Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

He vivido siempre en la esperanza

A pocos días del cumpleaños de Fidel, y del aniversario del asesinato de sus hijos, Esther Montes de Oca, madre de Luis y Sergio Saíz, confiesa que su refugio es la esperanza

Autor:

Zenia Regalado

Esther Montes de Oca, madre de los hermanos Luis y Sergio Saíz. SAN JUAN Y MARTÍNEZ, Pinar del Río.— Siempre me ha impresionado el coraje de esta madre que perdió a sus dos hijos el 13 de agosto de 1957, asesinados por esbirros de la dictadura batistiana.

Los alumnos de aquella secundaria de San Juan y Martínez siempre la contemplábamos cuando llegaba a dar sus clases de Geografía —a mediados de los 70—, con ese respeto que inspiran las madres de los héroes, más aún cuando mueren casi niños, como Luis y Sergio.

Unas horas antes de su propio cumpleaños —este lunes hizo 96 que ella desanda almanaques— llegamos a la Casa museo como quien entra en un jardín y teme estropear una flor.

Encontramos a una madre de pelo canoso, con rostro y manos de quien regresa de miles de caminos, con paso algo inseguro, apoyada a veces en un bastón, pero firme y lúcida.

Después de saludarnos cordialmente nos espetó a boca de jarro:

—¿Qué noticias tienen de Fidel?

Ella se mantiene muy actualizada, pues ve la televisión y Nixy Elena Piñero, la directora del museo, le lee los periódicos, y también la poesía de Carilda Oliver Labra, una de sus escritoras favoritas.

Respondió ella misma a la pregunta que lanzara: «Sé que hay que ser muy discreto, y él mismo pidió ecuanimidad al pueblo y que a su debido tiempo se informaría todo».

—Usted se refiere al cumpleaños de Fidel, pero no al suyo propio.

—Yo soy más vieja, pero no he llevado la vida tan difícil que ha tenido él; dirigir un pueblo como lo ha hecho él, ganándose el cariño de ese pueblo, y en medio de tantos obstáculos...

«En Miami algunas personas sin sentimientos festejaban en las calles. Quien no quiere a su país y a la tierra en la que nace, no quiere nada. Por un motivo así en ninguna nación se hacen fiestas. Puede que una persona no tenga iguales ideas; pero debe existir respeto.

«A Fidel le envío mi felicitación por su cumpleaños; el deseo de que se recupere para que pueda seguir luchando por nuestro pueblo».

—En el 13 de agosto hay juntas alegría y tristeza. ¿Cómo usted espera esa fecha?

Casa Museo Hermanos Saíz. —En una parte de esa fecha no hay esperanza, en la otra sí; yo he vivido siempre en la esperanza.

«La Universidad de Pinar del Río lleva el nombre de los muchachos. Cuando Sergio escribió el artículo Por qué no vamos a clases, Luisito comentó que algún día San Juan y Martínez tendría su universidad, y yo le dije: pero si San Juan no tiene ni secundaria cómo va a tener universidad.

«Él tenía toda la razón. Los dos siempre pensaban en el futuro».

La familia de Esther era de la comunidad sanjuanera de Boca de Galafre. Tuvo diez hermanos, a todos los enterró, igual que a su madre, quien murió joven, a los 36 años.

Mientras conversa, acaricia con sus manos el mantel bordado, antiguo.

¿Por qué no vamos a clases? «Ser estudiante no es solo repetir en un examen materias, la mayor parte de las veces aprendidas ligeramente, ni asistir todos los días a clases y hacer de vez en cuando una “trastada”. Hay mucho de comercial en el estudiante solo preocupado por la obtención de su título: para él, el Instituto o la Universidad serán graciosamente estanques de juegos. Ser estudiante es algo más que eso, es llevar en su frente joven las preocupaciones del presente y el futuro de su país, es sentirse vejado cuando se veja al más humilde de los campesinos o se apalea a un ciudadano. Es sentir de dentro un latir de Patria... (Sergio Saíz, secretario de la Federación de Estudiantes de Pinar del Río). Sergio fue jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio en San Juan y Martínez, y Luis, coordinador de esa misma organización, y miembro del Directorio Revolucionario en la Universidad de La Habana. Se escucha el revoloteo de los gorriones que hacen nido en el techo del pequeño patio donde crecen las plantas, en esta casa construida en 1948 y que permanece tal y como la dejaron Luis y Sergio aquel 13 de agosto.

Con el estremecedor pequeño cuarto, con las dos camas, lleno de fotos de ellos y sus amigos. Con sus pertenencias, entre ellas el violín de Luisito.

—¿Nunca se ha sentido sola?

Los hermanos Saíz en su infancia —Jamás, conmigo siempre hay personas que son para mí como mi propia familia. Siempre encuentras a alguien que te pone una mano en el hombro.

Esther gusta decir que los gorriones que revolotean en el patio tienen su misma edad. Entonces, jocosamente, Nixy Elena le rectifica que seguramente son los de la séptima generación.

Entre ambas existe una relación muy familiar. Se hacen bromas, sobre todo en el momento en que apareció un té para los reporteros.

Sonriendo, Esther recordó que un día a un visitante distinguido, y por equivocación, le dieron una taza de «borra» (restos del café colado), en lugar de la infusión verdadera.

Se llora y se ríe en este hogar de todos los cubanos, en igual medida, nos dice alguien; tal y como es la propia vida.

En sus habitaciones y ante las pertenencias de los dos jóvenes asesinados, muchos lloran, sobre todo los estudiantes que la visitan la primera vez.

—San Juan y Martínez ha tenido numerosas mujeres patriotas...

—Sí, así es. Cuando yo estaba en la escuela, cruzaba la calle e iba al frente para escuchar a Rosa Delgado tocar el piano. Ella compuso el Himno de Pinar del Río y también el de San Juan y Martínez.

«Su hermana, la doctora Emilia Delgado, una ilustre pedagoga, le dio clases a los muchachos en la Academia de los Brito».

—José Martí siempre estuvo presente en la educación de ellos.

—Los educamos en los postulados martianos de respeto al prójimo, y de sensibilidad con los que menos tienen, y en el amor a su Patria—, reafirma mientras se alisa los cabellos cuando el fotógrafo le pide ir hacia el pequeño patio rodeado de plantas.

La directora del museo nos contó un hecho que habla por sí solo del temple de esta mujer. Hace poco le preguntó ¿Y si viene la guerra?

—¿Qué vamos a hacer?: ¡Luchar!, fue su respuesta.

Y llegó triste con su rifle al hombro;

Era casi un niño... iba a morir

Le dio un beso largo con sabor a fin

A la novia que entre rezo y llanto,

¡lo dejó partir!....

(Luis Saíz, febrero de 1957)

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