocum@ho.mfp.gov.cu. También esperan mensajes Josefina, defensa@esta.eimagr.cu; Rafael Carrazana Bertot, calle Benjamín Ramírez número 23-A entre Martí y Víctor Ramos, Guisa, Granma, CP 88200; y Reinaldo Saínz, calle Colón 201 entre Panorama y Bellavista, quinto piso, apartamento 1, Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana.

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