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El agradecimiento eterno de Cuba a Gino Doné

La historia de nuestro país lleva guardada en sus luchas nombres de extranjeros valiosos, hombres y mujeres cargados de heroísmo que de forma desinteresada pusieron el pecho y la voluntad máxima por la libertad de esta patria

Autor:

Raciel Guanche Ledesma

La historia de nuestro país lleva guardada en sus luchas nombres de extranjeros valiosos, hombres y mujeres cargados de heroísmo que de forma desinteresada pusieron el pecho y la voluntad máxima por la libertad de esta patria. En ese selecto grupo de quienes aportaron a la causa de la Revolución sin esperar nada a cambio está, sin dudas, Gino Doné.

Además del aporte incondicional a Cuba, el destacado luchador nacido el 18 de mayo de 1924 en la región itálica de Véneto, y fallecido el 22 de marzo de 2008 en la provincia de Venecia, Italia, combatió contra el nazi fascismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Ya para la década de los años 50 del pasado siglo se trasladó de forma clandestina a nuestro país, donde apostó a las causas más justas y abrazó luego la lucha popular contra el régimen de Batista.

Para entonces ya Gino había leído mucho de historia y geografía. Tenía admiración por los mambises, por Martí, que le fascinó tanto como Garibaldi, según señaló este probado combatiente en entrevista a Juventud Rebelde en el año 2004.

En aquel amplio intercambio con nuestro periódico devinieron recuerdos de La Habana dictatorial de esos tiempos y del enigma revolucionario que se venía gestando. «Pasaba la noche con los estudiantes en la escalinata del Alma Mater, donde más de uno recibió su batazo por ser antibatistiano», aseguraba.

Luego de los sucesos del Moncada, con apenas 29 años, Gino Doné tuvo la misma emoción y sensación de cuando peleaba como partisano contra el fascismo italiano. «Hubiera querido estar entre ellos… Un poco después de estos sucesos transmití mi simpatía hacia el movimiento revolucionario. Me incorporé así al Movimiento 26 de Julio, donde tuve la suerte de conocer a Faustino Pérez.», confesaba a JR

«En Cuba contacté con otros activistas. Traía documentos, entre ellos artículos escritos por Fidel, que luego serían publicados en la prensa progresista. Mi condición de extranjero permitía viajar sin levantar sospechas. A mi regreso llevé a México alrededor de 10 000 dólares recolectados por el M-26-7».

Sin dudas, su valiosa encomienda desde el silencio resultó clave para la pujante batalla de liberación nacional que se preparaba en tierras mexicanas. Tanto fue el respeto y la confiabilidad ganada por Gino que, ya en la expedición del Yate Granma, viajó con grados de teniente y como uno de los jefes de escuadra del pelotón de retaguardia dirigido por nuestro General de Ejército, Raúl Castro Ruz.  

Largo terminó siendo el periplo que dio este italiano con alma y sentido de pertenencia hacia Cuba, después del azar que deparó el combate de Alegría de Pío. La clandestinidad lo llevó así, cual trotamundos, fuera de la Isla. Pero una cosa siempre marcarían sus pensamientos en ese ir y venir por varias regiones: «… Quería reintegrarme a la lucha armada», afirmaba a JR.

Es en Nueva York donde lo sorprende el Triunfo de la Revolución el 1ro de enero de 1959. Y según el propio Gino: «fue tanta la alegría, que le sugerí a un amigo que trabajaba en el Waldorf Astoria que pusiera una bandera cubana en el último piso del hotel, uno de los más famosos del mundo. Y él la puso».

Desde entonces, su admiración hacia Cuba no hizo más que crecer. «Me considero uno de ustedes. Dondequiera tenía mi banderita cubana. La llevaba muy adentro y buscaba tenerla por afuera», decía. Tal vez por ello, el agradecimiento de esta Isla hacia Gino se agiganta hoy, cuando finalmente descansan sus restos, como él anhelaba, en esta tierra que reverenció y defendió siempre.

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