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Rodrigo Gil: el cine tiene que llegar

JR dialogó con el joven actor que interpreta el personaje de Saúl en El rostro de los días, la telenovela cubana que en estos momentos transmite la televisión cubana   

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Como siempre ha sido un enamorado empedernido (desde que nació, le dice a Juventud Rebelde), cayéndole atrás al «amor» de la primaria, Rodrigo Gil Echenique, el Saúl de El rostro de los días, fue a parar a Teatro de la Villa, en Guanabacoa, la agrupación que dirige Tomás Hernández. Por seguirle los pasos, le pidió a su mamá que lo inscribiera en las audiciones y cuando vino a darse cuenta se había convertido en el protagonista de Para subir al cielo. «Ahora no recuerdo el nombre del autor de esa linda obra que montó Doris Vargas, pero sí que el texto trataba de un muelle que quería llegar a lo más alto a toda costa. Tendría unos diez años entonces...».

Como Saúl en El rostro de los días. Foto: Cortesía del entrevistado

Antes de que Cupido hiciera de las suyas, Rodrigo soñaba con ser siquiatra como su padre, el reconocido doctor Raúl Gil, y hasta sustituirlo como director del Centro Comunitario de Salud Mental de Regla. «Admiro profundamente a mi papá. Desde pequeño me llevaba a la clínica donde organizaba la Bienal de las Artes y la Salud Mental, un proyecto que creó a partir de la idea de utilizar el arte como terapia para el mejoramiento humano. Crecí en ese mundo junto a mi hermana (la joven dramaturga Laura Liz Gil), viendo cómo la pintura, el ballet, la música... les transformaba la vida a los pacientes y les devolvía la seguridad, la fe. Pero llegó el teatro y lo cambió todo», asegura este muchacho que añora comenzar de una vez en el ISA por el curso de trabajadores. 

Así que la culpa de este cambio de dirección que ahora agradecen los televidentes se lo deben al Teatrico de la Villa donde no hubo un día en que Rodrigo no se sintiera a plenitud, a gusto, incluso cuando no le tocaba interpretar el rol principal de la pieza teatral de turno. Como quiera que la mire, insiste, fue una etapa que lo marcó definitivamente, gracias a que pudo vestirse de Geppetto aunque hubiera deseado ser el muñeco de madera; o del Pedro de la popular fábula que inspiró a Prokófiev.

«Nada, que yo me creía que era lo más grande, razón por la cual en noveno grado comencé a prepararme con la actriz Massiel Dueñas para acceder a la ENA. ¿Qué ocurrió? Que suspendí en el segundo corte. Pude atajar la depresión porque mi madre me llevó a un restaurante chino en el que me tomé mi primera cerveza oficial y donde hablamos largamente. Ella me llenó de confianza, de modo que continué intentándolo. En décimo volví a probar y de nuevo fallé...», dice quien nunca olvidará cuánto lo transformó para bien ser parte, durante su etapa de secundaria básica, de los Talleres Vocacionales de Lizt Alfonso Dance Cuba...

—¿¡Y entonces, más cervezas!?

—No, no (sonríe). Más conversación... Conmigo se dio aquello de que a la tercera fue la vencida. Cursando onceno, un mes o dos antes de las pruebas, me senté con mi padre para convencerlo de que tomaría una licencia para concentrarme en lo que me interesaba. «Si suspendo repetiré el grado y ya veré qué rumbo cojo». Por suerte, logré situarme en el camino de mi vida, también gracias al profesor Arnaldo Galbán, quien durante un año de preparación me hizo
crecer mucho como actor. Al año siguiente comencé en décimo otra vez, pero en la escuela que soñaba.

«La ENA me ha enseñado enormemente. Ahora agradezco haber entrado en la tercera oportunidad, porque de lo contrario no hubiera tenido la suficiente madurez para asimilar lo que me esperaba. Es una carrera que exige sacrificio a nivel personal, entrega total. Yo no he sido de esos estudiantes a quienes les ha ido superbién. Todo me ha costado. Me salva que soy muy trabajador.

En Juegos de vida, Rodrigo tuvo la oportunidad de representar a Javier. Foto: Cortesía del entrevistado

«Al principio estaba lleno de tensiones, lo cual se traduce en que los hombros se suben y se quedan pegados a las orejas sin darte cuenta, que la lengua se te enreda o que mantienes los puños cerrados con fuerza... Me tocó resolver esas cuestiones al igual que el tema de la organización, esencial para un actor, porque yo era un verdadero desastre en ese sentido».

