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El campo es la tabla de salvación

Producir alimentos y distribuirlos eficientemente es una urgencia para abastecer al pueblo en medio de una pandemia que reclama el distanciamiento social. Aun así miles de ciudadanos están tras la pista de la comida que escasea en las redes comerciales por varios factores, entre estos, la política genocida de un bloqueo que ni en estas condiciones es levantado

 

Autores:

Marianela Martín González
Osviel Castro Medel
Luis Raúl Vázquez Muñoz

Al empezar la entrevista, a Mabel Morales Molina, administradora del Centro de Elaboración de Alimentos en el poblado avileño de Majagua, los ojos se le llenan de lágrimas. «Disculpe —aclara mientras se baja la mascarilla—, es que tengo familia lejos, en Baraguá. Sé de ellos por teléfono; pero igual: los tengo allá en medio de toda esta enfermedad».

Mabel se repone y brinda los datos. El Centro es chiquito, incluso, utiliza algunas técnicas artesanales; pero su producción para un territorio pequeño no es para subestimar: entre 400 a 500 hamburguesas diarias, 4 000 croquetas por día sin contar los embutidos que elaboran en el propio establecimiento. O el chivirico, una empanadilla azucarada con alta demanda entre los consumidores.

El Centro no es único y forma parte de la estrategia de Ciego de Ávila para potenciar la producción de alimentos en estos días de pandemia. Como explicó a la prensa Carlos Luis Garrido, presidente del Consejo de Defensa Provincial, una de las acciones que se le han dado luz verde ha sido estimular iniciativas locales, que no dependan de los grandes centros de elaboración y puedan apoyar el consumo local.

«La idea es que los territorios produzcan sus propios alimentos, como embutidos, hamburguesas, croquetas y los demás productos de la agricultura y no esperar a una distribución mayor a nivel provincial», explicó.

Algo similar es lo que ocurre en el Centro de Elaboración El Río en la ciudad de Ciego de Ávila. Aunque más tecnificado y con mayor capacidad que el majagüense, este, junto con otros establecimientos, tiene la función de abastecer al municipio cabecera con una población que supera los 100 000 habitantes.

Yoannis Pérez, segundo administrador del Centro, explicó que esa entidad procesa 600 kilos diarios de croqueta, ocho toneladas de masa cárnica y una de jamonada por semana, entre otros alimentos.

Como el de Majagua y los de otros municipios, el centro avileño distribuye sus producciones a través de las empresas municipales de Comercio y Gastronomía, que las ubican bajo una rotación de los Gobiernos municipales buscando que los alimentos lleguen a todas las comunidades, incluso las más apartadas y cuyos habitantes tienen restricción de movimiento a partir de las medidas sanitarias contra la COVID-19.

Cultivos de ciclo corto y guardar comida

Orlando Pérez Pedreira, delegado de la Agricultura en Ciego de Ávila, sabe que el nuevo coronavirus obliga a poner el ojo sobre la agricultura. Entre las medidas de aislamiento, de personas en casa que sacan números con la comida, los trabajadores de este sector son de los que no pueden quedarse en el hogar.

Bajo un sol inclemente, que ayuda a secar el frijol en el surco, pero que castiga ojos, piel y pulmones, los obreros agrícolas se doblan sobre la tierra con un nuevo accesorio: el nasobuco. El virus también acecha por ese lado y aun así los campesinos le sacan el alimento a la tierra.

«Para nosotros uno de los trabajos de enfrentamiento a la pandemia es utilizar todos los medios para lograr cultivos de ciclo corto y para las conservas y vegetales en la provincia. Todo lo que seamos capaces de procesar y guardar será alimento que tendremos para el futuro», explica.

Otra preocupación fuerte es asegurar más de 15 000 hectáreas de tierras para finales de abril y adelantarse a las lluvias de primavera. Ese número equivale al 70 por ciento del plan de siembra de primavera y tenerlas listas equivale poner cultivos bajo el riego de la naturaleza, a partir de que en la provincia solo el 20 por cierto de las tierras en cultivo se encuentran bajo riego artificial.

El Minag en Ciego de Ávila también potencia la producción de las hortalizas de verano y se trabaja fuerte en la siembra de boniato. El mango comenzará a venderse en los próximos días en los establecimientos de la Empresa Agroindustrial Ceballos,  a partir de que se registró un adelanto de la cosecha, lo cual también se pronostica para la guayaba.

