Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Diluvio en el Escambray

En situaciones como estas la gente suele repetir que «nunca había visto nada igual». En esta región del centro de Cuba, las estadísticas les dan la razón

Autor:

Julio Martínez Molina

Aquí hubo un tramo de carretera... pero con Ike pasó «a mejor vida» y hoy sus restos yacen bajo estas aguas. MACIZO DE GUAMUHAYA, Cumanayagua, Cienfuegos.— Ni con un juego de capas impermeables de forro doble podría haberse guarecido ningún montañés de la fuerza incalculable de las lluvias que, sobre la espalda cobrizo-verdosa del Macizo de Guamuhaya, se vertieron al paso de Ike.

Cuando se conversa con cualquiera de los lugareños, de los sitios que ya tienen acceso en la serranía, la respuesta es la misma, aunque pueda parecer un lugar común: «En el Escambray nunca había llovido tanto en tan poco tiempo».

La persona que al leer estas líneas creyera que la frase colectiva está marcada por las fuertes emociones de estos días, o acaso se emplee como una muletilla impuesta por la costumbre, estaría errada.

Los datos emitidos por los especialistas del Centro Provincial de Pronósticos lo certifican. En algunos asentamientos (La Sierrita, El Sopapo, Cuatro Vientos) los pluviómetros marcaron índices superiores a los 500 milímetros en menos de 24 horas.

Si ya la tormenta tropical Fay, con indicadores promedio menores de los 400 milímetros, se había considerado un perjuicio a causa de las inundaciones provocadas —con las consiguientes y fulminantes incomunicaciones de los pueblos de la cordillera, los deslaves y carreteras destruidas—, habría que buscar un nuevo sustantivo ahora.

Y, en honor a la verdad, la frase precisa para describirlo todo hoy sería la de «difícil situación». La calamidad natural se encargó de desterrar parte del patrimonio vegetal, y de eliminar los vestigios de viales que quedaban en pie luego del embiste de sucesivos huracanes.

Habrá que desarrollar un sostenido esfuerzo, como el que acostumbra la provincia en todos sus frentes, para abrir los pasos de entrada a los sitios, intrincados o no, del lomerío, agrietados, cortados de cuajo u objetos de notables desprendimientos.

Las rachas de más de 120 kilómetros por hora motivadas por el avance de Ike —las más altas registradas en Cienfuegos— echaron al piso escuelas rurales de las comunidades de Gaviña, Mayarí y El Sopapo.

Los techos de centenares de casas de los asentamientos volaron entre los precipicios de estas lomas del centro del país, donde los ciclones, ante la golosina de la altura, se ensañan en devorar cuanto encuentran en su camino.

La fuerza de choque del Ejército Juvenil del Trabajo y unidades regulares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias tienen a su cargo devolver al paisaje serrano estos planteles educacionales.

El coronel Fidencio Díaz Ramírez, jefe del Estado Mayor de la Región Militar, expuso a los medios que mientras más rápido sea el proceso reconstructivo, con más agilidad podrá recomenzarse el curso escolar en la cordillera.

Una brigada ligera de montaña respaldará estas acciones, así como la recuperación de otros inmuebles dañados.

Ríos crecidos o idos de su cauce, minihidroeléctricas perjudicadas, centros de servicio con distintos niveles de destrozos y otros percances, se suman a la difícil situación de los montañeses ahora.

Solo el interés de un gobierno como el nuestro en proteger a los suyos siempre, por difícil que sea la situación, y la disposición de los escambradeños de no dejarse aplastar por las circunstancias y echar para alante en la reconstrucción, podrá cambiar, en breve, el tono de los colores de un cuadro como este.

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