Fidel siempre vio en la escuela cubana una fuente de valores inagotable. Autor: Archivo de JR Publicado: 30/08/2025 | 09:26 am
Ante alumnos, profesores, constructores y dirigentes del Partido, la UJC y otras organizaciones de la capital cubana, el 30 de agosto de 2002, en medio de la colosal Batalla de ideas, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, aborda los resultados del programa de reparación, ampliación y construcción de las 779 escuelas primarias y secundarias de la Habana, y lo califica como una gran victoria.
En veinte meses se proyectó y ejecutó la idea. Abarcaba 779 escuelas primarias y secundarias básicas, donde se desarrolló «una profunda e inédita revolución educacional». De estas instalaciones, 734 serían completamente restauradas y ampliadas, 12 reconstruidas y 33 de nueva creación. El número de aulas requeridas para el programa ascendía a 3 287, incluidas las de los laboratorios de computación.
El 27 de abril del 2001 se inauguraron las primeras 100 escuelas restauradas, narra Fidel. El 26 de octubre de 2001 se habían restaurado 202; el 10 de abril del 2002 se inauguraba la restauración número 302; el 29 de junio se inauguró la restauración número 402. Faltaban ese día 377 escuelas por restaurar, reconstruir o construir. El programa debía concluir antes del primero de septiembre de ese año. Se disponía únicamente de 62 días para terminar a tiempo y con toda la calidad necesaria el programa de las 779, entre ellas las 33 nuevas, algunas de las cuales no se habían ni siquiera iniciado.
El Comandante en Jefe durante el acto se preguntó: ¿Por qué este apremiante esfuerzo? «No había capricho alguno o deseos de romper récords». Simplemente las clases se iniciaban como es tradicional, los primeros días de septiembre y los maestros estaban ya listos.
Sin embargo, reconoció que como más de una vez ocurre, hubo excesiva confianza en algunos cuadros responsabilizados con la tarea, y el hecho real es que, próximo a finalizar el curso escolar, se pudo apreciar que el programa estaba atrasado, los cálculos de tiempo y esfuerzos necesarios, demasiado optimistas, y aunque durante el verano se podía trabajar día y noche, porque coincidía con las vacaciones, el calor excesivo y las lluvias podían constituir obstáculos no subestimables.
No obstante, el programa había que concluirlo en el plazo indicado, llevarlo a cabo bajo el más estricto control de la calidad, y sin utilizar fuerzas de obras priorizadas por la importancia económica o de los servicios.
De esa forma, encomió Fidel, se puso a prueba la extraordinaria capacidad de organización del Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas, del pueblo capitalino, de sus organizaciones de masas; se contó con el apoyo entusiasta de los ministerios y numerosas entidades y empresas que desde el principio habían apoyado con gran entusiasmo un plan que beneficiaría a todos los niños de la ciudad.
Las circunscripciones, los consejos populares y el Poder Popular de cada municipio consagraron todo el tiempo y apoyo necesarios al programa. De modo especial destacó el aporte del personal docente y los directores de escuelas y responsables municipales de educación, al igual que la participación de los niños a cualquier hora, junto a sus padres.
Con mucho orgullo por la hazaña realizada, reconoció el Comandante que como en todos los grandes empeños, existieron también contradicciones, deficiencias, discusiones, fuertes críticas, llamadas de atención y debates. Pero de todo ello se sacaron lecciones que llevaron a desarrollar nuevas estrategias y tácticas sobre la marcha, soluciones ingeniosas a diversos problemas y situaciones no previstas.
En sus palabras dejó establecido un principio fundamental: la importancia de que se mantuvieran siempre en el estado óptimo, alentador y bello en el que habían quedado. Consciente de que como es habitual en cualquier obra, surgirían dificultades, señaló la pertinencia de que hubiesen fuerzas listas para resolverlas con urgencia. Y enfatizó finalmente: «Una verdadera cultura de protección y preservación de las escuelas, sus recursos y equipos, debe desarrollarse en niños, maestros, padres, vecinos y todo el pueblo. Nada puede crearse más noble, humano, motivante y beneficioso que una escuela».