En estos momentos se producen entre seis y ocho toneladas de hortalizas por semana en las casas de cultivo que se destinan al sistema de acopio y centros de aislamiento de la provincia. Además, se venden alrededor de 20 000 barras de guayaba junto a otros productos en distintos formatos de envase.

Los derivados del tomate no deben tener las ausencias del pasado año, ya que se procesaron más de 21 000 toneladas en la industria y se tuvo una buena cosecha con rendimientos de 15 toneladas por hectárea. Actualmente, de los campos se están acopiando 200 toneladas de plátano por semana, que se destinan al consumo de la provincia y al balance nacional; una cifra que debe aumentar.

La meca del arroz

En una situación tan compleja, muchas miradas —de expertos e inexpertos— se dirigen a provincias de alta producción agrícola. Una de ellas es Granma, mayor cosechadora de arroz en Cuba y referente en el cultivo de viandas y hortalizas. Este territorio tributa el imprescindible cereal a varias regiones y una caída en ese renglón impactaría al país.

Por eso, autoridades y cosecheros locales mantienen el complejo reto de llegar a las 62 000 toneladas fijadas en el plan. Ese número, aunque alto, está lejos del «listón» alcanzado en 2018, cuando se obtuvieron 84 000 toneladas, un récord difícil de repetir en las actuales circunstancias.

«Los arroceros no están exentos de dificultades con el combustible, los productos químicos, paquetes tecnológicos y otros insumos necesarios», admite Alexander Rojas Pérez, delegado de la Agricultura en Granma.

Sin embargo, como él dice, renunciar de antemano al plan implicaría cierto acomodamiento, un lujo que no podemos darnos en una nación necesitada cada día más de sustituir importaciones. Claro, esos no son los únicos inconvenientes para el sector en estos lares. Hoy se ha sumado el ogro de los últimos tiempos: la sequía.

Quien crea que la escasez de lluvia es «cuento de caminos» solo tendrá que leer este dato: apenas el seis por ciento de las tierras cultivadas del territorio (el cuarto con mayor población del país, con más de 800 000 habitantes) están bajo riego; por lo que la dependencia de la Madre Natura resulta evidente.

«Estamos a finales de abril y todavía no ha caído el primer aguacero; ese hecho tiene un impacto negativo innegable, pero ni podemos darnos por vencidos ni estar buscando culpables externos. Una de las estrategias está encaminada a buscar altos rendimientos en las áreas con regadío», dijo.

Propósito que sigue en mente

Antes de que se desatara el fenómeno de la COVID-19, Granma estaba destinado a convertirse —con el apoyo de instituciones nacionales— en el principal polo productivo agrícola del oriente cubano. Muchas proyecciones para concretar ese propósito, por lógica, han quedado aplazadas; no obstante, el concepto de producir alimentos —aún en las circunstancias más adversas— sigue en la mente de las más de 64 000 personas vinculadas aquí con la agricultura.

«Tenemos el compromiso de sembrar más de 41 000 hectáreas para cultivar viandas, hortalizas, granos y frutales; además de rescatar unas 3 800, algo sin precedentes en las últimas épocas. Aunque bajen los rendimientos por la escasez de lluvias, estos números deben generar comida en la etapa de primavera», aseguró Rojas Pérez.

«Hoy vendemos entre diez y 11 libras percápita de viandas y a pesar de las tensiones de cara al futuro, mantenemos esa pretensión, incluso con el llamado cierre de fronteras».

El directivo agrega que los cultivos de ciclo corto —como la calabaza, maíz, yuca y boniato— son vitales y que en la provincia se han enfocado en cosechar en zonas cercanas a las ciudades y dentro de los propios poblados y urbes. «Todavía están por explotarse muchas potencialidades de la agricultura urbana», sentenció.

No obstante, uno de los grandes escollos internos radica en la distribución. Idael Mora Guevara, director de la Empresa provincial de Acopio, resaltó hace unos días en la televisión local que «no hemos podido concretar la estrategia de abastecer todas las placitas a partir de las tres de la tarde», sobre todo en Bayamo, capital provincial.