—¿Por qué esas tensiones si estás en lo que te gusta?

—Porque anhelo la perfección, que todo quede lo mejor posible, y a la hora de la verdad, de tanto que quiero, no llego a ninguna parte. El profesor Fernando Hechavarría me ha enseñado que el actor debe mantenerse a un 80 por ciento para no desbordarse (causa de las tensiones) cuando aparezca el clímax de la obra. Imagínate dentro de una piscina de emociones que tiene un techo, me dice. Como actor debes llenarla al 75, 80 por ciento, para poder nadar con soltura, con comodidad, pues si se repleta de qué modo sacarás la cabeza para respirar, para tomar el aire que necesitas para volver a zambullirte.

«Todos los actores deben enfrentar sus propias tensiones, la cuales se manifiestan de distintas maneras. Lo importante es saber reconocerlas para incidir sobre ellas. Yo sé que si no me aprendo bien el texto, por ejemplo, si no lo domino, se me enreda la lengua o hablo demasiado rápido, y no consigo disfrutar porque me paso el tiempo preocupado por la letra que debo decir».

Profesores como Yaremis Pérez, Claudia Álvarez, Yazmín Gómez, Yanier Palmero... lo ayudaron a encontrar esas necesarias herramientas mientras transitaba por primer y segundo año de la ENA, que se complejizó, no tanto por la apendicitis que lo obligó a una operación de urgencia, sino por el rodaje de El rostro de los días.

Saliendo del alta médica fue que le avisaron que debía presentarme a la primera ronda del casting presencial, para la cual había clasificado tras convencer a Yohanki Despaigne de que él podía funcionar. La asistente de dirección se había acercado al grupo de teatro  Abril buscando captar niños de secundaria básica para la telenovela. Y Rodrigo, que andaba hasta con barba y había ido a encontrarse con su maestra, Massiel Dueñas, de pronto se encontró en el lugar y en el momento justos.

Siento que Otelo es el personaje que mejor me ha quedado hasta la fecha, asegura Rodrigo. Foto: Cortesía del entrevistado

«Me presenté y le dije que quería hacerme las fotos, probarme, pero enseguida me señaló que ya me veía mayor. Entonces le mostré una foto de hacía tres años asegurándole que me la había hecho hacía dos semana. “Cuando me quito la barba soy un bebé”, le enfaticé. Allí estaba Lilita (Liliana Sosa, Lía) entrenándose para entrar en el ISA a quien casi “obligué” para que participara. Aceptó a regañadientes. Dos meses después nos estaban llamando.

«Nos aparecimos juntos los dos. Se trataba de una escena romántica y yo, en mi emoción, la cargué olvidándome hasta de los puntos. Después probamos con otras parejas, pero la química que existía entre nosotros era tremenda. Luego de dos rondas más nos entregaron los personajes. Saúl constituyó un regalo para mí al permitirme compartir con actores a quienes he admirado siempre, como Rubén Breña, que no dejó de apoyarnos ni un solo segundo. Y Lilita es una actriz increíble. Actuar con ella es como llenarse de vida en la escena.

«El rostro… se grabó mientras estudiaba en la ENA. Estoy convencido de que si tuviera ahora la oportunidad de repetir algunas de las escenas de Saúl, saldrían mucho mejor. De hecho, noto la diferencia entre aquellas que hice cuando cursaba segundo y mientras estaba en tercero, con la guía de la extraordinaria Yailín Coppola, quien me llevó a un nivel de aprendizaje muy alto. Siento que me descubrió horizontes desconocidos para mí. Me enfrentó a procesos creativos complejos que agradeceré eternamente.

«Y no es que todo haya sido color de rosa. Te confieso que no pude evitar sentirme algo frustrado cuando en el primer semestre me tocó defender el Doristeo de La discreta enamorada, obra de teatro en verso de Lope de Vega. Yo sé que no hay personajes pequeños, sino, en todo caso, actores “pequeños”, pero uno anhela interpretar personajes importantes, de peso, evidenciar que no le falta talento.

