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El «aroma lingüístico» del tabaco

Aparejado durante siglos al cultivo de esta planta, en Cuba ha ido creciendo un lenguaje propio del tema. Según la investigación del espirituano Gilberto Torrecilla Guerra, próxima a convertirse en libro, son más de 2 000 las palabras que conforman el vocabulario tabacalero

Autor:

Luis Orlando Hernández

SANCTI SPÍRITUS.— Su aroma es halagado o rechazado por fumadores y no fumadores. Mas Cuba lo acoge como elemento identitario desde hace varios siglos y lo cultiva entre sus hijos. Uno de ellos, el Doctor en Ciencias Agrícolas Gilberto Torrecilla Guerra, investigador de la Estación Experimental del Tabaco de Cabaiguán, estudia la planta desde 1969 y en su investigación ha recopilado más de 2 000 palabras vinculadas al tema.

Hace nueve años que desarrolla el estudio, el cual ha enriquecido a través de entrevistas a campesinos, a españoles radicados en Cuba procedentes de Islas Canarias y a especialistas, así como con la revisión de la literatura sobre este rubro.

«El desarrollo del tabaco es un fenómeno que ha tenido un impacto también lingüístico en nuestro país. Dentro del sector se han retomado palabras y expresiones del habla tradicional y del mismo modo productores, beneficiadores y manufactureros de la hoja han aportado términos propios para cada actividad», alega.

Como no existe una literatura específica sobre el vocabulario tabacalero cubano (autores como Juan Marinello, Fernando Ortiz, Esteban Pichardo y José Rivero Muñiz, entre otros, resaltan de manera aislada algunas palabras), el investigador espirituano decidió crear un diccionario de términos relacionados con el tabaco.

«La investigación recoge términos de este escenario como “abrigar”, que significa proteger el tallo con tierra; “babilla”, que es la pudrición que se presenta cuando la postura se arranca húmeda; “cabeza”, uno de los extremos del puro; “falso”, espacio que existe entre uno y otro aposento; “ladrones”, hijos de la parte interior de la planta; y “mancuerna”, fracciones de tallo y hoja.

«También hay otras palabras como “revestir”, que significa la ubicación y el cubrimiento del puro con la hoja de capa; “vestir”, que es anillar el tabaco; “sorullo”, puro de fabricación casera y rústica, o “sentida”, hoja afectada por exceso de humedad o por magulladuras».

Reconocido por el Citma por la obra de toda la vida en 2012 y acreedor de la Orden Carlos Juan Finlay, que otorga el Consejo de Estado, Torrecillas enumera con sonrojo los premios que ha ganado con su investigación.

«Este estudio del lenguaje tabacalero ganó en 2009 el Concurso nacional Carlos Baliño, del Sindicato del sector; obtuvo el reconocimiento del Ministerio de la Agricultura y la categoría de Destacado en el Fórum Provincial en el mismo año».

—En su diccionario incluye, además de más de 2 000 palabras, personajes y hechos históricos que guardan relación con el tabaco…

—Resulta muy interesante el vínculo con los tabacaleros, quienes se relacionaron con hombres de la talla de José Martí, Máximo Gómez, el Che y Juan Tomás Roy, así como la existencia de científicos como el pinareño Tranquilino Zandalio Nodas, un ser excepcional que nació con el saber del tabaco. La investigación se acerca a ellos y también a hechos históricos como las sublevaciones de los vegueros y la introducción de la máquina torcedora en Cuba, entre otros tópicos.

—¿Expectativas?

—Que se conozca la investigación. No hacemos mucho con exponerla solamente en eventos científicos, mientras el pueblo conoce poco sobre el lenguaje del tabaco, que es parte también de la idiosincrasia del cubano.

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