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Ejemplo de cubano

El mayor general Flor Crombet resalta en la historia patria por ser luchador en las tres contiendas independentistas, participante en la Protesta de Baraguá y jefe de la expedición que trajo a Cuba a los Maceo para el inicio de la Guerra del 95

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

SANTIAGO DE CUBA.— Con la decisión de reiniciar la lucha por liberar a la patria oprimida, desembarcó por el río Duaba, en el extremo Oriente, aquella embarcación cargada de valiosos jefes mambises.

Era el 1 de abril de 1895, preámbulo del inicio de la Guerra Necesaria y la expedición en la que llegaban a Cuba los hermanos Antonio y José Maceo era comandada por Francisco Adolfo Crombet y Tejera, para todos: Flor Crombet.

Al llegar a costas cubanas, inevitable era el encontronazo con las fuerzas españolas. La superioridad en hombres y armamentos del enemigo era evidente para los recién llegados, por lo que decidieron dividirse en grupos.

El dirigido por Flor alcanzó los Altos de Palmarito, Baracoa, y se enfrentó a la feroz guerrilla de los Indios de Yateras, al servicio del gobierno colonial. En el combate, tres balas enemigas alcanzaron su cuerpo, provocándole la muerte y sembrándolo en la historia como el primero en caer en la senda hacia la libertad de aquella etapa de lucha.

Cuentan que muy cerca, al escuchar el tiroteo, el Titán de Bronce diría: «Ese que se bate es Flor». De sobra conocía la bravura de su compañero de luchas, nacido el 17 de septiembre de 1851 en el antiguo término municipal santiaguero de El Cobre.

Las campanadas del ingenio La Demajagua, el 10 de octubre de 1868, atrajeron poderosamente al joven sensible y apasionado que era Flor, por lo que se incorporó a la lucha con apenas 17 años. Su corta edad produjo algunos recelos en las filas mambisas, pero él supo despejar todas las dudas con su valor a toda prueba, que le ganó un elevado prestigio dentro del Ejército Libertador.

Fue Flor un estudioso del terreno y de las ordenanzas y leyes del Ejército Libertador, y se distinguió como oficial disciplinado, responsable y celoso de los deberes. Participó activamente en un sinnúmero de combates de la Guerra de los Diez Años bajo la certera dirección de hombres de la talla de Antonio Maceo y  Máximo Gómez, sus ascensos se sucedieron uno tras otro, por méritos ganados en las acciones combativas y su fama se extendió por todo el oriente cubano, especialmente en Santiago de Cuba y Guantánamo.

Por eso no es de extrañar que también tuviera un activo papel en la Protesta de Baraguá.

Allí le reprochó al mayor general Antonio Maceo la concesión de la entrevista al general español Arsenio Martínez Campos, pues consideraba que no se debía tener contacto alguno con el enemigo.

El gobierno provisional de Baraguá lo ascendió a general de brigada y lo nombró jefe, en comisión, de la División de  Cuba y Bayamo. El 8 de mayo de 1878 atacó el caserío Aserradero.

Después de capitular marchó a Nueva York, Estados Unidos, para regresar meses después con el objetivo de organizar un nuevo alzamiento. Cuando se encontraba en la preparación de la Guerra Chiquita, fue detenido en Santiago de Cuba, el  13 de marzo de 1879, y enviado a España. Después de 23 meses de prisión y destierro, logró escapar y establecerse en Centroamérica.

En Honduras ocupó los cargos de comandante general del departamento de La Paz, inspector general de cuarteles y secretario del tribunal supremo de guerra y justicia, sucesivamente, a lo cual renunció en 1884 para dedicarse a los preparativos de una nueva guerra de independencia en Cuba.

En los Estados Unidos conoció a José Martí y se identificó plenamente con sus ideales de continuar la lucha. De él dijo el Apóstol: «Flor tiene un noble corazón, un juicio sano y piensa como pienso yo sobre los futuros destinos de Cuba».
Cuando le pidió su brazo y experiencia, dijo presente y organizó aquella expedición que trajo a Cuba a varios generales el 1ro de abril de 1895.
Las tres balas españolas que alcanzaron su cuerpo el 10 de abril de 1895, elevaron a lo eterno su ejemplo de cubano al servicio de la Patria, que 117 años después sigue animando al combate.

El 30 de junio de 1899, la comisión ejecutiva de la asamblea de representantes de la revolución cubana, expidió su diploma de mayor general con antigüedad del 1 de abril de 1895.

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