La concepción de acercar más los productos a los clientes requiere multiplicar los puntos de venta y, por ende, un esfuerzo adicional en tiempo y uso de recursos. Sobre ese aspecto, Federico Hernández Hernández, presidente del Consejo de Defensa Provincial, ha subrayado reiteradamente que no pueden existir excusas en tiempos en los que los ciudadanos quieren soluciones, por encima de justificaciones.

«Hay que redoblar empeños para organizar de modo equitativo lo que tenemos y que nadie quede desamparado», ha dicho. Y eso implica mayor sacrificio de los cuadros, transportistas y todos los que participan en la cadena vinculada con la alimentación del pueblo.

Sembrar más, acopiar más

Producir alimentos y distribuirlos eficientemente como hemos visto en los reportes de Ciego de Ávila y Granma es una urgencia para abastecer al pueblo en medio de una pandemia que reclama el distanciamiento social. Aun así miles de ciudadanos están tras la pista de la comida que escasea en las redes comerciales por varios factores, entre estos, la política genocida de un bloqueo que ni en estas condiciones es levantado.

En ese sentido, Adriana Ballester Hernández, directora de personal del Minag, explicó a Juventud Rebelde que su organismo implementa un plan de enfrentamiento a la COVID-19, el cual contienen 19 indicaciones aprobadas por el Ministro de la Agricultura. Estas coadyuvan a preservar la salud de los trabajadores y mantener la vitalidad del sistema.

Se activó un Grupo de Trabajo Nacional, provincial y de OSDE. En esta etapa se prioriza la producción de alimentos y el cumplimiento de las indicaciones de los Consejos de Defensa provinciales y municipales, principalmente con el abastecimiento a los centros de aislamiento y personal vulnerable, puntualizó.

Igualmente, señaló que la primera indicación solicitada al sistema agropecuario es «sembrar más, acopiar más, producir más, vender más en los mercados agropecuarios y exportar más». Para refrendar este imperativo se prioriza el programa de autoabastecimiento municipal en una nueva etapa de trabajo.

Detalló, también, que en el sistema de Acopio se reorganizó la red minorista para garantizar de forma normada y regulada las 15 libras percápita de viandas y hortalizas. Para que esto sea posible, por indicación de los consejos de Defensa provinciales tributarán a estos puntos comerciales las unidades empresariales de base de Acopio, de Frutas Selectas y de las Empresas Agropecuarias con sus bases productivas.

El altruismo del campesinado

Rafael Santisteban Pozo, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (Anap), afirmó que solo unidos podremos vencer la doble pandemia que nos azota: la de la COVID-19 y la del bloqueo. Añadió que casi todas las familias campesinas han sido visitadas para asesorarlas sobre la contingencia epidemiológica que vive el mundo.

Y, también, comprometerlas con los retos productivos que gravitan sobre el sector, aseguró el directivo, al tiempo que confirmó que la organización ha sostenido encuentros con más de 223 000 tenedores de tierras para colegiar alternativas que coadyuven a continuar produciendo y aportar de manera variada alimentos saludables.

Asimismo, reconoció el altruismo del sector que en estos momentos no solo se esmera por cumplir con sus contratos y tributar como estaba pactado a los diferentes destinos, sino que también ha contribuido de manera gratuita con parte de sus producciones destinadas al autoconsumo a entidades que apoyan al sistema de salud en su lucha contra el nuevo coronavirus.

Santisteban Pozo resaltó la importancia de seguir potenciando en estos duros momentos y de manera permanente el Movimiento de Productores de Avanzada, cuyas filas la integran más de 16 000 campesinos, muchos de ellos con una experiencia probada en el manejo de fincas integrales, y otros con una tradición y prestigio en la siembra de cultivos muy específicos como arroz, frijol y café.

Afirmó que hay 900 fincas agroecológicas, cuyas producciones son totalmente sustentadas con medios naturales como abonos orgánicos. Y, redundó en el uso de la tracción animal y bioproductos, como paliativo a las crisis de combustible y de fertilizantes e insecticidas químicos.

La evaluación del fondo de tierras, el nivel y la calidad de la preparación de los suelos para cuando el clima lo permita poder sembrar cultivos, principalmente de ciclo corto como maíz, boniato, calabaza, hortalizas y vegetales de la época, son prioridades de la organización campesina, según refirió el Presidente de la Anap.

