Columna y embarazo: despejando dudas

Varias enfermedades ortopédicas pueden limitar, en circunstancias muy puntuales, el nacimiento de forma natural

Autor:

Aileen Infante Vigil-Escalera

El mundo exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores del parto: Muéstrales al niño.

Indira Gandh

Irina no pudo tener a su niña de forma natural. En pleno trabajo de parto los especialistas notaron que tenía estrechamiento pélvico y su pequeña Alicia no podría venir al mundo por esa vía. Solo entonces conoció de su condición y que debían practicarle una cesárea.

Antes había escuchado de este problema, pero lo veía lejano. Muchas mujeres desconocen que tienen la pelvis estrecha hasta ese momento o, en el menor número de casos, durante los últimos exámenes prenatales.

El doctor Juan Miguel Díaz Quesada, especialista de segundo grado en Ortopedia y jefe de ese servicio en el hospital docente Calixto García, explicó que la pelvis es una articulación flexible, capaz de ajustarse para permitir el nacimiento, y su estrechamiento (menos de ocho grados) implica la imposibilidad de alcanzar el tamaño adecuado para este proceso (de ocho a 10,5).

«Desde el punto de vista ortopédico la estrechez pélvica es la complicación más grave e importante durante el alumbramiento y las gestantes que la padecen tienen mucho más riesgo de presentar distocia —parto trabajoso—que quienes tienen pelvis anchas o medias».

Pero no todas las mujeres con este diagnóstico requieren de una cesárea porque el tamaño del feto y sus débiles estructuras óseo-craneanas (fontanelas) resultan claves en el proceso. El primero, por la proporción entre la madre y el bebé, y el segundo porque le permite adaptarse sin problemas a las características del canal de parto.

No obstante, si hay antecedentes familiares de esta condición o si el padre es de gran estatura, es conveniente pedir un examen para determinar la compatibilidad entre el tamaño del feto y la amplitud de la pelvis.

En varios sitios digitales sobre obstetricia se plantea que al colocar a la mujer en determinadas posturas —de pie, sentada sobre un balón grande, de rodillas o en cuclillas— la pelvis se agranda un 33 por ciento, aumenta el tamaño de la cavidad pélvica y favorece la expulsión del bebé.

Sin embargo, Díaz Quesada definió como único y más confiable proceder la cesárea, porque disminuye enormemente el sufrimiento de la madre y el feto.

Entre los factores que inciden en la estrechez pélvica, además del genético —pues puede ser heredada—, los especialistas señalan la mala nutrición, enfermedades frecuentes, esguinces, contusiones y fracturas de la pelvis o de las extremidades inferiores. Por tanto, es esencial al llegar al hospital materno alertar al equipo de obstetras si la parturienta ha tenido cualquiera de esas condiciones.

Dolores anticipados

Otras enfermedades ortopédicas pueden limitar, en circunstancias muy puntuales, el nacimiento de forma natural. A la consulta de Jesús Barroso Canales,  especialista de segundo grado en Ginecología y Obstetricia, llegan embarazadas con algunas de las más habituales.

Durante esta etapa es frecuente la aparición de dolor lumbar o ciático por la sobrecarga y contractura de los músculos de la espalda debido a la relajación de los abdominales, la falta de potencia de los glúteos, el aumento de peso y el sedentarismo.

«Hasta un 30 por ciento de las gestantes padecen dolor en la zona lumbar o ciática —dolor referido o irradiado a la pierna—, aunque el malestar puede aparecer igual después del parto», dijo.

Excepcionalmente este malestar es consecuencia de una alteración orgánica de la columna vertebral. Dentro de su rareza, la más frecuente durante el embarazo es la hernia discal (estudios realizados demuestran que ocurre en menos de uno de cada 10 000 embarazos).

El especialista de segundo grado en Ortopedia Díaz Quesada argumentó que este trastorno se produce cuando una parte o toda la porción central de un disco intervertebral (núcleo pulposo) se desplaza a través de una parte debilitada, comprimiendo una terminación nerviosa y ocasionando molestias en espalda y pierna (hernia lumbar, la más frecuente) o en el cuello y brazo (hernia cervical).

La ubicación de la afección en la región lumbar, la ganancia excesiva de peso y la inactividad física influyen en el aumento de las molestias y el dolor durante la gestación.

La escoliosis, por su parte, es una desviación del eje vertical de la columna vertebral que simula una letra C o una S, interfiriendo en la formación, crecimiento y desarrollo de los pulmones.

«Una escoliosis severa con la patología pulmonar de base pone en riesgo significativo tanto a la madre como al feto», añadió el ortopeda.

Otra dificultad ortopédica que despierta preocupaciones en algunas embarazadas es la espina bífida, cuyo Día Internacional se celebra cada 21 de noviembre. Esta malformación congénita impide el cierre completo del tubo neural y de las últimas vértebras.

Los doctores consultados explicaron que cuando se ubica en las vértebras más bajas, este padecimiento constituye la menor de las limitantes para el desarrollo del embarazo o el parto, a menos que esté acompañado de otros trastornos.

Cuando se ubica en vértebras más altas la patología puede generar otras condiciones que de hecho son incompatibles con la idea de la maternidad, como parálisis, hidrocefalia, meningocele y trastornos mentales, entre otros.

No obstante, ambos especialistas aclaran que de no existir circunstancias agravantes, estos padecimientos no constituyen limitantes para que un bebé venga al mundo de forma natural.

«Por lo general solo decidimos practicar una cesárea ante la posible aparición de complicaciones por el esfuerzo realizado. La mayoría de las veces es puramente preventivo», concluyó el especialista en Ginecología y Obstetricia Jesús Barroso.

La futura mamá tiene derecho a participar en esa decisión y a recibir información oportuna sobre esas complicaciones.

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