«En el segundo semestre, Yailín decidió hacer una especie de experimento: que los varones y las hembras encarnáramos, en distintas escenas, a John Buchanany y a Alma Winemiller, respectivamente, personajes de Verano y humo, de Tennessee Williams. Hubo que ensayar mucho, incluso en las noches, pero me sentí muy feliz: saqué 95 puntos y pude demostrar que me hallaba en condiciones de asumir proyectos más ambiciosos, que había crecido artísticamente. Le agradezco a Yailín Coppola, una actriz que sigo y admiro, por haberme dado la posibilidad de superarme. Yo sé que no necesito demostrarle algo todo el tiempo a los demás, pero a mí me funcionan los desafíos, tener metas por alcanzar. Es que soy un tipo muy competitivo».

‒¿No crees que te exiges demasiado? Tal vez deberías conversar con tu padre sobre este asunto de las frustraciones...

‒Yo hablo muy poco de trabajo con mis padres, lo cual ellos me señalan constantemente. Soy muy independiente, me gusta manejar estos «conflictos» solo. Mi profe Carlos Díaz, ese genio del teatro, dice que un actor debe estar lleno de traumas y que si no los tiene, se lo debe procurar, inventar. De eso va la actuación: uno debe estar creando situaciones, buscando, permanecer atento a lo que nos ocurre a diario o sucede a nuestro alrededor; aprender a estudiarse a sí mismo, ser un espectador de su propia vida; descubrir qué te pone triste o qué te hace llorar, con qué te emocionas o ríes, e ir llenando un baúl de sentimientos, de sensaciones, a los cuales echarles garra cuando los necesites. También es esencial leer mucho, ver teatro sin parar, cine, televisión; disfrutar de una exposición de artes visuales o de un performance, de la danza toda. Observar, observar y observar.

Rodrigo Gil junto al actor Bárbaro Marín, a quien ha admirado desde siempre. Foto: Cortesía del entrevistado

«Asimismo, debemos hacernos el propósito de ir tras la belleza, aprender a disfrutarla, no dejar escapar esos momentos que suelen ser únicos, como cuando una matica logra abrirse paso en el concreto; admirar la puesta de sol, lo que sea... Mi generación ha nacido tan apegada a las nuevas tecnologías y se ha dejado obnubilar tanto por ella que no se detiene en esas cosas hermosas de la vida».

‒Aún no has finalizado el cuarto y último año de la ENA...

‒La pandemia lo ha impedido. En cuarto año me encontré en el mundo maravilloso de Carlos Díaz en Teatro El Púbico, donde pasaré mi servicio social cuando me gradúe. Carlos, como sabemos, es lo más grande, un artista increíble, un genio. Lo acompañan en ese empeño de acabar de formarnos, otros dos actores notables, Fernando y Alicia Hechavarría, seres humanos también maravillosos. En El Púbico conseguimos montar a Shakespeare y pude representar a Otelo, el personaje que mejor me ha quedado hasta la fecha; siento que llegué a un punto que nunca había alcanzado en el escenario. Nuestra tesis, en la que aún trabajamos, es la puesta de Parece blanca, de Abelardo Estorino.

‒¿Qué ha pasado con la televisión luego de El rostro de los días?

‒Estuve en Tras la huella en el caso Como la espuma, al lado de dos actores espectaculares: Ulyk Anello y Tahimí Alvariño. También me llegó la oportunidad de protagonizar un telefilme, Juegos de vida, de Nathaly Go; sin dudas, mi trabajo televisivo mejor logrado. Interpreté a Javier, un joven que, víctima de un accidente, queda incapacitado, lo cual lo lleva a afrontar cuestiones para las cuales no estaba preparado. Aquí me di el gustazo de trabajar con Laura Mora, Rachel Pastor y Bárbaro Marín, el grande de Andoba, Al compás del son, Las huérfanas de la Obrapía...

Rodrigo se reconoce como «un tipo muy competitivo». Foto: Cortesía del entrevistado

«Nathaly es muy abierta, de esos directores que te escuchan e invitan a crear juntos. Te da libertad para que tejas el hilo de tu personaje y te auxilia si se hace un nudo y hay que desenredarlo para seguir armando, componiendo. Juego de vida se exhibió como parte de Una calle mil caminos y se retransmitirá este martes 15 por Cubavisión después de A través del tiempo, la telenovela brasileña». 

‒¿Qué tipo de actor pretendes ser?

‒No quiero que el teatro se escape nunca de mi vida, porque me alimenta el alma, mas sueño con el cine. La televisión me gustó, pero el cine, el cine tiene que llegar...

—Con una hermana como Laura Liz Gil, supongo que habrá alguna obra que los una...

—Un sueño que tenemos los dos: hacer un proyecto juntos, no se ha dado todavía pero viene, ocurrirá, no lo dudes.

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