«Una vez más el pueblo podrá contar con la responsabilidad, el agradecimiento y la nobleza de nuestro campesinado, conocedor innato de que en la tierra está la salvación para salir triunfantes en momentos de contingencia. Activar todas las potencialidades que subyacen en el surco, aplicar la ciencia y la técnica, y ahorrar recursos, no son opciones; son deberes morales que nos hará menos vulnerables».

Cuidar a quienes garantizan los alimentos

Según Rafael Santisteban Pozo, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, existen 15 campesinos confirmados con la COVID-19, mientras otros 277 permanecen en centros de aislamiento, a quienes ahora más que nunca la organización debe apoyarlos ocupándose de la alimentación de sus familiares y protegiendo los bienes de sus fincas.

Por su parte, en el sistema de la Agricultura hasta el 22 de abril se confirmaban 11 trabajadores positivos. Además se reportaban más de mil que debían permanecer en sus casas o estaban bajo vigilancia sanitaria, cumpliendo de ese modo con las medidas de aislamiento orientadas por las autoridades sanitarias y el Gobierno.

Mantener protegidos a los trabajadores que laboran en medio de la pandemia, es una de las mayores prioridades del organismo, según Adriana Ballester Hernández, directora de personal del Minag, quien aseguró que para confirmar que quienes siguen en sus rutinas no están contagiados se intensifican las pesquisas activas, y a todos se les exige cumplir con las medidas de seguridad.

Apuntó que en el sistema permanece laborando el 73 por ciento del personal en las diferentes modalidades previstas. El 12 por ciento lo hace a distancia, el seis por ciento por teletrabajo o mediante otras medidas organizativas internas, principalmente en tareas de terreno.

Además, refirió que hasta la fecha el Minag tienen más de 13 000 trabajadores del sistema empresarial y presupuestado acogidos a los beneficios de los tratamientos laborales aprobados para la pandemia. Estos generalmente son de grupos considerados vulnerables (mayores de 60 años o madres).

Para la sustitución de esta fuerza se está gestionando permanentemente la reubicación de los trabajadores que debido a la epidemia se ven imposibilitados de asistir a sus centros. Ya se ha logrado reubicar a más de 210 trabajadores en labores cercanas a su zona de residencia, señaló Ballester Hernández.

Igualmente, dijo que se monitorea —de conjunto con el sistema del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social—, la afectación que pueda generarse en la fuerza laboral y su impacto en el empleo, al tiempo en que se gestiona el completamiento de más de 9 000 plazas para la reubicación de los trabajadores de otros sectores en la producción de alimentos, principalmente para campañas agrícolas en Cienfuegos, Villa Clara, Holguín y Guantánamo, así como para la actividad avícola en Artemisa y Mayabeque, y en la campaña tabacalera, en Pinar del Río.

La directiva subrayó, además, que se han reajustado jornadas para lograr la establidad de la producción de tabaco para la exportación. Se organizó el doble turno de trabajo o reajuste de la jornada laboral en fábricas que actualmente se mantienen trabajando con más de 2 000 trabajadores en las actividades de despalillo, clasificación y torcido de tabaco, así como asegurando los servicios.

Un aporte necesario

La solidaridad del campesinado cubano no se ha hecho esperar en estos tiempos de pandemia. Lo mismo en Artemisa que en Granma ellos hacen donaciones imprescindibles. Foto: Anap de Artemisa

El abastecimiento de 198 centros de aislamiento con más de 9 800 personas, forma parte del aporte del sistema de la Agricultura en la lucha contra la pandemia.

Asimismo, había donado más de 52 158 bolsas de productos a personas vulnerables, resaltando las provincias de Cienfuegos (30 000), Santiago de Cuba (5 111), Sancti Spíritus (5 015) y Ciego de Ávila (4 706).

En esta batalla donde todos tenemos que sumarnos, tambien contamos con siete instalaciones como centros de aislamiento, principalmente unidades docentes pertenecientes a varias empresas, explicó Adriana Ballester Hernández, directora de personal del Minag.

Entre estas, mencionó, la empresa Camilo Cienfuegos (Pinar del Río), la Estación Experimental Agroforestal, la Empresa Integral Matanzas y la empresa agroindustrial Victoria de Girón (Matanzas), la empresa agroindustrial de granos Sur del Jíbaro y la empresa pecuaria Venegas (Sancti Spíritus), así como la empresa agropecuaria Guatemala (Holguín).

 

 

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